Investigaciones de campo

En este blog verás, en muchas entradas, investigaciones en el terreno donde suceden los fenómenos misteriosos.

¿Existe dios?

Encontraréis muchas entradas con nutrida información sobre el milenario tema de dios, su inexistencia o posible existencia.

Fotografía

Impresionantes imágenes a todo color.

Descubrimientos científicos

La lucha contra las enfermedades, el alargamiento de la vida, los genes.

EL DRAGON DE METAL DE HARLECH CASTLE

Image Credit Flickr User Mike Hemming

Harlech Castle se encuentra en Irlanda, y fue edificado sobre un espolón de roca cercano al mar. La obra la llevó a cabo Eduardo I de Inglaterra como símbolo de su victoria sobre Llywelyn ap Gruffudd, el último príncipe soberano de Gales. 

Y aunque ya no es necesario proteger al castillo con cosa alguna, nunca falta un dragón para hacerlo: Dewi, el dragón. 

Con sus escamas de acero brilla al sol, y en la noche su silueta enmarcada con el fondo del castillo parece un eterno centinela. 

El dragón, como sabemos, significa muchas cosas. Pero para los galeses es algo tradicional y todo un símbolo. 



Image Credit Flickr User Paul Jones

Image Credit Flickr User Harry and Rowena Kennedy

Image Credit Flickr User Huw Harlech

Image Credit Flickr User Pixellie

LA HOMEOPATIA NO CURA NADA SEGÚN LA OMS


En efecto, así lo declara en su cuenta oficial de Twitter el organismo internacional encargado de la salud de las personas. 

Dice: 

“No hay ninguna base de evidencia de que la Homeopatía pueda curar. Los pacientes graves precisan cuidados intensivos.” 

En su oportunidad ya he hablado del timo de la Homeopatía. Y no falta el recuerdo de la doctora que no hace mucho atendió a uno de mis hijos que perjuraba que le había servido la homeopatía. Desde luego, funcionar funcionan los placebos. No siempre. Pero funcionan. 

Sin embargo, la frase rotunda de la OMS obedece a las locuras gestadas por el homeópata indio Wilton Noronha. 

Y es que, días atrás, afirmaba que la homeopatía curaba el ébola, una de las peores enfermedades mortales. 

Más allá de la sentencia de la OMS los análisis científicos demostraron que no existe otra cosa en los preparados homeopáticos que agua y azúcar. Y que la famosa teoría de su creador Samuel Hahneman es falsa.

LOS VISITADORES NOCTURNOS

Fuente de la imagen: click aqui
En la más completa quietud de la noche sucede. Mientras dormimos, aproximadamente a las tres de la madrugada.

El rumor dice que ellos ingresan en ciertos edificios seleccionados, y a las personas que duermen, y que se aseguran que no despierten, las someten a todo tipo de exámenes. Experimentos que a la mañana siguiente nadie recuerda, o que quedan visibles como inconexas marcas en partes de la anatomía.

No se trata de lo mundialmente conocido como visitantes de dormitorio; no hay extraterrestres en esta historia. Estos individuos, podrían considerarse como los visitantes nocturnos de edificios.

Veamos de qué va éste mito urbano siniestro.

LA LEYENDA

La noche llega, y las luces comienzan a encenderse en los edificios. De entre todos, algunos son seleccionados metódicamente por una organización misteriosa de personas –médicos algunos, genetistas otros – y esos edificios son abiertos para ellos con llaves maestras.

La gente queda petrificada en el sueño mediante el suministro de ciertos gases que desde la medianoche van haciendo efecto por debajo de las puertas.

Una vez dentro de cada propiedad, desnudan a las personas, las auscultan, toman muestras de vellos, piel, sangre. Les inyectan nuevos fármacos experimentales. Y así como ingresaron se marchan tragados por las sombras.

Nadie oye ni ve nada.

Ellos ingresan como sombras, y así desaparecen.

Intentando comprender este mito, comencé a indagar el origen del mismo: el barrio de Floresta. Y allí dirigí mis investigaciones.

LA GENTE DE LAS SOMBRAS 

Floresta es un barrio de gente adulta y muchos extranjeros de Bolivia. Donde encaucé mis pesquisas fue el video club de la zona, atendido por su dueño Carlos R.

 Cuando le referí el mito, enseguida lo recordó.

“Dicen que atacan a los edificios, porque hay más gente. Acá no hay muchos, como verás. Pero según me contaron unas clientas, hace unas noches atrás algo sucedió. Una de ellas, conocedora del mito por parte de una persona que los vio, a esa gente que se mete, decidió poner una trampa en su puerta: un minúsculo hilo casi invisible de media. Parece que la puerta se abrió en algún momento de la noche, ya que el hilo estaba roto a la mañana siguiente. Enseguida buscó con su compañera de departamento marcas en el cuerpo. Y ambas encontraron que tenían punciones en el cuello, detrás de las orejas, y moretones inexplicables. Me enseñaron las marcas detrás de las orejas. No sé qué creer.” 

Mariana, del kiosquito de Joaquín V Gonzales, me refirió:

 “Eso sucede cuando llueve, los días de lluvia aprovechan para entrar. Yo lo sé porque un amigo me contó que le pasó a un amigo” 

Decidí investigar la pista de Carlos, sus clientas. Le pedí me pasara el domicilio de esta mujer en cuyo cuerpo había una evidencia de que el mito podría ser algo más.

