Es complejo este tema. Y el título, mal que nos pese, es el que se ajusta con mayor fidelidad a lo que he investigado sobre el psicoanálisis.
¿Qué diría usted si le cuento que entre la religión y el psicoanálisis no hay grandes diferencias? ¿Qué pensaría si descubre que en sus raíces, una cosa u otra parten de los mismos principios no demostrados científicamente?.
Veamos de lo que hablo.
EL CORAZON DEL PSICOANALISIS
La base de todo el psicoanálisis descansa en lo que Freud consideró el complejo de Edipo. Esa idea de que el niño, durante su desarrollo, manifiesta el deseo sexual por su madre y la necesidad de matar a su padre.
Freud propugnó el complejo de Edipo y en todo parecía descubrir sus trazas. Y sin embargo, jamás observó un solo caso de un niño. Sus estudios se basaron en personas ya adultas de los cuales infería sus suposiciones.
El problema con Freud era, como ya veremos, que no podía admitir jamás que pudiera estar equivocado en sus postulados.
Afirmaba:
“La riqueza de las observaciones sólidas sobre las cuales descansan mis afirmaciones las hacen independientes de la verificación experimental”.
En otras palabras: sólo valían sus evidencias y no otras que aportaran sus colegas.
Quizá aquí veamos la razón de que su discípulo predilecto, Carl Gustav Jung, dejara la vicepresidencia de la Fundación de Psicoanálisis de Viena para dedicarse a sus propias investigaciones independientes de su mentor.
LOS SUEÑOS EROTICOS
En su libro sobre la Interpretación de los Sueños, Freud plantea que son puertas abiertas al inconsciente. Y allí es donde se materializan nuestros más íntimos deseos.
En especial, los relacionados con contenido sexual reprimido.
La mayor parte, para el psicoanálisis, descansa en este tipo de contenido onírico.
Sin embargo, estudios recientes contradicen esta afirmación: menos del 10% de nuestros sueños tienen contenido sexual.
Pero para Freud soñar con una lámpara o cualquier objeto alargado es señal inequívoca de un deseo sexual fálico.
En tanto, los objetos redondeados o con oquedades revelan al sexo femenino.
Vamos ¿Cuántos de estos objetos podemos contemplar en nuestros sueños?
¿Acaso nuestras habitaciones y la entera civilización no se rodea de artefactos que el psicoanalista podría interpretar como símbolos sexuales?
¿O es que hay que soñar en blanco para no tener una manifestación sexual de deseo escondido?.
Incluso si sueñas con un paisaje montañoso puedes ser interpretado por un psicoanalista como algo con contenido sexual: los picos de las montañas, los de los pinos: senos y falos erectos.
Pero de nuevo, la evidencia científica contradice esto: en los sueños hay una desconexión entre las distintas zonas del cerebro.
Una de las hipótesis es que durante la experiencia onírica en nuestro cerebro se activan imágenes y experiencias de forma azarosa.
Después está el tema del beneficio: ¿qué se obtiene de beneficioso al soñar?. Si soñamos para satisfacer un deseo oculto ¿por qué transformar el deseo de un vagina en una taza de café?.
Es cierto, mucho de lo que narra en aquel libro (cómo se estructura un sueño mediante elementos obtenidos en la vigilia)
lo he podido corroborar, y sin embargo, esas corroboraciones
no son sus aportes personales y originales sino que existían ya en las distintas corrientes psicológicas.
EL NACIMIENTO DEL PSICOANALISIS
Todo nace por una paciente:
Anna O.
Freud estudió su caso y llegó a tratarla de los síntomas que, para él y otros colegas, eran claros signos de histeria.
Cuando finalmente proclama su curación psicoanalítica, recibe una carta del médico de la paciente indicándole que no se había mejorado en nada y estaba peor cada día.
Al fin, Anna O fue ingresada en el pabellón de enfermos mentales y ahí terminó sus días.
Pero no fue su único fracaso.
Otra paciente, Dora, fue diagnosticada con neurosis histérica.
Sus dolores abdominales, su dificultad para caminar y hasta para respirar hizo que Freud atribuyera sus males a un presunto embarazo psicológico, la dificultad de caminar a un pensamiento reprimido relacionado con el “paso en falso” en el embarazo psicológico, y las dificultades para respirar por un trauma desencadenado por haber escuchado una vez a su padre jadear mientras copulaba con su madre.
