Investigaciones de campo

En este blog verás, en muchas entradas, investigaciones en el terreno donde suceden los fenómenos misteriosos.

¿Existe dios?

Encontraréis muchas entradas con nutrida información sobre el milenario tema de dios, su inexistencia o posible existencia.

Fotografía

Impresionantes imágenes a todo color.

Descubrimientos científicos

La lucha contra las enfermedades, el alargamiento de la vida, los genes.

¿EVIDENCIAS REALES DE VIAJES EN EL TIEMPO?


No es que vuelvo ni mucho menos. Sencillamente tengo dos o tres cosas que contar, y me gusta tener un repositorio donde encontrar esas dos o tres cosas que no me gustaría olvidar. 

Temas en los que profundizo y que , para evitar recordar en detalle cada cosa, los incorporo en este espacio que lleva años navegando en la web. Y así puedo volver al tema, de forma sencilla y con datos concretos, cuando surge alguna plática. 

Así que, si quieren, pueden considerar esto como un regreso. Pero es en realidad un escribirme a mí mismo de ahora en más. Bah, siempre fue así, pero en algún momento se trastocó al público lector. 

Encontré el tema de los viajes en el tiempo fascinante. 

La lectura de Las Naves del Tiempo de Stephen Baxter (a mi modo de ver, la mejor novela de ciencia ficción que aborda el tema de los viajes en el tiempo, continuación necesaria de la clásica La máquina del tiempo de H. Wells ) fue mi catalizador. 

Y uno sin quererlo, se vio inmerso en la web buscando teorías al respecto. Por ahí algunos apoyaban la idea, otros la negaban por sus notables paradojas. 

Leí otras novelas sobre viajes en el tiempo. Pero quería ir más allá de la teoría, por cierto increíble. 

¿Existían evidencias de viajes en el tiempo?. 

LA RED DE INTERNET Y LOS VIAJES EN EL TIEMPO 

Una vez más, la web me dio numerosas respuestas. La inmensa mayoría se trataba de hallazgos en rocas, bujías extrañas, mapas increíbles. 

Pero todos tenían una explicación sin necesidad de recurrir a los viajes temporales. Incluso la famosa huella de JJ Benítez en el barro de hace mil años de un zapato moderno. 

Fue así que llegué a la foto que vemos aquí. Me pareció curiosa. 



Descartando el photoshop, a lo que uno inicialmente se siente inclinado a pensar, uno localiza la imagen real de la universidad y , si es cierta, es cuando menos notable, pero no necesariamente explicable como viajes en el tiempo. 

El hombre viste muy a la moda futurista, pero con ropas que se usaban en la época, incluso las gafas que parecen del futuro ya se estilaban usar. Sólo que se vistió de manera anacrónica con el entorno que era mucho más formal y en estilo a la época. 





Como vemos, las gafas ya se usaban en películas de la época. La cámara que sostiene, que muchos pretenden ver una moderna Nikon, en realidad es la que se estilaba usar en aquel tiempo. Lo mismo la remera que usa debajo, corresponde a una clásica de la edad. 

Aquí una explicación que zanja este asunto (click aquí). 

Luego llegué a John Titor. Un alucinado que no toleró mucho un análisis para darme cuenta que era un timador. Las nociones básicas de las que hablaba, sus profecías no cumplidas, lo descartaban a priori. 

¿Y qué quedaba? 

Pues que los científicos metieran mano a la obra. 

LA CIENCIA PROVOCA A LOS VIAJEROS DEL TIEMPO 


Y uno de ellos fue Stephen Hawking, que decidió enviar una invitación a un congreso a viajeros del tiempo. 

¿Cómo lo hizo? 

 No avisando de dicho congreso hasta que este acabó. Pero nadie se presentó antes a la reunión. 

“Estuve esperando un buen rato, pero no vino nadie”, dijo el científico. 

Luego metieron manos en el asunto un equipo de físicos de la Universidad de Michigan Tech. 

Para ello, usaron nada menos que internet. Robert Nemiroff y Teresa Wilson idearon la estrategia de buscar menciones en internet de eventos futuros, que nadie pudiera conocer, esto podría constituir una evidencia de viajes en el tiempo. 

Esas “menciones” debían cumplir con tres condiciones: debía existir mientras realizaban la búsqueda, debía ser un vocablo unívoco que no se confundiera con otra cosa, y en tercera instancia, debía ser algo trascendente: que quedara en los libros de historia. Algo que más tarde podría llegar a comprobarse. 

Para probarlo, y porque Nemiroff trabaja con la NASA en su web Astronomy Picture of the Day, se decantaron por un fenómeno astronómico como el descubrimiento del cometa ISON. Cumplía las tres condiciones. 

Y sin embargo, no hubo una referencia siquiera en Internet de su existencia. Ningún hipotético viajero del futuro dejó asentado ni directa ni indirectamente el hallazgo que pronto se hizo conocido. 

Pero no sólo por ahí tiraron las redes para atrapar viajeros en el tiempo. Otro fue el papa Francisco. El nombre de Francisco fue escogido por Jorge Mario Bergoglio, y nunca antes había sido utilizado en la historia papal. Pero de nuevo, con los términos seleccionados, no encontraron nada de dicha mención en la web. Usando Google, Bing, Google Trends, Facebook, Twitter, etcétera. 

Por otro lado, crearon cierta provocación en sus tuits a posibles viajeros que los leyeran. Planteaban que no era posible cambiar el pasado según el principio de autoconsistencia de Novikov. Pero nada. 

Nadie asomó la cabeza. 

 “En nuestra limitada búsqueda, no encontramos nada”, dice Nemiroff en una nota de su universidad. “Realmente no pensaba que lo haríamos. Pero no sabemos de nadie que haya intentado una búsqueda como esta. Internet es esencialmente una enorme base de datos y creo que si los viajeros en el tiempo estuvieran aquí, habrían manifestado su existencia por otro medio, quizá publicando los números de la lotería antes de que salieran”, añade. 

Quizá sea así. O quizá no puedan interferir en la historia humana y sólo sean observadores anónimos, figuras que se pierden en las calles urbanas entre los miles de transeúntes que circulan a diario. Giras, y esa figura ya no está. 


ULTIMA NOTICIA SOBRE VIAJES EN EL TIEMPO 

Viajero del Tiempo detenido por uso de información privilegiada en Bolsa Miércoles, 19 de marzo 2003 por Chad Kultgen Nueva York - Investigadores Federales han arrestado a un enigmático personaje de Wall Street acusándole de uso de información privilegiada (insider-trading). Increíblemente, el detenido aseguró ser un viajero del tiempo del año 2256 (...) «No podemos creernos su historia, o es un lunático o es un metiroso patológico», dijo un responsable de laSEC, «pero el hecho es que con una inversión inicial de 800 dólares en dos semanas se hizo con una cartera valorada en 350 millones de dólares. Cada operación que realizó obtuvo increíbles beneficios, lo cual no puede ser debido simplemente su buena suerte.» (...) Cuando Andrew Carlssin completó una serie de 126 operaciones de alto riesgo ganando mucho dinero con cada una de ellas levantó las sospechas de los sistemas de vigilancia de Wall Street. (...) El detenido afirma que ha viajado 200 años desde el futuro, donde es bien sabido que nuestra época experimentó unas de las épocas más tormentosas en los Mercados. Cualquiera armando con conocimientos de ese tipo podría hacer una fortuna. «Fue muy difícil resistir la tentación», dijo Carlssin, «había planedo que pareciera natural, ya sabéis, ganando un poco, perdiendo de vez en cuando, pero me dejé llevar.» (...) Arrepentido por sus actos, se ofreció a divulgar algunos «hechos históricos» como la localización de Osama Bin Laden o la cura del SIDA. Lo único que pide es que le permitan volver al futuro en su «máquina del tiempo». Sin embargo, se negó a explicar cómo funciona la máquina o dónde se encuentra, por miedo a que la tecnología caiga «en malas manos».