Tras rogarle, y prometerle que no escribiría nada sensacionalista, decidió darme los datos. El edificio quedaba cerca de Nazca y Tres Arroyos. Una construcción moderna y para nada achacosa.

Toqué el timbre que tenía agendado y , por portero, intenté hacerme entender sobre lo que hacía ahí. Hoy día se complica porque la gente vive en constante temor por la inseguridad; los vendedores son ladrones, los evangelistas son violadores; todo puede ser distinto de cómo era.

Y la mujer en cuestión, tras intentos de mi parte para que bajara a contarme en persona su vivencia y me enseñara las marcas, no quiso hacerlo.

No obstante, por portero eléctrico me confirmó la verosimilitud de la historia. Y que si yo era quien decía ser, debía denunciar esto que se estaba llevando a cabo en la más completa oscuridad de un Buenos Aires permisible a muchas cosas.

Le dejé mi correo de email, le referí mi webblog - para que supiera que no era un asaltante ni un loco cualquiera – y le supliqué me enviará una foto de las marcas halladas en su cuerpo.

Seguí recabando información en Floresta, en bares, kioscos, tiendas, mercerías, heladerías, librerías, y todos me aseguraron que el mito era verdadero, con algunas variantes:

Eduardo, de la pizzería de Nazca :

“Eso lo inventó una mujer que fue violada hace tiempo atrás por su ex novio. Para tolerar lo que le pasó inventó que habían ingresado personas en su propiedad y había sido víctima de una especie de abducción extraña”. 

Marcos (local de venta de carritos para niños):

“Oi algo de eso, no sé si será cierto. Si es verdad son unos hijos de mil putas los que hacen eso. Si pasa, es porque le da cabida el gobierno para que vengan a probar con nosotros los sudacas estos yanquis de mierda .” 

Regresé agotado a mi casa. Una tarde de pesquisas donde no gané mucho más que confirmar el rumor, aquel mito siniestro.

Decidí investigar un poco la historia de Floresta, a ver si había indicios de por donde pudo gestarse. Pero lamentablemente no encontré nada; el mito era reciente.

Quizá sucedía como Eduardo, el pizzero, aseguraba.

VISITADORES NOCTURNOS 

Al cabo de unas semanas, cuando ya había perdido todo aliciente para escarbar más en este mito, me llegó el correo de Nancy – tal es el nombre de la mujer que fue “marcada”:

“Hola Sebastián, 
Perdona la demora en la respuesta, se debió a dificultades laborales que no vienen al caso. Me tuvo amargada gran parte de estas semanas. Voy a adjuntarte la foto que me tomó mi amiga, y la que yo le tomé a ella, te pido por favor no las divulgues porque no quisiera mi cuello o la cintura de mi amiga sea expuesta en ningún medio masivo. Lo que te envío es para que vos solamente sepas que la historia que sufrimos es verdadera. Yo ya había oído que estaban ingresando a los edificios en la medianoche un grupo de personas que al principio pensé era una banda de ladrones, pero no roban nada como vulgares ladrones, lo que roban en realidad no lo sabemos porque lo que se llevan de nuestro cuerpo no podemos sospechar, supongo sangre, tejidos, no lo sé. Me desespera saber. Yo ya hice la denuncia en la comisaria de la zona pero como no hay evidencias para ellos, o sea, no robaron nada y las “marquitas” , como les llamaron, no les dicen nada, entonces no pueden hacer nada por nosotras. Te cuento ahora lo que me preguntabas, cómo estaba prevenida de esto que pasó y lo de mi amigo. No quise decírtelo por portero hasta no chequear que seas quien decías que sos, ahora que sé quien sos voy a confiártelo. Tengo un amigo homosexual que, las otras noches, hará meses atrás, nos contó que se había escapado de lo de sus viejos porque le habían hecho lio por su amante. Era medianoche y regresaba a su casa tras una discusión con el novio, y los vio a ellos. Había un coche negro con los vidrios polarizados detenido en doble fila a metros del edificio. Le llamó la atención el coche, porque los vidrios polarizados siempre dejan ver algo, al menos el del parabrisas, pero en este coche no era así. No le dio importancia e ingresó al edificio. Pero notó enseguida que estaba muy oscuro y que el ascensor no andaba, como si hubieran cortado la electricidad. Sin embargo, las demás casas y edificios de la zona estaban rebosantes de luz. Subió las escaleras penosamente, porque tenía como cinco pisos hasta su departamento. Y apenas llegó al primer piso oyó un siseo prolongado, como un globo desinflándose. Al toque, olió un olor raro, se sacó la camisa y se tapó la nariz con la misma. Pero cuando llegó al segundo piso el olor era peor y ya se sentía mareado. Lo último que recuerda haber visto es a una figura alargada de negro, con una especie de capucha y una máscara con un pico doblado, que lo sujetaba y lo llevaba arrastrando hasta su casa. Parecía haber salido de las sombras, donde se tira la basura. Al otro día amaneció en su cama todo pegajoso, con un dolor agudo en la ingle y bajo los testículos. Eso fue lo que me contó y entonces yo le creí y , aunque lo que le pasó a él fue en el barrio de Caballito, decidí por las dudas armar una trampa sencilla para ver si gente ingresaba de noche en mi casa. Soy una paranoica, lo sé, pero hoy sé que se justificó. Fue espantoso comprobar que sí lo hacen, que se meten en las casas, no sé cómo lo hacen porque yo dejo la llave puesta y pongo un cerrojo, pero lo hacen. Ya no sé a quién recurrir, si podes contar esta historia y difundirla te voy a estar muy agradecida. 

