Investigaciones de campo

En este blog verás, en muchas entradas, investigaciones en el terreno donde suceden los fenómenos misteriosos.

¿Existe dios?

Encontraréis muchas entradas con nutrida información sobre el milenario tema de dios, su inexistencia o posible existencia.

Fotografía

Impresionantes imágenes a todo color.

Descubrimientos científicos

La lucha contra las enfermedades, el alargamiento de la vida, los genes.

EL LAGO BAIKAL CONGELADO


No tuvieron mejor idea que irse al lago Baikal, en los parajes siberianos, y tomarse fotos con el coche de fondo sobre ese suelo tan congelado.

Las fotos pueden ser excelentes fondos de pantalla.











EL POLEMICO ESTRENO DE LA SERIE COSMOS

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Se estrenó Cosmos. Y como era de esperar, las réplicas de los creyentes no se hicieron esperar. Con una audiencia de 8.5 millones de personas sólo en Estados Unidos, y con un presentador que otrora fuera alumno del memorable Car Sagan, nada menos que el astrofísico Neil de Grasse Tyson, era obvio que si se hablaba del universo sin mencionar a dios en el asunto iban a crecer las críticas de parte de dichos grupos religiosos. 

En efecto, muy lindo lo de la tierra como una mota de polvo en un universo y multiversos, pero ¿Dónde está dios? ¿Por qué no se lo menciona? ¿Por qué hablaron de Giordano Bruno, quemado en la hoguera por decir que el Sol era una estrella más en el universo?. ¿Cómo van a decir que la Luna fue creada por el impacto de un asteroide contra la tierra? ¡Eso es herejía!. Y en 8.5 millones de espectadores – que no almas – más herejía todavía. 

Así es. Desaprueban todo. Porque todo lo que en Cosmos se dice va en contra de un martillo de la verdad: un libraco con supercherías de tiempos diluvianos escrito por gente que no conocía los iPod

Ahora me explico por qué la censura en una parte del documental que leí por ahí (click aquí). ¿Será así? ¿Alguno de la cadena Fox se sintió tocado en su creencia en el omnipresente?

Como sea, como dice Neil de Grasse Tyson, la Biblia y sus textos sagrados no son una fuente científica para nada. Y siendo así, lo que Cosmos revelará se ciñe a los descubrimientos modernos de ciencia, y no a leyendas medievales. 

ADONDE VAMOS? POR DAVID COIFFIER


Como insectos, como bacterias, eso es lo que parece a simple vista uno de los ángulos que nos ofrece David Coiffier desde Pixel’s Revenge en su video de timelapse filmado en todo el orbe. 

Este video, a mi entender, tiene un corte existencialista. Lo ve todo desde arriba, una mirada contemplativa y objetiva de la raza humana y la pregunta de ¿adónde vamos? ¿para qué estamos?. 

Para ello se recorrió algunos de estos lugares: París, Nueva York, Petites Dalles, Normandía (acantilados y la playa), Martinik (nubes), la isla de Mare, Nueva Caledonia, Queyras, Alpes, Toscana (nubes), La Clusaz, Alpes, (nubes del mar), - Ladakh, India, y Las Campanas, Chile (cielo de noche ). 

AGUA CONGELADA EN TIMELAPSE


El poder de la naturaleza expresado en su más abundante sustancia: el agua congelada. 

En este video impresionante, de la mano de los hermanos Patrick y Henrick Shyu, vemos, mediante la técnica de timelapse, el misterio de la naturaleza al desnudo en Islandia. 

Recomiendo verlo con volumen alto . Es impresionante. Y es un trabajo en la naturaleza que se renueva día tras día.

Lo que lo hace más sublime. 


EL CHARLATAN DE BRIAN WEISS AL DESNUDO

Debo decirlo de una vez. Hasta ahora nunca cerré una entrada de este blog para sus comentarios, pero me cansaron los comentarios en el artículo de Brian Weiss.

Parece ser que lo único que leen es el problema que tuve en aquel congreso con la gente que lo auspiciaba, en lugar de ver que aquello fue un detonante para buscar la verdad sobre este psiquiatra metido a médium y charlatán de categoría elevada. 

Veamos un poco los puntos que se deben rescatar de la "filosofía" de Weiss. 

1. No da información sobre el caso emblemático que le hizo cobrar fama. Da lo mismo si su personaje existió de verás o no, los creyentes no se cuestionan que no exista siquiera un audio de las regresiones (aunque sea con la voz distorsionada) o un documento que avale que existió la mujer con los traumas mencionados.

2. Weiss afirma que recibió de sabios del más allá, espíritus altamente evolucionados, este mensaje: “Debemos ser como Sai Baba que es amor en acción”. Ciertamente ya se descubrió, a través de innumerables videos, que Sai Baba fue un charlatán que hizo trucos de prestidigitación para encantar a las masas, que fue acusado de abuso sexual con sus neófitos, y hasta falló en su vaticinio de su propia muerte. 

3. Los propios errores de la doctrina de la reencarnación. Enumeré en este blog muchos de ellos. Explicaciones mucho más sencillas que la de creer que vivimos otras vidas. Entre ellas, la Criptomnesia, la memoria escondida de eventos que no recordamos haber vivido. 

4. Las técnicas de Weiss de regresiones esconden un problema: la falsa memoria. Se ha fundado inclusive una institución al respecto encargada de casos en personas a las que les han “inyectado” un falso recuerdo proporcionado por el propio terapeuta y sus arraigadas creencias personales. 

Si usted decide creer en la filosofía de Weiss contra el sentido común y el propio razonamiento lógico, es libre de hacerlo. Así también soy libre de decir lo que pienso sobre este personaje que lucra con la ignorancia ajena, que se rodea de populacho necesitado de respuestas sobre la muerte. 

Porque la muerte es el miedo que late en todo ser humano y quien se alce con respuestas sobre la misma es candidato al fervor y al aplauso…aunque lo que diga no sean más que puras mentiras.

LA CONVERSION DE LEV TOLSTOI AL CRISTIANISMO


Sin duda ha sido uno de los mejores escritores de todos los tiempos. En sus cuentos, en especial, narra moralejas con un sentido moralista incuestionable. Me refiero a Lev (o León) Tolstoi, escritor ruso autor de Guerra y Paz, Anna Karénina, Resurrección, entre otros muchos. 

Como ya comenté en otro informe, Tolstoi tenía una búsqueda espiritual que únicamente pudo encontrar paz con la idea de la existencia de dios. Era eso, o tomar la soga y colgarse, pues estaba realmente angustiado – desesperado – y otra forma no veía a la vida absurda, como él la definía. 