Pero Dora tenía un dictamen médico que indicaba otra cosa mucho menos imaginativa: apendicitis y asma.
Sin embargo, Freud rechazó este diagnóstico.
Otro caso parecido sucede con una mujer de 14 años que, según el padre del psicoanálisis, sufría de una “inconfundible histeria”.
También tenía dolores abdominales, que Freud atribuía a la resistencia histérica en la curación.
Aunque a veces los cuadros de dolor abdominal disminuían tras las sesiones, la chica se quejaba de padecerlo. Finalmente, dos meses más tarde murió de un sarcoma abdominal.
Cuando sucedió Freud hizo lo que cabría de esperar en una persona de su orgullo: manifestó que la histeria se había materializado en el tumor y por eso murió.
Así dio inicio la historia de esta disciplina.
EL PSICOANALISIS AFUERA COMO TRATAMIENTO
En 1993 una comisión evaluó diversos tipos de tratamientos psicológicos con pacientes. Todos se basaban en estudios empíricos. Y muchos mostraron resultados exitosos.
Pero jamás se pudo comprobar la eficacia del psicoanálisis en ningún caso.
Quizá porque es algo que depende de la objetividad del analista más que de la evidencia real.
Y claro, ¿Quién estaría dispuesto a pasar meses y años probando con personas hasta una supuesta cura, que en la mayoría de los casos procede de algo azaroso más que por los métodos de “descarga” del psicoanálisis?.
Los pacientes que se tratan por psicoanalistas, con aquel hombrecillo sentado detrás del diván dele tomar notas de lo que dices, sin hablar, en silencio, a tus espaldas, mientras abres tu corazón y confiesas tu vida por dinero, esos pacientes suelen durar años en terapia y, en casi todos los casos, sin éxito en sus problema.
Lo que se busca con la terapia de psicoanálisis es un amigo que sepa escuchar y que preste atención a los detalles de lo que cuentas.
Como veremos, no hay cura milagrosa, no hay remisión espontánea de los síntomas, sino todo lo contrario: el psicoanálisis entraña un peligro que nos puede costar caro como en los comienzos de Freud y sus pacientes mal diagnosticadas.
¿Será por eso que el filósofo Mario Bunge decía que el psicoanálisis no es otra cosa que una pseudociencia más?
LO EFECTIVO DEL PSICOANALISIS
Muchos de los argumentos freudianos han sido corroborados, dicen los seguidores del padre del psicoanálisis.
Y sin embargo esto no es así.
“A mi me sirvió”, suelen decir los que pasaron por el diván.
¿Y qué se le puede reprochar a alguien que se ha sentido bien por seguir cierto tratamiento?
Nada.
Sin embargo, es bueno tomar nota de que cuando vamos a una consulta de psicoanálisis suele ser en momentos álgidos de una situación; cuando ya nos desborda.
O en palabras de los psicólogos Carlos Santamaría y Ascensión Fumero, en su “El psicoanalisis, vaya timo” :
“El carácter cíclico de algunos trastornos hace que sea muy probable que la persona mejore al poco tiempo, no por efecto de la terapia sino sencillamente porque después del peor momento suele venir uno algo mejor”
Dicho de otra forma: al desahogarnos rebajamos nuestros niveles de ansiedad y , por tanto, tenemos mayor control de las emociones que nos dominan.
EL CASO DEL PEQUEÑO HANS
Se trata del primer psicoanálisis que Freud hizo a un niño al que vio una sola vez.
El niño temía salir de su casa porque le tenía miedo a los caballos.
Freud no dudó: se trataba del complejo de Edipo.
Y es que el niño dijo que temía las bocas y los ojos negros de los caballos.
Y esa sencilla descripción bastó al padre del psicoanálisis para deducir que se trataba de su padre que usaba barba y gafas.
Además, los caballos tienen penes grandes, y según Freud, esto también pesaba en el niño.
Freud hizo lo que pudo para remediar la situación que vivía el niño.
Y le dijo a los padres que le informaran del origen claramente sexual de su problema.
En la sesión que mantuvo, hizo lo que pudo para que el niño no tuviera temor a su padre, cosa que no decía tener, ya que amaba a su padre.
Claro que Freud veía este afecto como un mecanismo de defensa por “formación reactiva”, es decir, expresar lo contrario a lo que se siente.
Todo muy interesante.
Y sin embargo, nadie prestó atención al detalle que otros terapeutas habían notado en aquel episodio.