De inmediato, le respondí que necesitaba contar con el testimonio de su amigo. Era un testigo de primera mano que me acercaba a la leyenda desde sus raíces prácticamente.

Si era un mito reciente, se había gestado sin duda con ese muchacho. Una de dos: era algo real, o el muchacho desvió sus problemas personales a un ámbito de fantasía, fabricando un mito, y de esta manera buscó una defensa a nivel psicológico para reprimir lo que realmente vivió.

Nancy quizá en verdad era paranoica; porque esas marcas que ahora veía en fotos podrían haber sido el resultado de mosquitos, pulgas, lo que sea, sin incumbir hipodérmicas o escalpelos.

El hilo roto pudo deberse a infinidad de cosas. Entrar a un departamento con la llave puesta y cerrojo es prácticamente imposible sin violencia.

A las dos horas obtuve su respuesta, con el correo del muchacho. Enseguida le escribí, y antes de finalizar el día, con un cielo nublado y carbonoso, viendo por la ventana la ciudad lentamente vistiéndose de luces, recibí su respuesta.

TESTIGO DE LOS VISITADORES NOCTURNOS 

Ariel, tal es su nombre, viste camisa holgada. Tiene un piercing en la lengua con el que no para de juguetear entre los labios.

A cada pregunta, su mirada rehúye la mía. Estamos sentados en un bar en pleno Acoyte y Rivadavia.

Desde la ventana veo a la gente saliendo del rancio subterráneo, oteando el cielo de aquel otoño pronto a terminar.

¿Sospecharán que son sometidos en la noche por una sigilosa y misteriosa organización?. ¿Qué el dolor de la pierna quizá no sea de la humedad? ¿Qué el moretón inexplicable sea producto de algo más profundo?.

 Eso, si la historia que voy a desmenuzar es cierta. Y por ahora Ariel la verifica en sus detalles más escabrosos. Pero sigo indagando, afilando las dagas de preguntas.

Ese día no saco mucho, pero Ariel insiste en que lo visite en su casa para enseñarme donde sucedió todo, y que pueda ver detalles que quizá a él se le escaparon.

A la semana estoy tocando timbre en el edificio de la calle Formosa al 500. Da a una esquina, que es José María Moreno, a dos cuadras de la Comisaria y el centro de enseñanza de, entre otras cosas, Criminalística.

Teniendo amplias zonas de Buenos Aires más desoladas ¿Por qué escogerían, de existir estos visitadores, este edificio tan cerca de la policía?.

Mis iniciales sospechas comienzan en el lugar de los hechos. Las cerraduras del departamento de Ariel son muy difíciles, sino imposibles, de abrir sin violencia.

No imagino ganzúas sirviendo a tal efecto, ni tampoco copias a través de silicona de las cerraduras. Sellan arriba y abajo, y es blindada la puerta. ¿Con qué se sirvieron entonces estos visitadores?.

Cuando se lo señalo, Ariel se encoge de hombros y me mira con la frente arqueada. Vuelve a jugar con el piercing entre los labios.

Sigo inspeccionando los pasillos, a la búsqueda de algún vestigio de lo sucedido, no sin dejar de sentirme un idiota. Ariel, no obstante, me dice: “pasó hace meses, no creo veas nada”.

Y es cierto, no hay nada más que limpieza.

En la puerta de entrada, me despido de Ariel cavilando sobre su conflicto personal con aquel novio y este mito moderno urbano.


RESOLUCION DEL CASO 

A las dos semanas, tras investigaciones con amigos periodistas, consultar en la hemeroteca antecedentes similares, hablar con vecinos del edificio (que no me quisieron atender siquiera) llegué a un fondo hueco con la historia.

No daba para más.

Decidí seguir con otras pesquisas – como el caso de la mujer vampiro de Recoleta que tiempo habrá para tratarlo en este espacio – y no darle más importancia a este asunto.

Al poco, sin embargo, me llegó un correo de Ariel pidiéndome que nos encontráramos, que habían regresado.

No lo dudé un segundo, tomé mis cosas, y partí en el acto. En el mismo bar de la vez pasada me encontré con un Ariel de aspecto enfermizo, muy pálido, con marcadas ojeras.

Me dijo que su presencia deplorable se debía a los abusos por parte de estos visitadores nocturnos. Que habían ingresado de nuevo. Y sin contemplación, lo habían sometido a todo tipo de escrutinios.

Me enseñó magulladuras, moretones, rasguños, que enseguida me parecieron esclarecían estos hechos. Tuve una intuición, y tuve que señalársela.