En su libro, Confesión, narra con lujo de detalles este proceso de conversión de ser creyente a ser ateo y de ateo a cristiano finalmente. 

Su creencia inicial era fruto de la idiosincrasia de su familia, por tanto, no le fue difícil desprenderse de la misma. 

Su ateísmo se había ido asimilando a través de las guerras en las que participó. A su vez, el presenciar una decapitación pública fue un hecho que lo hizo reflexionar mucho. 

“Cuando vi desprenderse la cabeza del cuerpo y los oí caer por separado dentro de la caja, comprendí, no con la inteligencia sino con todo mi ser, que ninguna teoría de la racionalidad de la existencia y del progreso podía justificar un acto semejante” 

Poco a poco, en sus años de juventud se sumerge en excesos de todo tipo que incluían el crimen: 

“No puedo recordar aquellas años sin horror, sin repugnancia y sin un dolor en el corazón. Mataba hombres en la guerra, retaba a otros a duelo para matarlos, perdía dinero jugando a las cartas, dilapidaba el fruto del trabajo de los campesinos, los castigaba; fornicaba, me valía de engaños. La mentira, el robo, la promiscuidad de todo tipo, la embriaguez, la violencia, el asesinato…No existe crimen que no hubiera cometido, y por todo ello me alababan”. 

EL ÉXITO LITERARIO Y LA MUERTE 

Empieza a escribir por vanidad. Tiene un enorme éxito pero eso no le conmueve en lo más minimo. En su mente resurge una duda que lo enfrenta al dilema milenario sobre la muerte. 

“Muy bien, serás más famoso que Gógol, Pushkin, Shakespeare, Moliere, y todos los escritores del mundo ¿y después qué?. 

En efecto, para Tolstoi, como para muchos grandes pensadores del pasado y presente, la vida no es otra cosa que un absurdo. 

“La verdad era que la vida es un absurdo”. Que nada de lo que hiciera tendría validez ante la muerte inexorable. 

“Y sin embargo, no podía detenerme, ni dar la vuelta atrás, ni cerrar los ojos para no ver que delante no había más que el engaño de la vida y de la felicidad, y los sufrimientos verdaderos y la muerte verdadera: el aniquilamiento completo”. 

Ante estas reflexiones pesimistas, era obvio que se abocara al suicidio: que lo deseara, lo soñara, lo buscara como un medio de liberación. 

A la idea se sumaban muchos filósofos que había reflexionado de igual manera. Uno de ellos, Schopenhauer

Por eso, “la idea del suicidio se me ocurrió con tanta naturalidad como antes las ideas de mejorar mi vida”. 

Pero era cobarde en este sentido; de otro modo no habría hoy día Tolstoi. Empleaba ingeniosos ardides para evitar quitarse la vida. 

No tentaba la idea. Aunque pensara que “ Mi vida es una broma estúpida y cruel que alguien me ha gastado”. 

LA INEVITABLE MUERTE 

“Hacia tanto tiempo que era de dominio público. Si no es hoy será mañana cuando lleguen las enfermedades y la muerte (de hecho ya se están aproximando) para los seres queridos, para mi y no quedará nada, salvo pestilencia y gusanos. Mis acciones, sean las que sean, tarde o temprano caerán en el olvido, y yo ya no existiré ¿A qué viene afanarse, pues? ¿Cómo puede una persona vivir y no darse cuenta?.” 

A esta conclusión, del todo lógica, llegaba Tolstoi en su plena madurez intelectual, atizado por ese abismo llamado muerte. Lo que plantea es razonable. Es lo que es: 1 =1. 

Lo refleja a través de una analogía con un cuento. 

Un hombre huye de un dragón, pero llega a un abismo. Antes de sucumbir a éste, se trepa en un árbol que crece al pie del mismo para evadir el dragón. Pero dos ratas gigantes vienen a roer el árbol y sabe que tarde o temprano caerá, o bien en las fauces del dragón o bien en el abismo. Su muerte es inevitable, y sin embargo, se aferra al árbol y lame la dulce miel que brota de sus hojas para tolerar lo que sucede. 

Este ejemplo lo extrapola a la gente común: nadie descuida que existe la muerte, pero hay cuatro formas de evadirla. 

1. Viendo el dragón e ignorándolo como si no existiera. 
2. Viéndolo y bebiendo toda la miel posible y buscando medios de extraer más miel para en el goce olvidar lo que se aviene. 
3. Dejándose caer a lo inevitable. Es decir: matándose. 
4. Viviendo en la desesperación sabiendo cual es el medio de liberarse: el suicidio. 

Este último camino opta Tolstoi - el mismo de Schopenhauer, Ciorán, y tantos otros - , y decide investigar sobre la inexorable muerte. 

Y en ello pone todas sus energías a lo largo de los años. 

“No lo hice con poco entusiasmo, por vana curiosidad; sino dolorosa, persistentemente, día y noche, como un hombre a punto de morir busca la salvación”. 

Así se topa con los pensadores que reflejan la misma desesperación que ya cargaba. 

LOS FILOSOFOS DE LA MUERTE 

Así es. La tarea que emprende Tolstoi lo sumerge en el nihilismo. En el pensamiento de que “el único conocimiento absoluto accesible al hombre era la absurdidad de la vida”. 

Busca en todos lados, se contacta con gente brillante y de pensamientos profundos, todos le sugieren a lo que él había llegado por si mismo: la absurda existencia

La pregunta que arrastraba este noble escritor ruso a los 50 años – y que le condujo a las puertas del suicidio - era una pregunta muy obvia que todos, más tarde o temprano, nos efectuamos en algún momento: 

“¿Para qué vivir, para qué desear, para qué hacer algo?” 

O formulada de otra manera: 

“¿Hay algún sentido en mi vida que no será destruido por la inevitable muerte que me espera?"

Ante la muerte todo es vano. Todos los sueños, deseos, frustraciones, ¿qué importancia tienen ante la muerte? Sólo una ciencia que se ocupase de resolver – intentarlo – el dilema puede invertir esta desesperación ante lo inexorable. O bien lo que finalmente logra Tolstoi: suprimir lo que le llevaba a esa desesperación y que ya veremos qué fue. 

Al investigar la ciencia, y los pensadores de su tiempo, concluye que esto no le sirve para nada: 

“Necesito conocer el sentido de mi vida, y el hecho de que ésta sea una partícula del infinito, en vez de darle sentido, destruye todos los sentidos posibles”. 