Wanderers: la vida fuera del planeta tierra



Un video memorable con la voz del querido Carl Sagan, impresionantes imágenes de como seria la vida fuera de nuestra esfera azul. Es la conquista del universo por parte del hombre. Me ha recordado gratamente Las Naves del tiempo, una obra fabulosa.

 

VAMPIROS DE RECOLETA

ERAN LAS 22 hs y esperaba de pie en medio del parque de Recoleta, con el cementerio a unos metros fosforesceando en la noche. 

Nadie me esperaba, ni había congeniado con amigos (de los escasos, de los casi inexistentes), pero allí estaba esperando resolver un misterio. 

Mientras chupaba frío, me preguntaba a mi mismo ¿Por qué? ¿Qué hago aquí? Si ya he visto que todo es un enorme fraude, un engaño deliberado o bien un autoengaño. En la mayoría de los casos en que no hay fraude ni autoengaño se trata de una explicación natural que no se había considerado. 

¿Qué hago con las manos ateridas enterradas en los bolsillos en esta noche de invierno donde el común de la gente sale a pasear, a boliches a emborracharse y ligar mujeres , a cenar románticamente con la novia de hace meses (no años)?. 

Estoy esperando a la llamada Mujer Vampiro de Recoleta, un mito urbano siniestro con un final, según el mito, trágico. 

EL MITO DE LA MUJER VAMPIRO 


Fuente de la imagen : click aqui


No dejo de pensar en Muriendo en Bangkok de Dan Simmons mientras la medianoche se acerca y no hay rastro de nadie con las descripciones que me han pasado. 

Según he averiguado, la mujer se presenta a la noche y se pasea muy bien emperifollada por la zona de parques de Recoleta, cerca de donde está la Biblioteca Nacional, y allí seduce a los hombres que salen o están por entrar de los boliches. 

Les hace un gesto insinuador y basta para cautivarlos. El resto lo hace su estupendo cuerpo muy bien modelado. 

Los que sucumben a sus encantos son presas de sus designios. Les ofrece una noche de sexo fuerte y sin límites: a cambio deben proveerle al final, sangre de sus cuerpos. Deben dejarla lamer una herida que ella misma infringe con un bisturí. 

Esta leyenda me la relató hace años atrás el hermano de una amiga del barrio. Me dijo que él casi sucumbe a la mujer vampiro, pero que no lo hizo porque la mujer era demasiado atractiva para no esconder algo macabro. 

BUSCANDO TRAZAS DEL MITO 


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En la noche decidí averiguar sobre la leyenda urbana. En varios kioscos y puesto de diario pregunté sobre el mito. Obtuve en uno sólo esta respuesta: 

“Puede ser que sea, me parece haber oído algo. Ahora si la vi jamás la he visto y te digo que hace años laburo aca en la zona”. 

Decidí probar fortuna con un bar-restaurante en la esquina opuesta al Cementerio de Recoleta. Es un lugar donde, me aseguraron, las escorts de la zona suelen pasar y tomar algo antes de hacer la calle o volver a sus departamentos privados. Una especie de Café Orleans de microcentro donde pululan las meretrices más destacadas. 

Pedí un té Earl Grey y unos tostados. En verdad hacía frío y debía reponerme de la espera. Mientras me servía el mozo le pregunté sobre el mito urbano. Me miró con una sonrisa ladeada, y sin perder la seriedad me dijo que podía ser, que seguro era una prostituta que trabajaba por el parque. 

Mientras aguardaba tomando notas, dos meretrices ingresaron y observaron sonrientes a quien esto escribe. Las miré fijamente, y luego continué escribiendo. Se sentaron a conversar entre ellas, a unos metros de donde estaba: justo enfrente de mi. 

Al rato, salía del bar frotándome las manos y peregrinando otra vez por la zona donde se dejaba ver la mujer vampiro. 

LA MUJER VAMPIRO 


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Recoleta tiene innumerables esculturas. Eso siempre me ha gustado. Esconde un aire antiguo que parece pervivir al paso de los tiempos. El aire fránces de la arquitectura es notorio por todas partes. 

Caminé por la mal llamada Plaza Francia un par de metros, me apoyé en un árbol y observé a mi alrededor. Ya había pasado la medianoche. Estaba convencido que no vería a ninguna mujer vampiro ni siquiera a una escort callejera con el endemoniado frío que se había alzado. 

Entonces, ya dispuesto a parar un taxi y regresar al calor de mi hogar, vi a lo lejos una silueta paseándose lentamente por los límites de la plaza Intendente Alvear. 

Caminé hacía allí, mirando fijamente los movimientos extraños de la figura. A metros de la mujer, comprobé que se trataba de una meretriz. Algo en la forma de moverse y mirarme lo dejó establecido sin lugar a dudas. 

Vestía un traje de color púrpura que le llegaba hasta los tobillos y le calzaba prieto a su cuerpo, dejando su voluptuosa y generosa anatomía presentarse sin problemas. Su cabello era lacio y castaño oscuro. 

Había algo en sus ojos que me llamó la atención e hizo me acercara hacia ella: eran sus escleróticas, eran oscuras. 

No había sentimiento de amenaza en su presencia, sino todo lo contrario. Por eso la increpé y le dije: 

“Buenas lentillas, ¿Dónde las compraste?, Estudié Efectos Especiales hace años”. 

Le sonreí y ella me devolvió la sonrisa sin articular una palabra. En cambio, se acercó y me miró directo a los ojos a la vez que su mano se deslizaba por mi brazo y se asentaba en mi cintura. Era mucho más alta que quien esto escribe, y en su proximidad podía oler el aroma de un perfume éxotico y muy agradable. 

Su rostro era pálido, pero imaginé que se debía a un elaborado maquillaje. Los labios eran tan rojos que parecían despellejados y brillantes de sangre. 

“¿Cómo es tu servicio?”, le dije, para romper definitivamente el hielo. 

Sonrió misteriosamente antes de hablarme. 

“No es convencional”, dijo. “Si buscas eso tienes innumerables chicas bordeando el cementerio que pueden llevarte a sus departamentos privados o algún hotel alojamiento. Lo que te propongo es algo de mayor nivel”. 

“¿Qué es?”, insistí. 

“Es llevarte a niveles elevados de placer donde el orgasmo puede prolongarse durante minutos enteros e ingresas en una fase de éxtasis nueva, totalmente diferente a lo que en cuanto a sexo habías experimentado antes." 

“Suena interesante. ¿Y cuánto sale ese servicio?.”, dije e inhalé el perfume que brotaba de sus cabellos. 

“No es un servicio, debe quedarte claro que es un intercambio. Lo que vale es lo que llevas dentro tuyo. Yo cobro en gotas de sangre." 

“¿Me decis que debo dejarte pincharme el brazo para que acceda a esos maravillosos placeres que me contas?. Te pregunto algo ¿Vos sos la famosa mujer vampiro?". 

Sonrió enigmática. Pasaron unos segundos interminables. Luego, prorrumpió con su acento caribeño. 

“Así es. Quizá lo sea.” 