Como si fuera un experto en tales cosas, le dije:

“Esas marcas que me enseñas son producto de la violencia, no creo que si son tan silenciosos y meticulosos estos visitadores usen la violencia en ningún momento. ¿Cuál es la verdad Ariel?.¿Quién te lastimó así?” 

Palideció, si cabe, aún más. Desvió la mirada, y luego, mirando sus uñas con mugre dentro, me dijo lo que realmente había sucedido.

El mito era un invento suyo.

Al parecer, se había mudado a lo del novio en plena tensión familiar. Allí estuvieron de fiesta en fiesta, y de pronto descubrió que de quien se había enamorado no era como imaginó. Traía otros hombres para verlos manteniendo relaciones sexuales, inclusive alguno se incorporaba y efectuaban un trío. Rechazaba el preservativo y en todo momento lo sometía a vejámenes que lo entristecían.

Pero la noche en que todo se desencadenó, fueron al boliche Amerika, lugar del ambiente gay popular en Buenos Aires, y allí un grupo de hombres abusaron de él en plena discoteca, en la sección del túnel, donde hay sexo sin control y reina la más absoluta oscuridad.

Ruborizado, me confesó que había sangrado, y en un hospital de guardia le habían removido un preservativo roto dentro del recto.

Humillado, dolorido, regresó a donde sus padres. Cuando sus amigas le preguntaron qué le había sucedido, al verlo tan mal al pobre, él ideó aquella leyenda urbana de los visitadores nocturnos.

Y al hacerlo, me dijo, se sintió liberado del trauma que había experimentado. Las mujeres, creyentes - y , como Nancy misma dijo: “paranoicas” - confundieron hechos ordinarios con extraordinarios. Trasladaron el mito a un video club vecinal, y de ahí, el propio dueño se encargó de proliferarlo a sus clientes, y estos a amigos.

Finalizo con las palabras de Ariel:

“Te cité de nuevo no sé si para contarte la verdad, pero sí para decirte que haber inventado esta historia me sirvió de terapia. Estas marcas que ves ahora, me las hizo mi novio ayer a la noche. Sí, soy un boludo. Volví con él. Qué querés que haga, me tiene atrapado. No puedo resistírmele. Ahora lo sé. Quisiera no dijeras mi nombre verdadero, porque suficiente problemas tengo ya. Otra cosa, también, te cité porque me gustaste y quizá por eso te conté la verdad”. 

¿Cómo hacerle entender que en mis jardines sólo las rosas me interesan?.

TRASCENDENCIA : EL REINO DE DIOS EN UNA COMPUTADORA


Hace unos días atrás tuve la idea. Y el sábado, viendo la película Trascendence, volvió a resurgir. 

Básicamente consistía en solicitar a las personas una gota de sangre, para almacenar el código genético provisto, y poder encapsularlo en una espora – cuya capacidad de supervivencia la haría inmortal – para repoblar nuevos mundos con ese acervo genético de todos los que les interese el proyecto. 

Había chequeado nombres posibles para llevar adelante la idea. Muchos me miraron sorprendidos. Y no faltó quien dijera que me convertiría en el “Vampiro de Wall Street”

La dejé de lado la idea. 

Necesitaba una infraestructura y tiempo del que carezco. Entonces se me ocurrió otra idea que hace tiempo venía digiriéndola (y que en novelas de ciencia ficción que escribí llevé adelante): crear un clon digital humano

El proyecto consistiría en almacenar todos los eventos que describen a una persona, sus memorias, las fotos y videos que lo sustentan, y unirlo a una AI (Inteligencia Artificial) capaz de asimilar como propia toda aquella información. 

Pues parece de novela de ciencia ficción. Y sin embargo, me han ganado de mano los americanos en ambos proyectos: las muestras genéticas y el banco de memoria humana para la clonación digital. 

El proyecto se llama LifeNaut, de la Terasem Movement Foundation. Una vez te registras puedes cargar toda la información que consideres define tu personalidad, fotos, videos, tienes varios gigas para almacenar a tu disposición. 

La idea es que en el futuro eso constituya una forma de acercarse a la esencia de tu alma y, a una mente digital preparada para ello, volcarle esa esencia. 

Según Bruce Duncan, director de la Fundación del Movimiento Terasem, en el futuro se podrá ordenar toda esa información para extraer lo que podría llamarse el alma de la persona, pero que definen como Bemes

Un Beme, como el atómo en física, sería la unidad más reducida de la conciencia de un individuo

También apuntan a que envíes una muestra genética (no necesariamente sangre) para el mismo propósito de trascendencia. Lo mismo los robots sociales.

Les dejo el link para curiosear. (Click aquí)

EL MITO DEL ALQUIMISTA DE MATADEROS ¿DONDE ESTA LA VERDAD?: LA ULTIMA INVESTIGACION.


Para uno que anduvo – y lo hace todavía, ya mejor encaminado – husmeando en los meandros de la alquimia, aquella investigación llevada a cabo por Guillermo Barrantes y Víctor Coviello, los cazamitos de Buenos Aires, me puso en guardia. 

Y no se debía a la afirmación fantástica de que un inmortal deambulara a sus anchas por el barrio de Mataderos, específicamente en el pasaje Viejobueno. No. 