Entonces acuden a su mente los sabios de siempre: 

“No nos acercamos a la verdad sino en la medida que nos alejamos de la vida”, dice Sócrates

Ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros todo será olvidado, y lo mismo morirá el sabio que el necio”, así afirma Salomón, añadiendo que “todo es pura vanidad” y que, “no hay nada nuevo bajo el sol”. 

Si hiciera falta más para lograr su arraigado pesimismo, Tolstoi cita a sus tres fuentes preferidas: 

“La vida del cuerpo es un mal y una mentira. Por eso la destrucción de la vida del cuerpo es un bien, y debemos desearla”, dice Sócrates

“La vida es lo que no debe ser, un mal; y el tránsito a la nada es el único bien”, dice Schopenhauer

“Todo en el mundo, la necedad, la sabiduría, la riqueza, la miseria, la alegría, el dolor, es vanidad y nadería. El hombre morirá, y nada quedará. Y esto es absurdo”, dice Salomón

“Es imposible vivir sabiendo que el sufrimiento, el debilitamiento, la vejez, y la muerte son inevitables; es preciso liberarnos de la vida y de toda posibilidad de vida”, dice Buda

¡Como para no optar por el suicidio con estos apologistas de la muerte!. 

Como salida, se vuelca, en su investigación, hacia los Epicúreos, pero no encuentra nada que sea estable. Porque, aunque se revolcara en placeres, tiene bien nítido en su horizonte mental que lo acechan la enfermedad, la vejez y la muerte que, “si no hoy mañana, destruirán todos estos placeres”. 

La idea sobre el futuro de su muerte le impide el disfrute del presente. 

¿EL MUNDO ABSURDO O SCHOPENHAUER? 

La vida es un mal absurdo, se decía Tolstoi. Pero ¿Cómo es que la humanidad no desaparece? 

“¿Cómo es posible? ¿Por qué los hombres viven cuando podrían no vivir?. ¿Acaso sólo Schopenhauer y yo éramos lo suficientemente inteligentes para comprender la absurdidad y el mal de la vida?”. 

Al plantearse esta cuestión, comienza a visualizar que el equivocado podría ser él y no el resto. 

“Mi vida, la de los Salomón y los Schopenhauer, era la vida auténtica, la normal, mientras que la vida de miles de millones de hombres no era digna de consideración” 

Se da cuenta que buscando el sentido entre gente que lo ha perdido, será tarea vana. Entonces comienza a estudiar la vida del hombre sencillo, el campesino, el analfabeto, y comprende cómo funciona y donde encuentra el sentido de la vida. 

Así comprende que si el conocimiento racional lo lleva al borde del abismo, al deseo de la muerte, aquello que impida esa razón será la que lo salve. 

“El conocimiento racional, como lo presentan los científicos y los sabios, niega el sentido de la vida, mientras que la enorme masa de gente, toda la humanidad, reconoce ese sentido mediante un conocimiento irracional. Y ese conocimiento irracional es la fe”. 

DE LA RAZON AL SUICIDIO Y DE LA IRRACIONALIDAD A LA SALVACION 

Como dije, Tolstoi fue un hombre que no podía vivir sin dios. Y sus investigaciones lo condujeron a lo que más temía: no encontrarle sentido a la vida

Según él, la razón negaba el sentido de la vida, la coloca como algo absurdo. Le resta propósito trascendental. 

En tanto la fe, niega la razón, y al hacerlo, evita caer en lo absurdo, evita la necesidad de aniquilamiento o destrucción que ofrece el conocimiento racional y frío de la vida

“Donde hay vida, hay fe; desde el origen de la humanidad la fe nos ha dado la posibilidad de vivir, y los rasgos principales de la fe están en todas partes y son siempre los mismos”. 

Ciertamente donde hay fe hay vida: esto es algo ineludible. Una persona puede estar toda la vida teniendo fe en alguna quimera, algún descubrimiento científico, y por eso encontrarle sentido a su vida. 

 “La fe es el conocimiento del sentido de la vida humana, gracias al cual el hombre no se aniquila, sino que vive. La fe es la fuerza de la vida. Si un hombre vive, es porque cree en algo. Si no creyera que debe vivir por algo, no viviría”. 

Pero la fe que necesitaba Tolstoi no era cualquiera, ni científica ni literaria sino espiritual: necesitaba que existiera dios para que cada cosa que hacía tuviera eco en la eternidad. 

Quizá la fe ha sido un elemento imprescindible para la supervivencia humana evolutiva. Pero siendo algo abstracto, lo complicado es comprender cómo ha sido desarrollada por la selección natural como algo necesario para sobrevivir. Puede que sea como el orgasmo: no es necesario experimentar placer para la procreación del individuo, pero al experimentar placer hay muchas mayores chances de reproducción y eso favorece a la naturaleza - y en especial los genes. 

La fe puede ser como una herramienta para perpetuarnos y no erradicarnos. Todo esto, claro está, es especulación mia. 

No nos alejemos del artículo. 

LA FE DE LA SALVACION 

Tolstoi no tiene otra salida: debe considerar la fe como salvación, de otra manera el camino es aborrecer la existencia y desear quitarse la vida. 

La lucidez con que llega a esa fe no está muy bien explicada en su Confesión: más bien fue una experiencia transformadora interna cuya explicación racional se desconoce. 

Él lo llamó la “búsqueda de dios”, y el hecho de que miles de millones de personas vivían bajo esa sencilla fe fue el detonante. 

Descubre que el cristianismo es la llave de la Salvación. Y que al ver la vida de los campesinos y humildes, toda la verdad del Evangelio se hace evidente. 

Y en efecto, viendo a gente repleta de privaciones y sufrimiento, cuyo único consuelo es creer en ilusiones tranquilizadoras, pondera el temple de estos individuos ante la tragedia. Un mecanismo obvio de la supervivencia evolutiva, pero que Tolstoi vio como evidencia de dios o de una fe inquebrantable en dios. 

Distingue claramente dos formas de fe: la de los ociosos o aristócratas y la del campesino humilde.  

“Contrariamente a lo que veía en nuestro círculo, en el que toda la vida transcurría en la ociosidad, en la diversión y en la insatisfacción, veía que esas personas que trabajaban duro a lo largo de toda su existencia estaban menos insatisfechas con la vida que los ricos”. 

Y esto es obvio: el aldeano, el humilde, al carecer de tiempo para la introspección y la reflexión, se conforma con lo que tiene al alcance y , sea por costumbre o idiosincrasia, atribuyen todo a dios. 