Al instante me vinieron a la mente las imágenes de ectoparásitos hematófagos alimentándose de sangre, de mi sangre. Las enfermedades que transmiten. 

“¿Y cómo se que no tienes alguna enfermedad contagiosa?”. 

Su rostro se nubló, la vi separarse de mi, soltar su mano de uñas rojas. Giró y me dio la espalda y siguió caminando lentamente por la plaza. A lo lejos ya había dos hombres parapetados detrás de unos árboles esperando su turno para seguramente proponerle algo a esta misteriosa mujer. 

FINAL DEL CASO 


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Pasaron meses de la experiencia en Recoleta con aquella enigmática mujer. Me preguntaba una y otra vez por qué no acepté su propuesta para ver hasta dónde me conducía mi curiosidad. Pero había algo, una especie de intuición, que me decía que no debía cruzar ciertos límites. 

Porque había regiones que una vez que las cruzas no tienes regreso. 

Para mi sorpresa, ningún amigo periodista conocía este mito. No había oído jamás hablar de la mujer vampiro de Recoleta. Sólo conocían a la mujer vampiro tatuada de la serie Tabú, María José Cristerna

Fue entonces, cuando estaba por darle carpetazo final a esta historia, que me llegó el testimonio por email de una persona que había atravesado una amarga experiencia al respecto con dicha mujer. 

El contacto se lo debo a un amigo periodista que trabaja en CN5. Reservó su identidad real por motivos que comprenderán al leer su correo. Y con éste, cierro esta investigación. 

“Estimado Jarré,
Me llamo XXXXXX y vivo justo enfrente del cementerio de Recoleta. Vivo solo, no tengo familia, y tampoco mujer. Trabajo mucho tiempo. Todo lo dedico al trabajo, sin tiempo para otra cosa. Por eso en las noches cuando el aburrimiento se cierne sobre mi, aprovechó y espío con un telescopio las casas vecinas, los edificios, y las calles que se vacían con el paso de las horas. Una de esas noches, me acuerdo era un viernes, observaba con mi telescopio y vi una hermosa mujer de pie en medio de la plaza XXXX. Me parecío raro que tan bien vestida estuviera sola, así que supuse era un gato, o sea, una prostituta. Le reconozco que ese día estaba con ganas de tener una aventura, hacía tiempo que no le prestaba una atención a mi cuerpo. La observé un buen rato, vi que se le acercaban hombres y hablaban, pero ninguno iba con ella. Debe ser carísima, me dije. Viendo su cuerpo tan bien delineado imaginaba que cobraría más de mil pesos la hora de sexo. Fui a la habitación, busqué del pantalón la billetera y conté cuanto tenía. Llegaba a pagarle lo que pidiera. Me vestí y salí sin pensarlo más. Crucé la calle, y enfilé a la plaza XXX. Allí estaba ella. Viéndola de espaldas, con las nalgas tan bien apretadas, me sentí cachondo. A un palmo de ella me presenté. Cuando giró le vi sus hermosos ojos verdes y sus sonrisa sensual. Me dijo que podíamos ir a tener sexo a su casa, que estaba a unos metros, y señaló una construcción con estilo francés que me pareció muy antigua. Fuimos a su casa, un lugar que parecía salido del pasado. Los muebles antiguos, candelabros o las llamadas arañas en los techos, cuadros feos pegados en las paredes. Había poca luz, pero ella fue al grano de una. Se quitó al ropa, la dejó caer al suelo, se acercó a mi y deslizó con pericia el pantalón al piso. 
Voy a evitarte los detalles que ya imaginarás, tuve un orgasmo colosal que jamás tuve en mi vida, llegué al clímax de una forma atípica que consistió en pequeños mordiscos en el glande y en los testículos. Cuando estaba relajado en el piso de madera, sobre una alfombra de pieles, ella se puso de pie y le vi el cuerpo delineado perfecto a contra luz de la única lamparita de pocos wats que había en la habitación, en una esquina. Giró y ahí noté que sus ojos eran diferentes. Parecían todos oscuros. Se acercó, me agarró el pene, y mientras me lamía me dijo en un susurro: “ahora vas a tener que pagarme”. 
Pensé en mi billetera, e instintivamente miré donde había dejado mi pantalón. Ella interceptó la mirada y me dijo que quería otra cosa. Voy a ser claro en algo, no sé que sucedió, si fue el orgasmo tan intenso que me dio, la forma en que me tenía totalmente seducido, el aroma de su piel o la forma de proporcionarme las caricias. Quizá era que hacía mucho tiempo no estaba con una mujer así, la cuestión es que acepté darle mi sangre. Estaba en verdad embobado, y ella me prometía otro orgasmo todavía más intenso. Tomó una especie de bisturí y la vi que lo pasaba delicadamente por la palma de la mano abriendo un reguero de sangre a su paso. Se agachó y comenzó a lamer la herida y a gemir mientras lo hacía. La escena me volvía loco, había vuelto a alcanzar una erección considerable y ella me lamía la sangre a la vez y se frotaba con las piernas encima de mi pene. Como sea, me dejé hacer varios cortes. Estaba fuera de mi, como mareado del placer. Recién al otro día me daría cuenta cuantos cortes me hizo, quedé hecho una piltrafa. Entonces vi que agarraba mi mano ensangrentada y se la pasaba por el pubis y me incitaba a tocarle el clítoris. Lo hice sin pensarlo, como una marioneta suya. Y cuando la mojé bastante de mi sangre, ella se montó encima de mi y , tomando diestramente mi pene, lo introdujo en su cavidad húmeda. Empezó a batirse encima de mi, lamiendo a la vez mis dos manos y antebrazos, presa de una lujuria que hacía que me invadiera a mi también. No percibía el peligro de lo que estaba llevando a cabo, la escena de la sangre, el sexo sin protección – no estaba penetrándola con preservativo. Entonces comenzó a moverse más y más rápido, y en un momento era tan veloz su movimiento que no podía creerlo. Y allí fue cuando algo húmedo empezó a anegarme el pene y deslizarse por el tronco hasta mis piernas. Me desligué de una mano, dejándola que siguiera lamiendo al otra, y palpé debajo y vi mis yemas: algo oscuro. 
Eso rompió el hechizo un instante, pero ella no me dejó salir del encantamiento y siguió cabalgando encima de mi a toda máquina. Cuando acabé lo hice de nuevo con un intenso y poderoso orgasmo que recorrió cada fibra de mi cuerpo. Parecía que no se iba más. Es indescriptible. 
Y entonces ahí el encantamiento se acabó. Salí de dentro de ella, y comprobé el desastre. Me había roto el frenillo, y la sangre manaba abundando de la herida, había empapado mis piernas y su pubis era de un color escarlata. Ella me miró con una sonrisa, pasó su mano por su vagina y la llevó a su boca lamiéndola. Desesperado, me vestí y salí volando de aquella casona. Ella me miró divertida mientras me cambiaba, y mis nervios crecían a cada instante. Le dije “Vos no tenés problema que te haya llenado de sangre y semen tu vagina”. “No”, dijo con cierto deje de ironía. 
Fui a un centro médico de urgencias, y me sometí a un cóctel de medicamentos anti infecciones, los mismos que usan en casos de mujeres violadas. Les dije incluso que lo había sido, porque de otro modo no me habrían suministrado ninguna pastilla. Me vieron el frenillo , que era un desastre y continuaba sangrando (había dejado mi pantalón repleto de sangre), y nunca más, me repetía, nunca más algo así. Me aconsejaron me hiciera fuera del periodo ventana un examen de HIV. 
Pasé meses deprimido, asumiendo que estaba enfermo, que me iba a morir. Me recriminaba en la soledad de mi casa esa estúpida aventura. El telescopio lo tiré bien lejos, nunca más quise ver por las ventanas. Entonces llegó la fecha del examen y dio mal, muy mal. Estuve a punto de escribir esta historia en un foro de sexo en Internet, pero no lo hice. Porque ya me da todo igual. Muchas noches pienso en matarme, pero no lo hago. Prefiero esperar a morir cuando deba hacerlo. Pero habrá visto como son las casualidades, el amigo en común que tenemos me comentó que estaba usted por meterse a investigar eso de la mujer vampiro, no sé si es la que usted vio, pero por lo que cuenta debe serlo. Ya sabe mi historia, le aconsejo se alejé o la denuncie. 