Se debía a que tal persona había logrado ese milagro a través de un Elixir secreto, y que, no sólo lo usaba para si, sino que si tenías la fortuna de cruzarte con él y te invitaba un buen mate, podías pasar unos años viviendo sin enfermedades

Si esto fuera verdadero ¡qué bien le haría a tantos niñitos que están en tratamiento oncológico ahora mismo y acaban sus vidas sin haberlas empezado siquiera! ¿No merecerían una oportunidad a través de este Elixir misterioso?. 

Más allá de eso, es cierto que la leyenda era del todo atractiva para alimentar mis ansias de ficción. Porque, como dije, la vena por lo fantástico no me ha abandonado jamás (no sería escritor de novelas de ficción de otro modo). 

Pero creo que todo tiene una base sólida, magnánimamente real. Y allí fui en su búsqueda hacia Mataderos. 


PASAJE VIEJOBUENO 

video

Creo yo, era la primera vez que andaba por estos lares: Mataderos. Tomé el colectivo 55 que me dejó en Directorio y Miralla, justo enfrente a un restaurante. 

Cuando avanzaba por Miralla, observé por los cristales del restaurante un viejo sentado, largo, de cabello peinado hacia atrás, arrellanado solo tomando su desayuno. 

Por un momento imaginé que podría tratarse del hombre al que buscaba. Según la información que tenía en mi poder – que no era mucha – el alquimista, o bien uno de los longevos íntimos del alquimista, se llamaba Ernesto. (Para comprender mejor lo que hacía allí y la información que tenía léase Buenos Aires es Leyenda tercera parte.)


Guillermo Barrantes no me quiso facilitar la dirección, y tampoco insistí mucho. El pasaje constaba de tres calles que podría recorrer de palmo a palmo y , consultando entre vecinos, dar con la propiedad del hombre en cuestión. 

Ernesto era un hombre que, según las descripciones de Barrantes, superaba los dos metros de altura. Barbado, de ojos penetrantes, voz grave. Digamos, no pasaba desapercibido. 

Pero lo habían entrevistado, de ser cierto todo, hacía al menos seis años atrás. Como sea, seguí caminando por Miralla hasta dar con algo que me hizo recordar los Mataderos del siglo pasado. Una especie de fábrica inmensa. 

Ya en el pasaje en cuestión, observé el silencio y lo desolado que estaba todo. Salvo un hombre de pie bajo los rayos del sol, que me observó apenas aparecí en el pasaje, no había nadie. 


Comencé a tomar algunas fotos, y a caminar. En el trayecto, de cierta casa me salieron tres perros ladrándome. Uno de ellos amagó lanzarme un tarascón. Pero lo eché de un chasquido con la lengua. 

En la última cuadra del pasaje vi dos hombres conversando, pero decidí volver al inicio. Cuando lo hacía una señora mayor salió de su casa y aproveché para preguntarle. 

Me aseguró que nadie con el nombre y descripción ofrecida vivía en esa calle, que siguiera caminando por el pasaje que quizá vivía en las otras cuadras.


En las siguientes le pregunté al hombre de pie (cuya imagen adjunté más arriba). De boina, con campera para montaña y pantalón de vestir, el hombre pasaba sus días en la calle observando. Una especie de pasatiempo para huir del claustro de su hogar. Negó conocer a Ernesto y a persona alguna que correspondiera con las descripciones físicas que le hice. 

Seguí caminando y vi salir del taller de la esquina un hombre con traje de overol y las manos y ropa engrasadas. Le pregunté sin preámbulos. 

Se detuvo un instante, esforzándose para hacer memoria. Pasaron varios segundos. Al cabo, me confesó no conocía a nadie que concordara con mi descripción. 

Seguí preguntando.


Una señora que caminaba por el pasaje fue la siguiente. No conocía a tal hombre, pero si a uno que concordaba con la descripción de la alta envergadura. Me señaló una puerta de madera marrón, y me dijo que vivía ahí. 

Ahí vive un hombre alto y flaco de cabellos grises. Fuma mucho todo el tiempo”. 

¿Fumaba Ernesto?. Lo dudaba. Al menos no en la imaginería que me había concebido. Ernesto tenía, mínimo, 150 años. Me costaba imaginarlo con cigarrillos. Pero no conforme, la señora me dijo que la acompañara y que preguntaría en un comercio a la vuelta. 

Del comercio negaron conocer cosa alguna, las señoras no sabían de quien hablaba. Me alentó siguiera preguntando y probara en la puerta marrón. 

Observé la fachada, desvencijada, de la casa, y dudé un instante. Al fin, crucé y a punto de golpear la puerta marrón oí llantos de criaturas provenientes de adentro: no podía ser. Ernesto vivía solo. Sin familia. 

Al menos me había hecho a la idea de eso al leer la crónica de Barrantes y Coviello

Indagué con dos mujeres más, una que paseaba el perro; otra en cuya puerta tenía un emblema esotérico extraño. Nada. 

No conocían a tal hombre. 

Regresé melancólico y enojado por la pérdida de tiempo. Al final, era un mito-timo. Sin embargo, la vejiga me ayudaría a dar con la pista. 


EL ALQUIMISTA EVASIVO 

Dije la vejiga, leyó bien lector. Y me explico. Desde que había abordado el transporte que me condujo a Mataderos, me incomodaba una necesidad fisiológica básica que era, ni más ni menos, orinar.