Lo que se deduce de todo esto es que Tolstoi debió rebajar su enorme talla intelectual por miedo a la muerte. Y , como él mismo dice: “envidié a los campesinos por su analfabetismo y su falta de instrucción”. 

Ergo: tenía una necesidad apremiante de censurar sus conocimientos (la instrucción absorbida y su inteligencia) para evitar ver la nada y el abismo expresado en la pavorosa muerte. 

Su corazón no estaba apto para lo que su mente podía revelarle. 

“Y tan pronto comprendí que había una fuerza bajo cuyo poder yo me encontraba, sentí que había una posibilidad de vivir” 

En el desierto, una gota es océano y así es la vida del trabajador analfabeto: se ha ido acostumbrando con lo poco y la idea de dios rellena sus huecos existenciales que permanecen dormidos en su ardua vida hasta la muerte. 

CONCLUSION 

“Si existo, también existe la causa de que yo exista”, así pensaba Tolstoi. Y así, lentamente, iba asimilando la idea de un dios. 

 “Y bastaba con que lo admitiera un instante para que se alzara en mí la vida y yo sintiera la posibilidad y el goce de la existencia” 

De entre todos los dioses de diferentes religiones decantó por el que en su infancia había absorbido: el dios cristiano. Porque “solo vivía en los momentos en que creía en Dios”. 

La vida y sus experiencias de violencia le enseñaron que no podía existir tal dios. Pero la necesidad de salir de la desesperación, a sus cincuenta años, lo condujo aceptar el culto que desde su niñez había sido inculcado: el cristiano

“En esencia volvía a las cosas que habían formado parte de mi infancia y de mi juventud”. 

Vuelve a lo que en su momento le hizo bien, vuelve a la cultura y religión en la que se crió. Y si bien encuentra notables contradicciones con la fe, con el dogma, se acostumbra poco a poco a estas “paradojas” en pos de alcanzar su fraternidad con dios. 

Porque si algo no comprendía, se decía “es culpa mía, soy malo”. 

Así, su enorme intelecto fue retrogradándose hasta asimilarse al del campesino sencillo. Por eso, en muchas ocasiones huía de su familia y se quedaba con éstos a vivir: quería mimetizarse por completo, para vivir la verdad del Evangelio en las tristes vidas de estos pobres diablos. 

Nada de lo que hizo lo conformó: ni su notable éxito como escritor, ni su círculo social al que aborrecía, ni la talla de los pensadores con los que se cruzaba. 

Aspiraba a remediar el miedo a la muerte y nada más le interesaba. Y ponerle fin a ese miedo era algo elemental, prioritario. 

Cuando vislumbra la fe como salvación no duda mucho más tiempo. Culpando a la razón de todos sus males, decide sesgarla y quedarse en la irracionalidad. Y sabe que esto es así; pero no puede vivir de otra manera.

Al final, la verdad a la que termina aspirando este buscador lo confina en la mentira. Y así acaba sus días, escapando de su casa y muriendo en un tren al lado de su obsequiosa esposa. 


LA QUIMICA DEL CEREBRO SIN DIOS


A través de un comentario de un buen amigo y ateo, Atilio, encontré una nutrida información que se me había escapado en estos últimas tiempos: ¿Por qué la información nos da placer y , a su vez, convierte a más personas al ateísmo y adelgaza las filas de los creyentes?. 

Algunos dicen que el ateísmo es una moda. Y los que lo dicen no tienen una idea acabada sobre el ateísmo. Como si la primitiva y ancestral creencia en dioses fuera a lo que más tarde o temprano volveremos los ateos – ya que es una moda. 

Pero no. 

La explicación está en el conocimiento y la química que genera conocer - sin dios. Se ha comprendido que añadir información a nuestra psiquis genera un incremento de dopamina y de opioides. La dopamina nos impele a más información, y los opioides nos dan un cierto estado de placer.  

Los que les agrada la lectura comprenderán mejor que nadie este punto. No es casual que uno se defina como “adicto” a la lectura. Hay una química involucrada que, finalmente, estamos empezando a comprender. 

Los científicos lo llaman “el comportamiento de búsqueda de información”. Nuestra mente anhela conocer. Un deseo universal que todos bien conocemos desde que, siendo niños, preguntamos ¿Qué es esto? ¿Cuánto tardaremos en llegar en avión a la isla?. 

Un punto muy bien ejemplificado por Atilio es: 

“¿Y por qué los ateos, la ciencia, los optimistas, los seculares, etc. crecen y los creyentes disminuyen? Porque hay más y más información disponible y accesible para los primeros y nada cambia para los segundos.” 

En efecto, el dogma es inmutable. Y lo inmutable no genera para nada las reacciones químicas que favorecen al ser humano (dopamina y opioides). 

En Scientificamerican encontramos un estudio sumamente revelador. Hasta ahora se sabía que las neuronas de dopamina, alojadas en sectores del cerebro medio, manifiestan un papel vital con las expectativas de recompensa primitivos, como los alimentos y el agua

Lo que se desconocía era que reaccionaran igual por las expectativas de información. 

Ethan Bromberg -Martin y Okihide Hikosaka , en el The National Eye Institute , desarrollaron un experimento que pudo corroborarlo: mediante un programa comprobaron con simples chimpancés cómo éstos preferían tener información anticipada a la brevedad posible antes que no tenerla. 

Los monos querían saber. He aquí el experimento en detalle para el que quiera conocerlo (click aquí). 

Pero ¿Por qué estas neuronas de dopamina consideran la información como recompensa? . 

Lo más probable, plantea el artículo científico, es que se deba a una adaptación evolutiva útil a la supervivencia. 

Las decisiones se basan en información. Y estas pueden significar la vida o la muerte. Saber dónde está y donde no está la comida significa todo para un animal (y para nosotros). Teniendo acceso a mejor información podríamos tener un mejor control sobre nuestro entorno, lo que, a la larga, aumentaría nuestras posibilidades de supervivencia. 

Por eso, mientras más se tenga, mejor preparado para sobrevivir se estará en el mundo. 

Cierro con estas palabras de Chadrick Lane, autor del artículo citado párrafos arriba: 

“A menudo se remarcó que " la ignorancia es felicidad . " Sin embargo, cuando nos fijamos en la ignorancia desde la perspectiva del cerebro la situación cambia de forma diferente . Nuestro cerebro , y el cerebro de otros animales, han evolucionado para encontrar información gratificante. De hecho , no saber es estresante , por eso nos esforzamos para reducir esa incertidumbre siempre que sea posible . Queremos que la información y lo queremos ahora !” 