CONCLUSION 

Vampiros no hay en esta historia. Sí, un ansia de sangre, una fantasía o fetichismo relacionado con el líquido vital de los seres humanos. Y sí hay un peligro real, latente, en una persona que se pasea a sus anchas por las calles desoladas de Buenos Aires a la pesca de aventureros que quieran una noche de diversión. 

Esta historia es opuesta a la de Dan Simmons. El enfermo es el vampiro, y no su víctima.



EL DRAGON DE METAL DE HARLECH CASTLE

Image Credit Flickr User Mike Hemming

Harlech Castle se encuentra en Irlanda, y fue edificado sobre un espolón de roca cercano al mar. La obra la llevó a cabo Eduardo I de Inglaterra como símbolo de su victoria sobre Llywelyn ap Gruffudd, el último príncipe soberano de Gales. 

Y aunque ya no es necesario proteger al castillo con cosa alguna, nunca falta un dragón para hacerlo: Dewi, el dragón. 

Con sus escamas de acero brilla al sol, y en la noche su silueta enmarcada con el fondo del castillo parece un eterno centinela. 

El dragón, como sabemos, significa muchas cosas. Pero para los galeses es algo tradicional y todo un símbolo. 



Image Credit Flickr User Paul Jones

Image Credit Flickr User Harry and Rowena Kennedy

Image Credit Flickr User Huw Harlech

Image Credit Flickr User Pixellie

LA HOMEOPATIA NO CURA NADA SEGÚN LA OMS


En efecto, así lo declara en su cuenta oficial de Twitter el organismo internacional encargado de la salud de las personas. 

Dice: 

“No hay ninguna base de evidencia de que la Homeopatía pueda curar. Los pacientes graves precisan cuidados intensivos.” 

En su oportunidad ya he hablado del timo de la Homeopatía. Y no falta el recuerdo de la doctora que no hace mucho atendió a uno de mis hijos que perjuraba que le había servido la homeopatía. Desde luego, funcionar funcionan los placebos. No siempre. Pero funcionan. 

Sin embargo, la frase rotunda de la OMS obedece a las locuras gestadas por el homeópata indio Wilton Noronha. 

Y es que, días atrás, afirmaba que la homeopatía curaba el ébola, una de las peores enfermedades mortales. 

Más allá de la sentencia de la OMS los análisis científicos demostraron que no existe otra cosa en los preparados homeopáticos que agua y azúcar. Y que la famosa teoría de su creador Samuel Hahneman es falsa.

LOS VISITADORES NOCTURNOS

Fuente de la imagen: click aqui
En la más completa quietud de la noche sucede. Mientras dormimos, aproximadamente a las tres de la madrugada.

El rumor dice que ellos ingresan en ciertos edificios seleccionados, y a las personas que duermen, y que se aseguran que no despierten, las someten a todo tipo de exámenes. Experimentos que a la mañana siguiente nadie recuerda, o que quedan visibles como inconexas marcas en partes de la anatomía.

No se trata de lo mundialmente conocido como visitantes de dormitorio; no hay extraterrestres en esta historia. Estos individuos, podrían considerarse como los visitantes nocturnos de edificios.

Veamos de qué va éste mito urbano siniestro.

LA LEYENDA

La noche llega, y las luces comienzan a encenderse en los edificios. De entre todos, algunos son seleccionados metódicamente por una organización misteriosa de personas –médicos algunos, genetistas otros – y esos edificios son abiertos para ellos con llaves maestras.

La gente queda petrificada en el sueño mediante el suministro de ciertos gases que desde la medianoche van haciendo efecto por debajo de las puertas.

Una vez dentro de cada propiedad, desnudan a las personas, las auscultan, toman muestras de vellos, piel, sangre. Les inyectan nuevos fármacos experimentales. Y así como ingresaron se marchan tragados por las sombras.

Nadie oye ni ve nada.

Ellos ingresan como sombras, y así desaparecen.

Intentando comprender este mito, comencé a indagar el origen del mismo: el barrio de Floresta. Y allí dirigí mis investigaciones.

LA GENTE DE LAS SOMBRAS 

Floresta es un barrio de gente adulta y muchos extranjeros de Bolivia. Donde encaucé mis pesquisas fue el video club de la zona, atendido por su dueño Carlos R.

 Cuando le referí el mito, enseguida lo recordó.

“Dicen que atacan a los edificios, porque hay más gente. Acá no hay muchos, como verás. Pero según me contaron unas clientas, hace unas noches atrás algo sucedió. Una de ellas, conocedora del mito por parte de una persona que los vio, a esa gente que se mete, decidió poner una trampa en su puerta: un minúsculo hilo casi invisible de media. Parece que la puerta se abrió en algún momento de la noche, ya que el hilo estaba roto a la mañana siguiente. Enseguida buscó con su compañera de departamento marcas en el cuerpo. Y ambas encontraron que tenían punciones en el cuello, detrás de las orejas, y moretones inexplicables. Me enseñaron las marcas detrás de las orejas. No sé qué creer.” 

Mariana, del kiosquito de Joaquín V Gonzales, me refirió:

 “Eso sucede cuando llueve, los días de lluvia aprovechan para entrar. Yo lo sé porque un amigo me contó que le pasó a un amigo” 

Decidí investigar la pista de Carlos, sus clientas. Le pedí me pasara el domicilio de esta mujer en cuyo cuerpo había una evidencia de que el mito podría ser algo más.

Tras rogarle, y prometerle que no escribiría nada sensacionalista, decidió darme los datos. El edificio quedaba cerca de Nazca y Tres Arroyos. Una construcción moderna y para nada achacosa.

Toqué el timbre que tenía agendado y , por portero, intenté hacerme entender sobre lo que hacía ahí. Hoy día se complica porque la gente vive en constante temor por la inseguridad; los vendedores son ladrones, los evangelistas son violadores; todo puede ser distinto de cómo era.

Y la mujer en cuestión, tras intentos de mi parte para que bajara a contarme en persona su vivencia y me enseñara las marcas, no quiso hacerlo.

No obstante, por portero eléctrico me confirmó la verosimilitud de la historia. Y que si yo era quien decía ser, debía denunciar esto que se estaba llevando a cabo en la más completa oscuridad de un Buenos Aires permisible a muchas cosas.

Le dejé mi correo de email, le referí mi webblog - para que supiera que no era un asaltante ni un loco cualquiera – y le supliqué me enviará una foto de las marcas halladas en su cuerpo.