Debido a que en la zona no disponía de muchos lugares qué escoger, decidí probar en aquel restaurante. Pedí permiso al mozo que atendía el lugar, y subí las escaleras hasta el toilet.

Salí relajado viendo fijamente al anciano que estaba sentado todavía con su desayuno sobre la mesa. No iba a hablarle al anciano, pero no le quitaba el ojo, por las dudas.

Entonces empecé a hablarle al mozo de Ernesto, lo describí, y dije bien fuerte –para que me oyera el susodicho anciano - por qué razón lo buscaba. Razón que hasta ese momento había ocultado a mis ocasionales entrevistados.

Y cuando dije “conocés el mito del alquimista de mataderos”, Elio, el mozo, negó con la cabeza pero se quedó pensativo.

Y ahí recordó, basado en las descripciones que le había hecho y el nombre, de un Ernesto que vivía en Viejobueno, pero que se había mudado a Villa Lugano, cerca de donde tiene su joyería entre las calles Chilavert y –parece increíble – Piedra Buena.

Y como no podía ser de otra manera, la joyería se llama Lyon. Nombre sugestivo alquímicamente hablando. Elio me contó que todas las noches pasaba por aquel restaurante y retiraba su comida. Eso me hablaba de un hombre solitario, sin familia ni esposa, que pasaba todos los días a buscar su cena pasadas las 21 horas.

Agendé todos los datos, y decidí que tenía dos alternativas. Ir a la joyería o encontrarme a las 21 horas en aquel restaurante con el anciano. 

 DOMICILIO EXACTO DEL ALQUIMISTA 

Antes de ir, quise cerciorarme de que Barrantes no me iba a pasar más información. Volví a contactarlo, y negó poder ofrecerme información sobre el domicilio del alquimista en Viejobueno.

Pero añadió:

“Lo que si puedo decirte es que la casa del Alquimista no se encuentra (o se encontraba) ni en la primera ni en la última cuadra de Viejobueno” 

Con esa minúscula información, a priori inservible, yo me hacía la idea de restringir la zona de búsqueda tocando uno a uno los timbres de esa calle. Pero todavía tenía la joyería, y el alquimista supuesto que trabajaba ahí. Tenía esa carta por jugar. Carta que me abriría las puertas a la verdad. 

CARA A CARA CON EL MITO

Supongo que uno al investigar agudiza la observación. Por eso, mientras viajaba en subterráneo, observaba atentamente los rostros de los pasajeros haciéndome una idea acertada o no de sus intereses y ocupaciones.

Y allí, de pie, un hombre con el rostro mefistofélico, parecía mirar el pasaje con sorna, las cejas arqueadas, y una frente aplanada sumamente extraña. Parecía sonreír con los ojos de manera perversa.

Al lado mío, dos hombres hablaban de acostarse por cincuenta pesos con prostitutas, relatando al mismo tiempo que necesitaban un Héroe que los sacara del apuro del gobierno del país.

Me tomé el transporte de línea 141. Y apenas me senté, abrí el mapa donde tenía marcado – con una X- la calle de la joyería: Chilavert y Piedrabuena.

La avenida Piedrabuena, más precisamente, que flanquea a la nada menos que Villa 15, conocida como Ciudad Oculta. Esta zona, en la noche, es altamente riesgosa transitar.



Y cuando bordeaba con el autobús dicho barrio, con las casas desconchadas y de ladrillos mal puestos, la ropa colgada de lado a lado y la gente caminando por suelos de tierra, me hacía la idea de cómo debería ser a la noche. 

No me hubiera gustado bajar ni de día en esa zona.




Finalmente arribé a Piedrabuena y Chilavert, y , como no podía ser de otro modo, la joyería estaba cerrada.

No obstante, no me desalenté. Toqué timbre a la casa de al lado, y una mujer desde el piso superior me dijo que volvía a abrir a las 17hs, es decir, en una hora.

Mientras hacía tiempo, y considerando no había almorzado, me dirigí a un restaurante que usé como centro de operaciones.

Subí al solitario piso de arriba y ahí encargué tostados y dos medialunas con un té. Impaciente, aguardaba la hora y – soy sincero – fantaseaba con la idea de que un ser de la magnitud del alquimista existiera.

Como un niño, jugaba con la fantasía de que me iniciara, me enseñara su Elixir o , cuando menos, me invitara a tomar un mate “sabiamente” preparado.

Llegó la hora y crucé a la calle de la joyería. A metros me di cuenta que estaba abierta. Ingresé a toda velocidad, y apenas escuchó el ruido de la puerta, el hombre me dijo:

“En un momento estoy con usted”. 

Aguardé, impaciente, frotándome las ateridas manos. Entonces salió de atrás de una vitrina y lo vi. No tenía ni dos metros ni era barbado, ni tampoco tenía los ojos oscuros y profundos. Sus ojos, color verde esmeralda, reflejaban un hombre honesto, sincero, que trabajó toda su vida en su joyería.

Lo encaré, le pregunté su nombre que no resultó Ernesto, sino Héctor. Y le dije que estaba buscándolo, que si vivía en Viejobueno.