El que no la desea – añadiría – el que se aferra al dogma establecido, está atentando inconscientemente contra su existencia: la rechaza, la enmarca, la ridiculiza, y la santifica con cuentos de la imaginación.

EL NIÑO PROLETARIO : UN RELATO DE CRUELDAD EXTREMA


Hace tiempo que no leía un relato tan desgarrador. Y creo no equivocarme si digo que, pese a los cientos de libros leídos, no he encontrado uno que me haya chocado más. 

La palabra no es “chocado”, sino “dolido” en la impotencia de no poder hacer nada (como hacerlo si es un relato, cómo hacerlo si cuando sucede uno jamás está presente ¿realmente no está presente? ¿Acaso no sucede todos los días?, pienso en “voz” alta). 

Como sea que se produjo, este relato que ahora transcribo, me ha hecho producir largas reflexiones en torno al asunto. Desde luego, más allá del drama, del aberrante acto que le hacen el Niño Proletario, hay simbologías que destacan a los abusadores. 

Son esta clase de relatos los que, creo yo, chocan con el capitalismo de Ayn Rand y otros defensores del mismo. Y sin embargo, bien visto, el capitalismo de Ayn Rand esconde cierto comunismo: eso de que John Galt tiene su comunidad de elegidos ocultos a la mirada del mundo ya es una forma de comunismo. 

Creo que la autora apuntó a la rebelión hacia la creatividad: sin hombres creativos, brillantes, el mundo no tiene motor, y un mundo sin motor es un mundo en suspenso, sin avance. 

Quizá el error haya sido atribuir la fuente de la creatividad al capitalista, pues no siempre es así: una persona puede contribuir con una importante creación para bien de la comunidad o de la humanidad y no ser capitalista.

Les dejo el relato de la mano de Osvaldo Lamborghini para meditar: 

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El niño proletario
    Desde que empieza a dar sus primeros pasos en la vida, el niño proletario sufre las consecuencias de pertenecer a la clase explotada. Nace en una pieza que se cae a pedazos, generalmente con una inmensa herencia alcohólica en la sangre. Mientras la autora de sus días lo echa al mundo, asistida por una curandera vieja y reviciosa, el padre, el autor, entre vómitos que apagan los gemidos lícitos de la parturienta, se emborracha con un vino más denso que la mugre de su miseria.
    Me congratulo por eso de no ser obrero, de no haber nacido en un hogar proletario.
    El padre borracho y siempre al borde de la desocupación, le pega a su niño con una cadena de pegar, y cuando le habla es sólo para inculcarle ideas asesinas. Desde niño el niño proletario trabaja, saltando de tranvía en tranvía para vender sus periódicos. En la escuela, que nunca termina, es diariamente humillado por sus compañeros ricos. En su hogar, ese antro repulsivo, asiste a la prostitución de su madre, que se deja trincar por los comerciantes del barrio para conservar el fiado.
    En mi escuela teníamos a uno, a un niño proletario.
    Stroppani era su nombre, pero la maestra de inferior se lo había cambiado por el de ¡Estropeado! A rodillazos llevaba a la Dirección a ¡Estropeado! cada vez que, filtrado por el hambre, ¡Estropeado! no acertaba a entender sus explicaciones. Nosotros nos divertíamos en grande.
    Evidentemente, la sociedad burguesa, se complace en torturar al nino proletario, esa baba, esa larva criada en medio de la idiotez y del terror.
    Con el correr de los años el niño proletario se convierte en hombre proletario y vale menos que una cosa. Contrae sífilis y, enseguida que la contrae, siente el irresistible impulso de casarse para perpetuar la enfermedad a través de las generaciones. Como la única herencia que puede dejar es la de sus chancros jamás se abstiene de dejarla. Hace cuantas veces puede la bestia de dos espaldas con su esposa ilícita, y así, gracias a una alquimia que aún no puedo llegar a entender (o que tal vez nunca llegaré a entender), su semen se convierte en venéreos niños proletarios. De esa manera se cierra el círculo, exasperadamente se completa.