Seguí recabando información en Floresta, en bares, kioscos, tiendas, mercerías, heladerías, librerías, y todos me aseguraron que el mito era verdadero, con algunas variantes:

Eduardo, de la pizzería de Nazca :

“Eso lo inventó una mujer que fue violada hace tiempo atrás por su ex novio. Para tolerar lo que le pasó inventó que habían ingresado personas en su propiedad y había sido víctima de una especie de abducción extraña”. 

Marcos (local de venta de carritos para niños):

“Oi algo de eso, no sé si será cierto. Si es verdad son unos hijos de mil putas los que hacen eso. Si pasa, es porque le da cabida el gobierno para que vengan a probar con nosotros los sudacas estos yanquis de mierda .” 

Regresé agotado a mi casa. Una tarde de pesquisas donde no gané mucho más que confirmar el rumor, aquel mito siniestro.

Decidí investigar un poco la historia de Floresta, a ver si había indicios de por donde pudo gestarse. Pero lamentablemente no encontré nada; el mito era reciente.

Quizá sucedía como Eduardo, el pizzero, aseguraba.

VISITADORES NOCTURNOS 

Al cabo de unas semanas, cuando ya había perdido todo aliciente para escarbar más en este mito, me llegó el correo de Nancy – tal es el nombre de la mujer que fue “marcada”:

“Hola Sebastián, 
Perdona la demora en la respuesta, se debió a dificultades laborales que no vienen al caso. Me tuvo amargada gran parte de estas semanas. Voy a adjuntarte la foto que me tomó mi amiga, y la que yo le tomé a ella, te pido por favor no las divulgues porque no quisiera mi cuello o la cintura de mi amiga sea expuesta en ningún medio masivo. Lo que te envío es para que vos solamente sepas que la historia que sufrimos es verdadera. Yo ya había oído que estaban ingresando a los edificios en la medianoche un grupo de personas que al principio pensé era una banda de ladrones, pero no roban nada como vulgares ladrones, lo que roban en realidad no lo sabemos porque lo que se llevan de nuestro cuerpo no podemos sospechar, supongo sangre, tejidos, no lo sé. Me desespera saber. Yo ya hice la denuncia en la comisaria de la zona pero como no hay evidencias para ellos, o sea, no robaron nada y las “marquitas” , como les llamaron, no les dicen nada, entonces no pueden hacer nada por nosotras. Te cuento ahora lo que me preguntabas, cómo estaba prevenida de esto que pasó y lo de mi amigo. No quise decírtelo por portero hasta no chequear que seas quien decías que sos, ahora que sé quien sos voy a confiártelo. Tengo un amigo homosexual que, las otras noches, hará meses atrás, nos contó que se había escapado de lo de sus viejos porque le habían hecho lio por su amante. Era medianoche y regresaba a su casa tras una discusión con el novio, y los vio a ellos. Había un coche negro con los vidrios polarizados detenido en doble fila a metros del edificio. Le llamó la atención el coche, porque los vidrios polarizados siempre dejan ver algo, al menos el del parabrisas, pero en este coche no era así. No le dio importancia e ingresó al edificio. Pero notó enseguida que estaba muy oscuro y que el ascensor no andaba, como si hubieran cortado la electricidad. Sin embargo, las demás casas y edificios de la zona estaban rebosantes de luz. Subió las escaleras penosamente, porque tenía como cinco pisos hasta su departamento. Y apenas llegó al primer piso oyó un siseo prolongado, como un globo desinflándose. Al toque, olió un olor raro, se sacó la camisa y se tapó la nariz con la misma. Pero cuando llegó al segundo piso el olor era peor y ya se sentía mareado. Lo último que recuerda haber visto es a una figura alargada de negro, con una especie de capucha y una máscara con un pico doblado, que lo sujetaba y lo llevaba arrastrando hasta su casa. Parecía haber salido de las sombras, donde se tira la basura. Al otro día amaneció en su cama todo pegajoso, con un dolor agudo en la ingle y bajo los testículos. Eso fue lo que me contó y entonces yo le creí y , aunque lo que le pasó a él fue en el barrio de Caballito, decidí por las dudas armar una trampa sencilla para ver si gente ingresaba de noche en mi casa. Soy una paranoica, lo sé, pero hoy sé que se justificó. Fue espantoso comprobar que sí lo hacen, que se meten en las casas, no sé cómo lo hacen porque yo dejo la llave puesta y pongo un cerrojo, pero lo hacen. Ya no sé a quién recurrir, si podes contar esta historia y difundirla te voy a estar muy agradecida. 

De inmediato, le respondí que necesitaba contar con el testimonio de su amigo. Era un testigo de primera mano que me acercaba a la leyenda desde sus raíces prácticamente.

Si era un mito reciente, se había gestado sin duda con ese muchacho. Una de dos: era algo real, o el muchacho desvió sus problemas personales a un ámbito de fantasía, fabricando un mito, y de esta manera buscó una defensa a nivel psicológico para reprimir lo que realmente vivió.

Nancy quizá en verdad era paranoica; porque esas marcas que ahora veía en fotos podrían haber sido el resultado de mosquitos, pulgas, lo que sea, sin incumbir hipodérmicas o escalpelos.

El hilo roto pudo deberse a infinidad de cosas. Entrar a un departamento con la llave puesta y cerrojo es prácticamente imposible sin violencia.

A las dos horas obtuve su respuesta, con el correo del muchacho. Enseguida le escribí, y antes de finalizar el día, con un cielo nublado y carbonoso, viendo por la ventana la ciudad lentamente vistiéndose de luces, recibí su respuesta.

TESTIGO DE LOS VISITADORES NOCTURNOS 

Ariel, tal es su nombre, viste camisa holgada. Tiene un piercing en la lengua con el que no para de juguetear entre los labios.

A cada pregunta, su mirada rehúye la mía. Estamos sentados en un bar en pleno Acoyte y Rivadavia.

Desde la ventana veo a la gente saliendo del rancio subterráneo, oteando el cielo de aquel otoño pronto a terminar.

¿Sospecharán que son sometidos en la noche por una sigilosa y misteriosa organización?. ¿Qué el dolor de la pierna quizá no sea de la humedad? ¿Qué el moretón inexplicable sea producto de algo más profundo?.

 Eso, si la historia que voy a desmenuzar es cierta. Y por ahora Ariel la verifica en sus detalles más escabrosos. Pero sigo indagando, afilando las dagas de preguntas.

Ese día no saco mucho, pero Ariel insiste en que lo visite en su casa para enseñarme donde sucedió todo, y que pueda ver detalles que quizá a él se le escaparon.

A la semana estoy tocando timbre en el edificio de la calle Formosa al 500. Da a una esquina, que es José María Moreno, a dos cuadras de la Comisaria y el centro de enseñanza de, entre otras cosas, Criminalística.

Teniendo amplias zonas de Buenos Aires más desoladas ¿Por qué escogerían, de existir estos visitadores, este edificio tan cerca de la policía?.

Mis iniciales sospechas comienzan en el lugar de los hechos. Las cerraduras del departamento de Ariel son muy difíciles, sino imposibles, de abrir sin violencia.

No imagino ganzúas sirviendo a tal efecto, ni tampoco copias a través de silicona de las cerraduras. Sellan arriba y abajo, y es blindada la puerta. ¿Con qué se sirvieron entonces estos visitadores?.

Cuando se lo señalo, Ariel se encoge de hombros y me mira con la frente arqueada. Vuelve a jugar con el piercing entre los labios.

Sigo inspeccionando los pasillos, a la búsqueda de algún vestigio de lo sucedido, no sin dejar de sentirme un idiota. Ariel, no obstante, me dice: “pasó hace meses, no creo veas nada”.