“Sí, hasta hace dos años viví toda mi vida en Viejobueno. Naci en esa calle y conozco a todos los de mi cuadra.” 

¿Conoce el mito del alquimista de mataderos entonces?.

No, nunca oi hablar de eso. Y mirá que sí he escuchado de todo. Sé de leyendas vivas o fallecidas que vivieron en el barrio. Cantantes famosos que nacieron en calles cercanas. Puedo decirte que al menos en la cuadra donde vivo no hay nadie que sea alquimista ni que se llame Ernesto.

¿Y que mida más de dos metros de altura?.

No, no conozco a nadie con esa descripción. 

¿En qué cuadra vive usted?.

Justo en la del medio. 

Recordé entonces las palabras de Barrantes, y su dato terminó de cerrar el círculo: el mito era un invento.  

Nunca hallaría al alquimista porque ese alquimista provenía de los laberintos de la imaginación de estos dos escritores de ficción como son Barrantes y Coviello.

Héctor me aseguró con toda su sinceridad, que en casi 60 años que vivió en dicha calle, jamás oyó ni vio a nadie de las características mencionadas.

Además es cierto: un hombre como Ernesto, muy estereotipado – dos metros de altura, ojos profundos, barbado – sería sumamente llamativo en el barrio.

Las personas altas siempre lo son.

Héctor sólo confirmó lo que ya había estado investigando en Viejobueno con sus vecinos: no había nadie que viviera en dicha calle con las características de Ernesto. 


CONCLUSION 

Esta investigación debe servir a modo de ejemplo cómo hay cierta fascinación pueril en uno al investigar algo que, racionalmente, no puede ser posible.

Y que, si se hubiera usado la razón antes de lanzarse al terreno, la verdad habría asomado sin lugar a dudas.

Bastarán unos ejemplos sencillos de analizar.

Un hombre que tiene un elixir que cura las enfermedades, que prolonga la vida, si existiera, lo último que haría sería dar a conocer su longeva edad a periodistas de lo insólito para que en sus tiradas de miles de ejemplares lo dieran a conocer al público masivo. Se guardaría el secreto o lo vendería a un laboratorio para ayudar a los niños en terapias oncológicas.

El perfil de Ernesto: estereotipado. Clásico de un arquetipo poderoso: alto, barbado, de mirada penetrante. Es la definición perfecta de un personaje de ficción que, por otro lado, a todos nos gustaría fuera verdad. No puede ser bajito, gordo, de nariz rechoncha. No. Debe tener voz grave, ojos de fuego, y altura de dios.

Ahora es interesante como se unieron las supuestas “pistas” para una calenturienta mente como la mía:

La avenida Piedrabuena y Chilavert se convirtió en un escenario fantástico. La joyería Lyon (León) , cuyo nombre, me contaba Héctor, se debe no a caprichos alquímicos sino a caprichos regionales (el antiguo dueño era fránces y amaba Lyon, una ciudad francesa), la soledad del joyero que alentaba el mito del alquimista solitario cenando en la casa solo rodeado de matraces.

Además ¿qué mejor oficio para un alquimista que transmuta metales en oro que una joyería que dice en grande Compro Oro?

Como digo, todo esto alentó mis ideas de que estaba en la pista correcta. Pero bastó una breve charla con el involucrado para desmontar todo el mito-timo.

El niñito que hay en mi quiso creer: pero el adulto, más sagaz y experimentado, le tomó del hombro, y viéndolo fijamente le dijo: “no te creas todo”. He aquí la verdad.

Ahora comprenderán mejor porqué soy escéptico, y escribo lo que escribo. Un fraude más al cajón.

SIN LUGAR PARA LOS HEROES: CONCURSO AMAZON Y EL MUNDO

Ezequiel Szafir, vicepresidente de Contenido de Kindle Europa, con Casimiro García-Abadillo, director de EL MUNDO. Foto: CARLOS GARCÍA POZO

Amazon y El Mundo lanzaron un concurso de novela inédita. Y como no podía dejarlo pasar, ya que tengo cuenta con Amazon y publicado algunos libros en versión Kindle, decidí escribir una idea vaga que me rondaba en la cabeza. 

El resultado ha sido : Sin lugar para los Héroes. 

El problema, a mi entender, es que ganar el certamen no tiene que ver con que lean los del jurado los libros y decidan sobre todos: sino por las ventas que haya tenido en dicho portal

He aquí el link donde aparece el mío. 

Como verán, posicionarse si no hay ventas, y ser escogido como ganador depende de si el autor tiene un gran grupo de amigos o familiares o inclusive potenciales lectores que adquieran su libro. Pero a priori los conocidos – amistades – son los que lo rankean para que ahí recién se interese el público en general. 

En mi caso estoy bastante solitario en este sentido. Y no es una excusa. Es la verdad. Los amigos que tengo - escasos - no tienen cuenta en Amazon para rankearme (no es necesario comprarlo siquiera para rankearlo, pero sí haber usado la cuenta Amazon comprando alguna cosa alguna vez). 

De modo que lo dejo para quien lo quiera leer. 

Es la historia de un hombre y cómo va cambiando paulatinamente a medida que el misterio de la desaparición de su hija menor lo carcome.