    ¡Estropeado!, con su pantaloncito sostenido por un solo tirador de trapo y los periódicos bajo el brazo, venía sin vernos caminando hacia nosotros, tres niños burgueses: Esteban, Gustavo, yo.
    La execración de los obreros también nosotros la llevamos en la sangre.
    Gustavo adelantó la rueda de su bicicleta azul y así ocupó toda la vereda. ¡Estropeado! hubo de parar y nos miró con ojos azorados, inquiriendo con la mirada a qué nueva humillación debía someterse. Nosotros tampoco lo sabíamos aún pero empezamos por incendiarle los periódicos y arrancarle las monedas ganadas del fondo destrozado de sus bolsillos. ¡Estropeado! nos miraba inquiriendo con la cara blanca de terror
    oh por ese color blanco de terror en las caras odiadas, en las fachas obreras más odiadas, por verlo aparecer sin desaparición nosotros hubiéramos donado nuestros palacios multicolores, la atmósfera que nos envolvía de dorado color.
A empujones y patadas zambullimos a ¡Estropeado! en el fondo de una zanja de agua escasa. Chapoteaba de bruces ahí, con la cara manchada de barro, y. Nuestro delirio iba en aumento. La cara de Gustavo aparecía contraída por un espasmo de agónico placer. Esteban alcanzó un pedazo cortante de vidrio triangular. Los tres nos zambullimos en la zanja. Gustavo, con el brazo que le terminaba en un vidrio triangular en alto, se aproximó a ¡Estropeado!, y lo miró. Yo me aferraba a mis testículos por miedo a mi propio placer, temeroso de mi propio ululante, agónico placer. Gustavo le tajeó la cara al niño proletario de arriba hacia abajo y después ahondó lateralmente los labios de la herida. Esteban y yo ululábamos. Gustavo se sostenía el brazo del vidrio con la otra mano para aumentar la fuerza de la incisión.
    No desfallecer, Gustavo, no desfallecer.
    Nosotros quisiéramos morir así, cuando el goce y la venganza se penetran y llegan a su culminación.
    Porque el goce llama al goce, llama a la venganza, llama a la culminación.
    Porque Gustavo parecía, al sol, exhibir una espada espejeante con destellos que también a nosotros venían a herirnos en los ojos y en los órganos del goce.
    Porque el goce ya estaba decretado ahí, por decreto, en ese pantaloncito sostenido por un solo tirador de trapo gris, mugriento y desflecado.
    Esteban se lo arrancó y quedaron al aire las nalgas sin calzoncillos, amargamente desnutridas del niño proletario. El goce estaba ahí, ya decretado, y Esteban, Esteban de un solo manotazo, arrancó el sucio tirador. Pero fue Gustavo quien se le echó encima primero, el primero que arremetió contra el cuerpiño de ¡Estropeado!, Gustavo, quien nos lideraría luego en la edad madura, todos estos años de fracasada, estropeada pasión: él primero, clavó primero el vidrio triangular donde empezaba la raya del trasero de ¡Estropeado! y prolongó el tajo natural. Salió la sangre esparcida hacia arriba y hacia abajo, iluminada por el sol, y el agujero del ano quedó húmedo sin esfuerzo como para facilitar el acto que preparábamos. Y fue Gustavo, Gustavo el que lo traspasó primero con su falo, enorme para su edad, demasiado filoso para el amor.
    Esteban y yo nos conteníamos ásperamente, con las gargantas bloqueadas por un silencio de ansiedad, desesperación. Esteban y yo. Con los falos enardecidos en las manos esperábamos y esperábamos, mientras Gustavo daba brincos que taladraban a ¡Estropeado! y ¡Estropeado! no podía gritar, ni siquiera gritar, porque su boca era firmernente hundida en el barro por la mano fuerte militari de Gustavo.
    A Esteban se le contrajo el estómago a raíz de la ansiedad y luego de la arcada desalojó algo del estómago, algo que cayó a mis pies. Era un espléndido conjunto de objetos brillantes, ricamente ornamentados, espejeantes al sol. Me agaché, lo incorporé a mi estómago, y Esteban entendió mi hermanación. Se arrojó a mis brazos y yo me bajé los pantalones. Por el ano desocupé. Desalojé una masa luminosa que enceguecía con el sol. Esteban la comió y a sus brazos hermanados me arrojé.
Mientras tanto ¡Estropeado! se ahogaba en el barro, con su ano opaco rasgado por el falo de Gustavo, quien por fin tuvo su goce con un alarido. La inocencia del justiciero placer.
    Esteban y yo nos precipitamos sobre el inmundo cuerpo abandonado. Esteban le enterró el falo, recóndito, fecal, y yo le horadé un pie con un punzón a través de la suela de soga de alpargata. Pero no me contentaba tristemente con eso. Le corté uno a uno los dedos mugrientos de los pies, malolientes de los pies, que ya de nada irían a servirle. Nunca más correteos, correteos y saltos de tranvía en tranvía, tranvías amarillos.
    Promediaba mi turno pero yo no quería penetrarlo por el ano.
    —Yo quiero succión —crují.
    Esteban se afanaba en los últimos jadeos. Yo esperaba que Esteban terminara, que la cara de ¡Estropeado! se desuniera del barro para que ¡Estropeado! me lamiera el falo, pero debía entretener la espera, armarme en la tardanza. Entonces todas las cosas que le hice, en la tarde de sol menguante, azul, con el punzón. Le abrí un canal de doble labio en la pierna izquierda hasta que el hueso despreciable y atorrante quedó al desnudo. Era un hueso blanco como todos los demás, pero sus huesos no eran huesos semejantes. Le rebané la mano y vi otro hueso, crispados los nódulosfalanges aferrados, clavados en el barro, mientras Esteban agonizaba a punto de gozar. Con mi corbata roja hice un ensayo en el coello del niño proletario. Cuatro tirones rápidos, dolorosos, sin todavía el prístino argénteo fin de muerte. Todavía escabullirse literalmente en la tardanza.
Gustavo pedía a gritos por su parte un fino pañuelo de batista. Quería limpiarse la arremolinada materia fecal conque ¡Estropeado! le ensuciara la punta rósea hiriente de su falo. Parece que ¡Estropeado! se cagó. Era enorme y agresivo entre paréntesis el falo de Gustavo. Con entera independencia y solo se movía, así, y así, cabezadas y embestidas. Tensaba para colmo los labios delgados de su boca como si ya mismo y sin tardanza fuera a aullar. Y el sol se ponía, el sol que se ponía, ponía. Nos iluminaban los últimos rayos en la rompiente tarde azul. Cada cosa que se rompe y adentro que se rompe y afuera que se rompe, adentro y afuera, adentro y afuera, entra y sale que se rompe, lívido Gustavo miraba el sol que se moría y reclamaba aquel pañuelo de batista, bordado y maternal. Yo le di para calmarlo mi pañuelo de batista donde el rostro de mi madre augusta estaba bordado, rodeado por una esplendente aureola como de fingidos rayos, en tanto que tantas veces sequé mis lágrimas en ese mismo pañuelo, y sobre él volqué, años después, mi primera y trémula eyaculación.
Porque la venganza llama al goce y el goce a la venganza pero no en cualquier vagina y es preferible que en ninguna. Con mi pañuelo de batista en la mano Gustavo se limpió su punta agresiva y así me lo devolvió rojo sangre y marrón. Mi lengua lo limpió en un segundo, hasta devolverle al paño la cara augusta, el retrato con un collar de perlas en el cuello, eh. Con un collar en el cuello. Justo ahí.
    Descansaba Esteban mirando el aire después de gozar y era mi turno. Yo me acerqué a la forma de ¡Estropeado! medio sepultada en el barro y la di vuelta con el pie. En la cara brillaba el tajo obra del vidrio triangular. El ombligo de raquítico lucía lívido azulado. Tenía los brazos y las piernas encogidos, como si ahora y todavía, después de la derrota, intentara protegerse del asalto. Reflejo que no pudo tener en su momento condenado por la clase. Con el punzón le alargué el ombligo de otro tajo. Manó la sangre entre los dedos de sus manos. En el estilo más feroz el punzón le vació los ojos con dos y sólo dos golpes exactos. Me felicitó Gustavo y Esteban abandonó el gesto de contemplar el vidrio esférico del sol para felicitar. Me agaché. Conecté el falo a la boca respirante de ¡Estropeado! Con los cinco dedos de la mano imité la forma de la fusta. A fustazos le arranqué tiras de la piel de la cara a ¡Estropeado! y le impartí la parca orden:
    —Habrás de lamerlo. Succión—
    ¡Estropeado! se puso a lamerlo. Con escasas fuerzas, como si temiera hacerme daño, aumentándome el placer.
    A otra cosa. La verdad nunca una muerte logró afectarme. Los que dije querer y que murieron, y si es que alguna vez lo dije, incluso camaradas, al irse me regalaron un claro sentimiento de liberación. Era un espacio en blanco aquel que se extendía para mi crujir.
    Era un espacio en blanco.
    Era un espacio en blanco.
    Era un espacio en blanco.
    Pero también vendrá por mí. Mi muerte será otro parto solitario del que ni sé siquiera si conservo memoria.
    Desde la torre fría y de vidrio . De sde donde he con templado después el trabajo de los jornaleros tendiendo las vías del nuevo ferrocarril. Desde la torre erigida como si yo alguna vez pudiera estar erecto. Los cuerpos se aplanaban con paciencia sobre las labores de encargo. La muerte plana, aplanada, que me dejaba vacío y crispado. Yo soy aquel que ayer nomás decía y eso es lo que digo. La exasperación no me abandonó nunca y mi estilo lo confirma letra por letra.
    Desde este ángulo de agonía la muerte de un niño proletario es un hecho perfectamente lógico y natural. Es un hecho perfecto.
    Los despojos de ¡Estropeado! ya no daban para más. Mi mano los palpaba mientras él me lamía el falo. Con los ojos entrecerrados y a punto de gozar yo comprobaba, con una sola recorrida de mi mano, que todo estaba herido ya con exhaustiva precisión. Se ocultaba el sol, le negaba sus rayos a todo un hemisferio y la tarde moría. Descargué mi puño martillo sobre la cabeza achatada de animal de ¡Estropeado!: él me lamía el falo. Impacientes Gustavo y Esteban querían que aquello culminara para de una buena vez por todas: Ejecutar el acto. Empuñé mechones del pelo de ¡Estropeado! y le sacudí la cabeza para acelerar el goce. No podía salir de ahí para entrar al otro acto. Le metí en la boca el punzón para sentir el frío del metal junto a la punta del falo. Hasta que de puro estremecimiento pude gozar. Entonces dejé que se posara sobre el barro la cabeza achatada de animal.
    —Ahora hay que ahorcarlo rápido —dijo Gustavo.
    —Con un alambre —dijo Estebanñ en la calle de tierra don de empieza el barrio precario de los desocupados.
    —Y adiós Stroppani ¡vamos! —dije yo.
    Remontamos el cuerpo flojo del niño proletario hasta el lugar indicado. Nos proveímos de un alambre. Gustavo lo ahorcó bajo la luna, joyesca, tirando de los extremos del alambre. La lengua quedó colgante de la boca como en todo caso de estrangulación.