Y es cierto, no hay nada más que limpieza.

En la puerta de entrada, me despido de Ariel cavilando sobre su conflicto personal con aquel novio y este mito moderno urbano.


RESOLUCION DEL CASO 

A las dos semanas, tras investigaciones con amigos periodistas, consultar en la hemeroteca antecedentes similares, hablar con vecinos del edificio (que no me quisieron atender siquiera) llegué a un fondo hueco con la historia.

No daba para más.

Decidí seguir con otras pesquisas – como el caso de la mujer vampiro de Recoleta que tiempo habrá para tratarlo en este espacio – y no darle más importancia a este asunto.

Al poco, sin embargo, me llegó un correo de Ariel pidiéndome que nos encontráramos, que habían regresado.

No lo dudé un segundo, tomé mis cosas, y partí en el acto. En el mismo bar de la vez pasada me encontré con un Ariel de aspecto enfermizo, muy pálido, con marcadas ojeras.

Me dijo que su presencia deplorable se debía a los abusos por parte de estos visitadores nocturnos. Que habían ingresado de nuevo. Y sin contemplación, lo habían sometido a todo tipo de escrutinios.

Me enseñó magulladuras, moretones, rasguños, que enseguida me parecieron esclarecían estos hechos. Tuve una intuición, y tuve que señalársela.

Como si fuera un experto en tales cosas, le dije:

“Esas marcas que me enseñas son producto de la violencia, no creo que si son tan silenciosos y meticulosos estos visitadores usen la violencia en ningún momento. ¿Cuál es la verdad Ariel?.¿Quién te lastimó así?” 

Palideció, si cabe, aún más. Desvió la mirada, y luego, mirando sus uñas con mugre dentro, me dijo lo que realmente había sucedido.

El mito era un invento suyo.

Al parecer, se había mudado a lo del novio en plena tensión familiar. Allí estuvieron de fiesta en fiesta, y de pronto descubrió que de quien se había enamorado no era como imaginó. Traía otros hombres para verlos manteniendo relaciones sexuales, inclusive alguno se incorporaba y efectuaban un trío. Rechazaba el preservativo y en todo momento lo sometía a vejámenes que lo entristecían.

Pero la noche en que todo se desencadenó, fueron al boliche Amerika, lugar del ambiente gay popular en Buenos Aires, y allí un grupo de hombres abusaron de él en plena discoteca, en la sección del túnel, donde hay sexo sin control y reina la más absoluta oscuridad.

Ruborizado, me confesó que había sangrado, y en un hospital de guardia le habían removido un preservativo roto dentro del recto.

Humillado, dolorido, regresó a donde sus padres. Cuando sus amigas le preguntaron qué le había sucedido, al verlo tan mal al pobre, él ideó aquella leyenda urbana de los visitadores nocturnos.

Y al hacerlo, me dijo, se sintió liberado del trauma que había experimentado. Las mujeres, creyentes - y , como Nancy misma dijo: “paranoicas” - confundieron hechos ordinarios con extraordinarios. Trasladaron el mito a un video club vecinal, y de ahí, el propio dueño se encargó de proliferarlo a sus clientes, y estos a amigos.

Finalizo con las palabras de Ariel:

“Te cité de nuevo no sé si para contarte la verdad, pero sí para decirte que haber inventado esta historia me sirvió de terapia. Estas marcas que ves ahora, me las hizo mi novio ayer a la noche. Sí, soy un boludo. Volví con él. Qué querés que haga, me tiene atrapado. No puedo resistírmele. Ahora lo sé. Quisiera no dijeras mi nombre verdadero, porque suficiente problemas tengo ya. Otra cosa, también, te cité porque me gustaste y quizá por eso te conté la verdad”. 

¿Cómo hacerle entender que en mis jardines sólo las rosas me interesan?.

TRASCENDENCIA : EL REINO DE DIOS EN UNA COMPUTADORA


Hace unos días atrás tuve la idea. Y el sábado, viendo la película Trascendence, volvió a resurgir. 

Básicamente consistía en solicitar a las personas una gota de sangre, para almacenar el código genético provisto, y poder encapsularlo en una espora – cuya capacidad de supervivencia la haría inmortal – para repoblar nuevos mundos con ese acervo genético de todos los que les interese el proyecto. 

Había chequeado nombres posibles para llevar adelante la idea. Muchos me miraron sorprendidos. Y no faltó quien dijera que me convertiría en el “Vampiro de Wall Street”

La dejé de lado la idea. 

Necesitaba una infraestructura y tiempo del que carezco. Entonces se me ocurrió otra idea que hace tiempo venía digiriéndola (y que en novelas de ciencia ficción que escribí llevé adelante): crear un clon digital humano

El proyecto consistiría en almacenar todos los eventos que describen a una persona, sus memorias, las fotos y videos que lo sustentan, y unirlo a una AI (Inteligencia Artificial) capaz de asimilar como propia toda aquella información. 

Pues parece de novela de ciencia ficción. Y sin embargo, me han ganado de mano los americanos en ambos proyectos: las muestras genéticas y el banco de memoria humana para la clonación digital. 

El proyecto se llama LifeNaut, de la Terasem Movement Foundation. Una vez te registras puedes cargar toda la información que consideres define tu personalidad, fotos, videos, tienes varios gigas para almacenar a tu disposición. 

La idea es que en el futuro eso constituya una forma de acercarse a la esencia de tu alma y, a una mente digital preparada para ello, volcarle esa esencia. 

Según Bruce Duncan, director de la Fundación del Movimiento Terasem, en el futuro se podrá ordenar toda esa información para extraer lo que podría llamarse el alma de la persona, pero que definen como Bemes

Un Beme, como el atómo en física, sería la unidad más reducida de la conciencia de un individuo

También apuntan a que envíes una muestra genética (no necesariamente sangre) para el mismo propósito de trascendencia. Lo mismo los robots sociales.

Les dejo el link para curiosear. (Click aquí)

EL MITO DEL ALQUIMISTA DE MATADEROS ¿DONDE ESTA LA VERDAD?: LA ULTIMA INVESTIGACION.


Para uno que anduvo – y lo hace todavía, ya mejor encaminado – husmeando en los meandros de la alquimia, aquella investigación llevada a cabo por Guillermo Barrantes y Víctor Coviello, los cazamitos de Buenos Aires, me puso en guardia. 

Y no se debía a la afirmación fantástica de que un inmortal deambulara a sus anchas por el barrio de Mataderos, específicamente en el pasaje Viejobueno. No. 

Se debía a que tal persona había logrado ese milagro a través de un Elixir secreto, y que, no sólo lo usaba para si, sino que si tenías la fortuna de cruzarte con él y te invitaba un buen mate, podías pasar unos años viviendo sin enfermedades

Si esto fuera verdadero ¡qué bien le haría a tantos niñitos que están en tratamiento oncológico ahora mismo y acaban sus vidas sin haberlas empezado siquiera! ¿No merecerían una oportunidad a través de este Elixir misterioso?. 

Más allá de eso, es cierto que la leyenda era del todo atractiva para alimentar mis ansias de ficción. Porque, como dije, la vena por lo fantástico no me ha abandonado jamás (no sería escritor de novelas de ficción de otro modo). 

Pero creo que todo tiene una base sólida, magnánimamente real. Y allí fui en su búsqueda hacia Mataderos. 