Toca la pedofilia, las redes o sociedades secretas de Snuff, y muchas cosas más.

El hombre, al final de su largo recorrido de autodescubrimiento, comprenderá que se enfrenta a fuerzas mucho más allá de sus capacidades. Y esas fuerzas terminan controlándolo a él. 

La idea es que sea una saga, pero ya veremos.

FOTOGRAFIAS DESDE AZOTEAS RUSAS


Una serie fascinante de imágenes de rusia desde las azoteas con curiosos personajes de carne y hueso.

¿Qué sucedería de verlos en una noche lluviosa?











Vía Livejournal

LEYENDAS DE BUENOS AIRES


Me leí la trilogía de un saque. Y aunque muchas historias parecen tomadas de los pelos, como le dije a Guillermo Barrantes por correo - uno de los autores - realmente muchas de las historias no las conocía, yo, que me jacto de saber de historias raras y leyendas sobrenaturales en Buenos Aires. 

Así que no pude parar de leerlas, porque uno, amén de ser escéptico, tiene su vena por lo fantástico, y más aun si está bien narrado. 

Esa es la particularidad de los relatos de Guillermo Barrantes y Víctor Coviello: están excelentemente logrados. 

¿Qué si son verdad o es parte de un producto literario de ficción?. 

Eso queda en el lector, como me refirió Barrantes cuando le indagué sobre cierta historia de la trilogía, pero asegura que son auténticos los relatos. 

Y puesto manos a la obra, como le dije a este hombre, en breve haré pequeños documentales referidos a mitos urbanos. 

A su vez, estoy preparando un libro sobre mitos urbanos siniestros. Mitos que poco tienen de sobrenatural, y si lo tienen, al final se revelan como macabros. 

 Así pues, para los amantes de lo fantástico, esta trilogía será de su agrado. Muy bien documentada históricamente, con rigurosidad en los detalles, y un lenguaje accesible y ameno para cualquiera. 

Hace tiempo un libro no me inspiraba a investigar, este lo hizo. E hizo desempolvara las historias que integrarán el libro que pienso escribir.

EL CONSPIRACIONISMO Y LA MAGUFERIA EN EL CASO DEL MONSTRUO DE FLORENCIA

Hace tiempo no me llamaba la atención un libro como El Monstruo de Florencia. 

Y ello se debe a que, por más que en los últimos tiempos me vengo armando de paciencia, no hay muchos libros que logren deslumbrarme o cautivarme. Se debe, principalmente, a que desde el primer capítulo puedo adivinar de qué irá la novela, y, por las herramientas literarias empleadas, saber los clichés o muletillas acostumbradas. 

Pocos libros rompen con esto. Pocos no son predecibles. Por eso, los Non Fiction tienen esa cuota de impredecibilidad que tanto me agrada. 

El Monstruo de Florencia fue un libro que me atrapó desde el primer instante. Muy bien narrado por Douglas Preston – el autor de la novela The Relic, cuya trama se hizo popular con la película del mismo nombre – y en colaboración con el periodista Mario Spezi, la novela narra cómo investigar un crimen a manos de un asesino serial, se convirtió en una lucha con altos funcionarios con tendencias conspiracionistas. 

Estos funcionarios abrevaban de un Blog de una mujer magufa, totalmente paranoica, e hilvanaban tramas oscuras y siniestras en torno al satanismo en los crímenes del Monstruo. 

Así, los encargados de llevar a buen término la investigación desecharon la llamada “pista sarda”, que era mucho más racional y con base en pruebas empíricas , y decantaron por una teoría irracional con fondos conspiracionistas donde incluían sectas satánicas lideradas por hombres ocultos en las sombras, ocupando puestos jerárquicos en la alta sociedad. 

A tal punto que a Preston se le prohibió la entrada a Italia, y a Spezi lo arrestaron como si fuera un terrorista de estado culpándolo de ser nada menos que el Monstruo, o bien de desviar la investigación conspiracionista hacia la “pista sarda”. 

¿Quién fue el monstruo de Florencia?. 

Todo apunta a cierto joven, del clan sardo, hijo de un bandolero, y que en el libro se brinda detalles sobre su perfil psicológico. 

 Este asesino sufriría de impotencia sexual y como forma de gratificación disparaba a las parejitas que fornicaban en los campos de Florencia, en zonas boscosas en soledad. 

 A las mujeres, no sólo les disparaba: les removía el pubis y la vagina, que se llevaba como trofeo. Las arrastraba fuera del coche – en donde había terminado de copular la pareja - y ahí procedía a mutilarlas. 

En un caso, rebanó un pezón y lo envió por correo con una carta burlándose. Recomiendo el libro a todos aquellos a quienes les interese el caso de uno de los más terroríficos asesinos seriales de la historia Italiana. 

Y también, para ver cómo el pensamiento irracional, en manos de gente de rango elevado, puede evitar que atrapen a un desalmado asesino y hacer que inocentes pugnen sentencias por crímenes que no cometieron.

EL LAGO BAIKAL CONGELADO


No tuvieron mejor idea que irse al lago Baikal, en los parajes siberianos, y tomarse fotos con el coche de fondo sobre ese suelo tan congelado.

Las fotos pueden ser excelentes fondos de pantalla.











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