Del libro "Sebregondi retrocede", de Osvaldo Lamborghini, publicado en 1973


Créditos: gracias a Juan por el dato de este relato.

LA PLAYA DE LAS RELIGIONES


Estar en la playa semidesnudo y retozando bajo el sol. He ahí con lo poco con que se conforma el ser humano para ser medianamente feliz. 

No hace falta más que una combinación de luz y temperatura y colores para que el cerebro produzca la química que no es necesaria para estar satisfechos. 

Las playas concurridas nunca fueron de mi agrado. Si iba, lo hacía con desgano, y prefería, ni bien lo podía, ir corriendo por la orilla hasta lugares más desiertos. 

Estar quieto, bajo el sol, como un lagarto, nunca fue de mi predilección. Pero la gente, en su inmensa mayoría, le place estas cosas. Logran lo que de otra manera no podrían lograr: serenarse. 

La otra forma es la Biblia

Por eso comprendo a los que no les gusta mis críticas, aquellos que las consideran mala palabra y hasta blasfemo que diga esto de que dios no existe. Rompo la armonía de la playa y eso no está bueno: el cerebro interpreta todo de una forma poco placentera. La química ya no fluye como debería. 

Por eso, incluí aquel símbolo de No Dioses en el Header del webblog. A modo de advertencia, para que sepan que este sitio no es para todos: que ya saben lo que encontrarán. 

Aquí ofrezco mi opinión, basada en mi búsqueda de años, sobre los temas que veis. Nada más ni nada menos. Con sus defectos y virtudes.

Pero el que quiera seguir en su playa, broceándose al sol de las religiones, es bienvenido a hacerlo. El que por el contrario prefiere correr por la orilla, este es su sitio.

EL ABOGADO DEL CRIMEN DE CORMAC MCCARTHY


De la novela a la película no hay una gran diferencia. Los diálogos, el escenario, todo parece una copia fiel de la novela/guión de McCarthy

Como siempre, su prosa es dura, áspera como roca. Y lo que narra no se viene con cuentos fantasiosos: se rige a la realidad. 

Cuando uno lee los libros de McCarthy, a mi entender profundamente existencialista, se enfrente a aquellos milenarios dilemas sobre la vida y la muerte. Y no hay escapatoria posible; ni finales felices. 

Y si buscamos comprender la crueldad, no podremos hacerlo con este escritor. 

Por ejemplo el asunto del Bolito que es una cuerda provista de un mecanismo que estrangula a la persona sin necesidad del verdugo. Basta pasarle por el cuello el alambre y encender el mecanismo y la persona muere por la explosión de sus arterias carótidas. 

No encontré información que avalara este ingenio que parece provenir del mismísimo infierno. Pero es curioso lo plausible que resultaría que existiera. 

No creo que sea la mejor novela de McCarthy, sin embargo, narra el tema narco desde una óptica diferente a la que nos tienen acostumbrados Breaking Bad o El Patrón del Mal , la vida y obra de Pablo Escobar. 

En el libro, como en la película, se habla de la pérdida de un mundo en pos de alcanzar otro mundo más luctuoso pero repleto de peligros. Y más me evito de contar.

"SIN DIOS TODO ESTA PERMITIDO" : DOSTOYEVSKI


Existe una pregunta generalizada, al parecer, en las personas que están al borde de dejar su fe en dios: ¿qué sucedería en el mundo sin esa fe? 

¿Nos comeríamos los unos a los otros ya que, como refirió en su Los hermanos Karamázov, el ruso Fiódor Dostoyevski, “sin dios todo está permitido”?. 

¿Es así? ¿Nuestra moral depende de una creencia?. 

Esto y decir que somos bestias solapadas bajo una fachada piadosa , esperando su chance para sacar los colmillos, es casi lo mismo. 

¿Somos buenos en la medida en que nos dejan serlo?. 

¿Y dónde han quedado todos aquellos ilustres sabios que con su genio nos enseñaron que somos más que animales de instintos?. 

Artistas, pintores, escultores, investigadores de la naturaleza, personas que saben que la profundidad del ser humano no depende de creencias sino de la búsqueda de un ideal o de una verdad de orden superior. 

Dicha verdad o ideal no necesariamente debe ser un dios que otorgue justicia al morir, dejando al planeta, en tanto, a merced de la injusticia. 