PASAJE VIEJOBUENO 

video

Creo yo, era la primera vez que andaba por estos lares: Mataderos. Tomé el colectivo 55 que me dejó en Directorio y Miralla, justo enfrente a un restaurante. 

Cuando avanzaba por Miralla, observé por los cristales del restaurante un viejo sentado, largo, de cabello peinado hacia atrás, arrellanado solo tomando su desayuno. 

Por un momento imaginé que podría tratarse del hombre al que buscaba. Según la información que tenía en mi poder – que no era mucha – el alquimista, o bien uno de los longevos íntimos del alquimista, se llamaba Ernesto. (Para comprender mejor lo que hacía allí y la información que tenía léase Buenos Aires es Leyenda tercera parte.)


Guillermo Barrantes no me quiso facilitar la dirección, y tampoco insistí mucho. El pasaje constaba de tres calles que podría recorrer de palmo a palmo y , consultando entre vecinos, dar con la propiedad del hombre en cuestión. 

Ernesto era un hombre que, según las descripciones de Barrantes, superaba los dos metros de altura. Barbado, de ojos penetrantes, voz grave. Digamos, no pasaba desapercibido. 

Pero lo habían entrevistado, de ser cierto todo, hacía al menos seis años atrás. Como sea, seguí caminando por Miralla hasta dar con algo que me hizo recordar los Mataderos del siglo pasado. Una especie de fábrica inmensa. 

Ya en el pasaje en cuestión, observé el silencio y lo desolado que estaba todo. Salvo un hombre de pie bajo los rayos del sol, que me observó apenas aparecí en el pasaje, no había nadie. 


Comencé a tomar algunas fotos, y a caminar. En el trayecto, de cierta casa me salieron tres perros ladrándome. Uno de ellos amagó lanzarme un tarascón. Pero lo eché de un chasquido con la lengua. 

En la última cuadra del pasaje vi dos hombres conversando, pero decidí volver al inicio. Cuando lo hacía una señora mayor salió de su casa y aproveché para preguntarle. 

Me aseguró que nadie con el nombre y descripción ofrecida vivía en esa calle, que siguiera caminando por el pasaje que quizá vivía en las otras cuadras.


En las siguientes le pregunté al hombre de pie (cuya imagen adjunté más arriba). De boina, con campera para montaña y pantalón de vestir, el hombre pasaba sus días en la calle observando. Una especie de pasatiempo para huir del claustro de su hogar. Negó conocer a Ernesto y a persona alguna que correspondiera con las descripciones físicas que le hice. 

Seguí caminando y vi salir del taller de la esquina un hombre con traje de overol y las manos y ropa engrasadas. Le pregunté sin preámbulos. 

Se detuvo un instante, esforzándose para hacer memoria. Pasaron varios segundos. Al cabo, me confesó no conocía a nadie que concordara con mi descripción. 

Seguí preguntando.


Una señora que caminaba por el pasaje fue la siguiente. No conocía a tal hombre, pero si a uno que concordaba con la descripción de la alta envergadura. Me señaló una puerta de madera marrón, y me dijo que vivía ahí. 

Ahí vive un hombre alto y flaco de cabellos grises. Fuma mucho todo el tiempo”. 

¿Fumaba Ernesto?. Lo dudaba. Al menos no en la imaginería que me había concebido. Ernesto tenía, mínimo, 150 años. Me costaba imaginarlo con cigarrillos. Pero no conforme, la señora me dijo que la acompañara y que preguntaría en un comercio a la vuelta. 

Del comercio negaron conocer cosa alguna, las señoras no sabían de quien hablaba. Me alentó siguiera preguntando y probara en la puerta marrón. 

Observé la fachada, desvencijada, de la casa, y dudé un instante. Al fin, crucé y a punto de golpear la puerta marrón oí llantos de criaturas provenientes de adentro: no podía ser. Ernesto vivía solo. Sin familia. 

Al menos me había hecho a la idea de eso al leer la crónica de Barrantes y Coviello

Indagué con dos mujeres más, una que paseaba el perro; otra en cuya puerta tenía un emblema esotérico extraño. Nada. 

No conocían a tal hombre. 

Regresé melancólico y enojado por la pérdida de tiempo. Al final, era un mito-timo. Sin embargo, la vejiga me ayudaría a dar con la pista. 


EL ALQUIMISTA EVASIVO 

Dije la vejiga, leyó bien lector. Y me explico. Desde que había abordado el transporte que me condujo a Mataderos, me incomodaba una necesidad fisiológica básica que era, ni más ni menos, orinar.

Debido a que en la zona no disponía de muchos lugares qué escoger, decidí probar en aquel restaurante. Pedí permiso al mozo que atendía el lugar, y subí las escaleras hasta el toilet.

Salí relajado viendo fijamente al anciano que estaba sentado todavía con su desayuno sobre la mesa. No iba a hablarle al anciano, pero no le quitaba el ojo, por las dudas.

Entonces empecé a hablarle al mozo de Ernesto, lo describí, y dije bien fuerte –para que me oyera el susodicho anciano - por qué razón lo buscaba. Razón que hasta ese momento había ocultado a mis ocasionales entrevistados.

Y cuando dije “conocés el mito del alquimista de mataderos”, Elio, el mozo, negó con la cabeza pero se quedó pensativo.

Y ahí recordó, basado en las descripciones que le había hecho y el nombre, de un Ernesto que vivía en Viejobueno, pero que se había mudado a Villa Lugano, cerca de donde tiene su joyería entre las calles Chilavert y –parece increíble – Piedra Buena.

Y como no podía ser de otra manera, la joyería se llama Lyon. Nombre sugestivo alquímicamente hablando. Elio me contó que todas las noches pasaba por aquel restaurante y retiraba su comida. Eso me hablaba de un hombre solitario, sin familia ni esposa, que pasaba todos los días a buscar su cena pasadas las 21 horas.

Agendé todos los datos, y decidí que tenía dos alternativas. Ir a la joyería o encontrarme a las 21 horas en aquel restaurante con el anciano. 

 DOMICILIO EXACTO DEL ALQUIMISTA 

Antes de ir, quise cerciorarme de que Barrantes no me iba a pasar más información. Volví a contactarlo, y negó poder ofrecerme información sobre el domicilio del alquimista en Viejobueno.

Pero añadió:

“Lo que si puedo decirte es que la casa del Alquimista no se encuentra (o se encontraba) ni en la primera ni en la última cuadra de Viejobueno” 

Con esa minúscula información, a priori inservible, yo me hacía la idea de restringir la zona de búsqueda tocando uno a uno los timbres de esa calle. Pero todavía tenía la joyería, y el alquimista supuesto que trabajaba ahí. Tenía esa carta por jugar. Carta que me abriría las puertas a la verdad. 

CARA A CARA CON EL MITO

Supongo que uno al investigar agudiza la observación. Por eso, mientras viajaba en subterráneo, observaba atentamente los rostros de los pasajeros haciéndome una idea acertada o no de sus intereses y ocupaciones.

Y allí, de pie, un hombre con el rostro mefistofélico, parecía mirar el pasaje con sorna, las cejas arqueadas, y una frente aplanada sumamente extraña. Parecía sonreír con los ojos de manera perversa.

Al lado mío, dos hombres hablaban de acostarse por cincuenta pesos con prostitutas, relatando al mismo tiempo que necesitaban un Héroe que los sacara del apuro del gobierno del país.

Me tomé el transporte de línea 141. Y apenas me senté, abrí el mapa donde tenía marcado – con una X- la calle de la joyería: Chilavert y Piedrabuena.

La avenida Piedrabuena, más precisamente, que flanquea a la nada menos que Villa 15, conocida como Ciudad Oculta. Esta zona, en la noche, es altamente riesgosa transitar.



Y cuando bordeaba con el autobús dicho barrio, con las casas desconchadas y de ladrillos mal puestos, la ropa colgada de lado a lado y la gente caminando por suelos de tierra, me hacía la idea de cómo debería ser a la noche. 

No me hubiera gustado bajar ni de día en esa zona.




Finalmente arribé a Piedrabuena y Chilavert, y , como no podía ser de otro modo, la joyería estaba cerrada.

No obstante, no me desalenté. Toqué timbre a la casa de al lado, y una mujer desde el piso superior me dijo que volvía a abrir a las 17hs, es decir, en una hora.

Mientras hacía tiempo, y considerando no había almorzado, me dirigí a un restaurante que usé como centro de operaciones.

Subí al solitario piso de arriba y ahí encargué tostados y dos medialunas con un té. Impaciente, aguardaba la hora y – soy sincero – fantaseaba con la idea de que un ser de la magnitud del alquimista existiera.

Como un niño, jugaba con la fantasía de que me iniciara, me enseñara su Elixir o , cuando menos, me invitara a tomar un mate “sabiamente” preparado.

Llegó la hora y crucé a la calle de la joyería. A metros me di cuenta que estaba abierta. Ingresé a toda velocidad, y apenas escuchó el ruido de la puerta, el hombre me dijo:

“En un momento estoy con usted”. 

Aguardé, impaciente, frotándome las ateridas manos. Entonces salió de atrás de una vitrina y lo vi. No tenía ni dos metros ni era barbado, ni tampoco tenía los ojos oscuros y profundos. Sus ojos, color verde esmeralda, reflejaban un hombre honesto, sincero, que trabajó toda su vida en su joyería.

Lo encaré, le pregunté su nombre que no resultó Ernesto, sino Héctor. Y le dije que estaba buscándolo, que si vivía en Viejobueno.

“Sí, hasta hace dos años viví toda mi vida en Viejobueno. Naci en esa calle y conozco a todos los de mi cuadra.” 

¿Conoce el mito del alquimista de mataderos entonces?.

No, nunca oi hablar de eso. Y mirá que sí he escuchado de todo. Sé de leyendas vivas o fallecidas que vivieron en el barrio. Cantantes famosos que nacieron en calles cercanas. Puedo decirte que al menos en la cuadra donde vivo no hay nadie que sea alquimista ni que se llame Ernesto.

¿Y que mida más de dos metros de altura?.

No, no conozco a nadie con esa descripción. 

¿En qué cuadra vive usted?.

Justo en la del medio. 

Recordé entonces las palabras de Barrantes, y su dato terminó de cerrar el círculo: el mito era un invento.  

Nunca hallaría al alquimista porque ese alquimista provenía de los laberintos de la imaginación de estos dos escritores de ficción como son Barrantes y Coviello.

Héctor me aseguró con toda su sinceridad, que en casi 60 años que vivió en dicha calle, jamás oyó ni vio a nadie de las características mencionadas.

Además es cierto: un hombre como Ernesto, muy estereotipado – dos metros de altura, ojos profundos, barbado – sería sumamente llamativo en el barrio.

Las personas altas siempre lo son.

Héctor sólo confirmó lo que ya había estado investigando en Viejobueno con sus vecinos: no había nadie que viviera en dicha calle con las características de Ernesto. 


CONCLUSION 

Esta investigación debe servir a modo de ejemplo cómo hay cierta fascinación pueril en uno al investigar algo que, racionalmente, no puede ser posible.

Y que, si se hubiera usado la razón antes de lanzarse al terreno, la verdad habría asomado sin lugar a dudas.

Bastarán unos ejemplos sencillos de analizar.

Un hombre que tiene un elixir que cura las enfermedades, que prolonga la vida, si existiera, lo último que haría sería dar a conocer su longeva edad a periodistas de lo insólito para que en sus tiradas de miles de ejemplares lo dieran a conocer al público masivo. Se guardaría el secreto o lo vendería a un laboratorio para ayudar a los niños en terapias oncológicas.

El perfil de Ernesto: estereotipado. Clásico de un arquetipo poderoso: alto, barbado, de mirada penetrante. Es la definición perfecta de un personaje de ficción que, por otro lado, a todos nos gustaría fuera verdad. No puede ser bajito, gordo, de nariz rechoncha. No. Debe tener voz grave, ojos de fuego, y altura de dios.

Ahora es interesante como se unieron las supuestas “pistas” para una calenturienta mente como la mía:

La avenida Piedrabuena y Chilavert se convirtió en un escenario fantástico. La joyería Lyon (León) , cuyo nombre, me contaba Héctor, se debe no a caprichos alquímicos sino a caprichos regionales (el antiguo dueño era fránces y amaba Lyon, una ciudad francesa), la soledad del joyero que alentaba el mito del alquimista solitario cenando en la casa solo rodeado de matraces.

Además ¿qué mejor oficio para un alquimista que transmuta metales en oro que una joyería que dice en grande Compro Oro?

Como digo, todo esto alentó mis ideas de que estaba en la pista correcta. Pero bastó una breve charla con el involucrado para desmontar todo el mito-timo.

El niñito que hay en mi quiso creer: pero el adulto, más sagaz y experimentado, le tomó del hombro, y viéndolo fijamente le dijo: “no te creas todo”. He aquí la verdad.

Ahora comprenderán mejor porqué soy escéptico, y escribo lo que escribo. Un fraude más al cajón.

SIN LUGAR PARA LOS HEROES: CONCURSO AMAZON Y EL MUNDO

Ezequiel Szafir, vicepresidente de Contenido de Kindle Europa, con Casimiro García-Abadillo, director de EL MUNDO. Foto: CARLOS GARCÍA POZO

Amazon y El Mundo lanzaron un concurso de novela inédita. Y como no podía dejarlo pasar, ya que tengo cuenta con Amazon y publicado algunos libros en versión Kindle, decidí escribir una idea vaga que me rondaba en la cabeza. 

El resultado ha sido : Sin lugar para los Héroes. 

El problema, a mi entender, es que ganar el certamen no tiene que ver con que lean los del jurado los libros y decidan sobre todos: sino por las ventas que haya tenido en dicho portal

He aquí el link donde aparece el mío. 

Como verán, posicionarse si no hay ventas, y ser escogido como ganador depende de si el autor tiene un gran grupo de amigos o familiares o inclusive potenciales lectores que adquieran su libro. Pero a priori los conocidos – amistades – son los que lo rankean para que ahí recién se interese el público en general. 

En mi caso estoy bastante solitario en este sentido. Y no es una excusa. Es la verdad. Los amigos que tengo - escasos - no tienen cuenta en Amazon para rankearme (no es necesario comprarlo siquiera para rankearlo, pero sí haber usado la cuenta Amazon comprando alguna cosa alguna vez). 

De modo que lo dejo para quien lo quiera leer. 

Es la historia de un hombre y cómo va cambiando paulatinamente a medida que el misterio de la desaparición de su hija menor lo carcome.

Toca la pedofilia, las redes o sociedades secretas de Snuff, y muchas cosas más.

El hombre, al final de su largo recorrido de autodescubrimiento, comprenderá que se enfrenta a fuerzas mucho más allá de sus capacidades. Y esas fuerzas terminan controlándolo a él. 

La idea es que sea una saga, pero ya veremos.