El ideal de una escultura y la bondad que trasluce. La belleza de una fórmula para extraer del rocío su sal oculta. 

Podemos llamar a Dios como el motor que mueve las cosas en el universo: la fuerza de la gravedad, el microcosmos cuántico y el macrocosmos relativo. 

Puede ser esa fuerza que hace que de los cristales de sal disueltos en agua adquieran al secarse la forma cúbica; puede ser esa Voluntad – como la definió Schopenhauer en su tratado – que hace que todo exista y se desarrolle. 

A eso podemos llamar dios, pero difícilmente aquel concepto de dios nos ayude a resolver la injusticia y, mucho menos, tengan validez nuestros rezos. 

El problema con el ateísmo es el miedo a quedarse desamparado, en la visión del creyente, de ese protector celestial. Ese Ojo mudo - y por lo visto también ciego – que yerra por el universo “controlando” su creación. 

¿Qué sería del mundo injusto si no hubiera una justicia por mortem?. Ergo: dios debe existir, sí o sí.

Pero ese es un consuelo, de los tantos, ante el caos.

VARSOVIA EN LA NOCHE EN TIMELAPSE


El cineasta Maciej Margas pernocta en lugares increíbles, en medio de la noche, para obtener mediante la técnica de timelapse este fabuloso cuadro de una de las capitales más impresionantes de Europa.

Se trata de Varsovia (Polonia) en la noche. Observen de qué hablo.

UN PESCADO CON LOS DIENTES MUY HUMANOS


Se lo encuentra en la mayoría de los ríos en América del Sur, desde el Amazonas al Orinoco. Por su dentadura, nos recuerda a los dientes de los seres humanos. 

Su nombre es Pacu, y se lo relaciona con la piraña carnívora ya que provienen de la misma familia. Pero el Pacu es omnívoro con tendencias a comer todo vegetal. 

Es por eso, porque es un pez vegetariano, que sus dientes son más cuadrados. 

Esto me recuerda un libro que leí hace unos meses donde un naturista menciona que los seres humanos deberíamos comer más vegetales y menos carne, ello en virtud de que tenemos dos colmillos y el resto dientes planos, lo que constituye que la evolución nos ha favorecido más para los vegetales que la carne. 

Interesante verlo corroborado en el Pacu. 





EL FRAUDE DEL DEEKSHA


¿Qué es el movimiento del Deeksha

Ni más ni menos que la transferencia de enegía de una persona a otra con objeto de producir cambios neurofisiológicos y, por ende, que nuestra percepción cambie y veamos de otra manera el mundo que nos rodea. 

Una especie de droga de la imposición de manos sobre la cabeza. O en otras palabras: la forma en que la divinidad alcanza a la humanidad

En websites de espiritualismo podemos encontrar una definición exacta de esta materia: 

“La Bendición de Unidad o Deeksha es una transferencia de energía por contacto (imposición de manos en la cabeza) o por el poder de la intención, que transfiere energía física, despertando nuestra conexión con la unidad en todo, permitiéndonos profundizar nuestra relación con aquellos que amamos, con nosotros mismos, con extraños y con nuestro creador.” 

Un Reiki de los cielos. Una vuelta de rosca a la charlatanería y a “vender humo” a la gente. 

Dicen que genera, por ejemplo: 

“Esta transferencia inicia un cambio neurobiológico en el cerebro” 

La afirmación carece de evidencias científicas a su favor. Y pensémoslo: poner la mano en la cabeza de una persona no hará que sea mejor ni que tenga otra experiencia que la que su sugestión promueva. Pero la sugestión tampoco produce milagros.

Lo interesante es que sólo pueden dar ese “despertar” – mediante la imposición de manos - los que son autorizados por la Oneness University. 

¿Qué es la Oneness University

Fíjense en la foto debajo. Este palacio, emporio de los espiritualistas que lo visitan, es el lugar donde acreditan a los charlatanes a vender humo. 

Es el centro de estafa Made In India. 

En su website aclara: 

“Más de cien millones de personas en todo el planeta están experimentando este fenómeno divino conocido como Deeksha que se inicia un profundo proceso de despertar espiritual en la persona. Oneness University es el lugar de nacimiento de este fenómeno divino que está ayudando a millones de personas a pasar hacia estados superiores de conciencia.” 

Es indudable, a esta altura, que hay intereses creados para que la gente siga creyendo en disciplinas indemostradas, pseudocientíficas, irracionales, y engatusadoras. Pues aquel palacio, probablemente no se haya financiado con otra cosa que donaciones de creyentes, y claro, los siempre bien recibidos cursos o bendiciones Deesksha que cuestan su dinerillo. 

Es como la Iglesia Universal, donde hasta incluso políticos, narcos, y vaya uno a saber qué más está detrás de la venerable fachada. 

Pero tales lugares no existirían si no hubiera crédulos dispuestos a alcanzar esa verdad que quieren venderles – y repito: venderles, porque es lo que hacen, nada sale gratis en el mundo espiritualista.

ANTALOGIA DE CUENTOS : TERROR


Ayer acaba de leer la antología Terror con una profunda decepción. De los autores argentinos que la compusieron, en verdad, salvo dos o tres, el resto parece escapárseles la idea de lo que es un cuento de terror. 

O bien, caen en las remanidas – y oxidadas – tramas repletas de clichés. 

Si debo destacar cuales han sido, para un servidor, los mejores relatos, deberían empezar por el de Jorge Fernández Díaz y, por lo bien narrado, el de Guillermo Martínez (aunque sigo pensando en dónde está el terror en el relato de Martínez). 

Me desilusionó, y lamento decirlo – pero así como elogio debo criticar – el relato de Pablo de Santis. Fue soporífero, cosa inusual en éste, uno de mis escritores preferidos de argentina. 

El de Alberto Laiseca me pareció grotesco, bizarro, algo que más que terror parece humor negro, pero fue pasable. Federico Andahazi comenzó con un cuento muy interesante, con una prosa muy llevadera, pero decantó en un final bastante predecible y poco esmerado. 

El resto de los relatos, francamente, fueron tediosos. Y en algunos casos, tuve que pasar su lectura porque me aburría sobremanera. 

A veces la historia puede ser muy sencilla, como la que escribió Martinez, pero si está bien narrada atrapa al lector y lo lleva del brazo hasta el final. Lamentablemente no sucedió con todos los relatos, más preocupados de la prosa florida que de contar algo interesante. Más preocupados con elucubraciones vanas, que en ir al grano de la historia, cosa que se espera en un cuento desde la primera línea.