Que el niño, días antes de empezar con su fobia a los caballos, había sido testigo de un accidente de un coche de caballos.
Freud conocía este hecho, pero lo rechazó. No se ajustaba a su amado Complejo de Edipo.
REFUTANDO EL COMPLEJO DE EDIPO
Dije que
la base del psicoanálisis descansa en el complejo de Edipo. La idea de amar a la madre sexualmente y odiar al padre al grado de querer asesinarlo.
Veámoslo desde un punto de vista evolucionista.
Para un organismo en desventaja con otro organismo en ventaja (el padre) querer asesinarlo coaccionaría en su contra. Difícilmente se hubiera preservado - por la evolución y la selección natural - ese sentimiento de querer matar al padre.
Según Freud, los niños alrededor de los cinco años sienten un profundo deseo sexual hacia sus madres.
Pero el antropólogo Edvard Westermarck lo refutó con el efecto que lleva su nombre: el efecto Westermarck.
Lo que plantea este efecto es que si dos personas permanecen mucho tiempo juntas durante la infancia de cualquiera de las dos, es muy improbable que se desarrolle un deseo sexual entre ellas.
Para Westermarck era algo que se forjó mediante la selección natural para la preservación genética, evitando así la consanguinidad, lo que eliminaría las posibilidades de supervivencia.
Investigaciones antropológicas posteriores a Westermarck confirman su idea.
Por ejemplo, con las comunidades agrícolas israelíes. O con la costumbre taiwanesa de ceder una hija para vivir desde niña con la familia de quien será su futuro esposo: se evidencia la falta total de atracción sexual en el matrimonio debido a esta crianza compartida.
Por otro lado, como refieren los psicólogos Carlos Santamaría y Ascensión Fumero:
“Si la tendencia fuera tan generalizada como defiende el psicoanalisis, es decir, si todos los varones se sintieran atraídos por sus madres y desearan asesinar a sus padres, tal vez la sociedad se hubiera hecho eco de ello”.
LAS EXPERIENCIAS SEXUALES DE LA PRIMERA INFANCIA
Para Freud es capital las primeras experiencias sexuales. Marcan toda nuestra personalidad. Pero Freud parte del supuesto de que hay vida sexual desde muy temprana edad y esto no es así.
Dejando de lado los casos de violaciones, la vida sexual del infante no está desarrollada. Y la ciencia lo confirma.
El desarrolló del cerebro no va a la par de los instintos sexuales que propugna Freud.
Puntualmente los aspectos del cerebro que son responsables de la sexualidad se desarrollan más tarde, este es, el hipotálamo.
Y esto es obvio – y así fue evolucionado por la selección natural – pues en un niño todavía sin capacidad reproductiva manifestar deseos sexuales a temprana edad es un sinsentido.
Tampoco es posible que las experiencias sexuales, si es el caso que tuviera, repercutieran en la personalidad antes de los 4 años, debido a que no hay todavía una organización cerebral y el niño olvida todo hasta que el cerebro queda plenamente desarrollado.
En palabras de Carlos Santamaría y Ascensión Fumero:
“En resumen, ni el cerebro infantil está maduro para las experiencias sexuales que propone el psicoanálisis ni, en caso de haberlas vivido, podrían influir en nuestro comportamiento adulto o en nuestra personalidad, porque no las recordaríamos”
Hoy día los avances en el campo genético nos señalan que cargamos con aspectos de nuestra personalidad que nos vienen “de fábrica”.
Es imposible rechazar la evidencia genética y pretender que todo se desarrollar por la cultura o la crianza tal y como propone el psicoanálisis.
Pero ya lo dijo el psicólogo Hans Eysenck:
“De lo que dijo Freud, algunas cosas han sido confirmadas por la investigación científica, precisamente las que no eran originales de Freud”.
EL PELIGRO DEL PSICOANALISIS
Hoy día se ha demostrado que uno de los peligros de esta pseudociencia es que puedan alterar nuestros recuerdos e implantarnos falsos recuerdos mediante la terapia.
Tanto hincapié en el sexo, el complejo de Edipo, las fases anales y orales, puede desembocar en que nos condicionemos a nosotros mismos.
El psicoanálisis dice que olvidamos las experiencias traumáticas. Y por tanto, es tarea del terapeuta sacarlas del inconsciente. Pero esto no sucede en la realidad.
La gente de los campos de concentración recuerdan – y lo harán por el resto de sus días – aquellas traumáticas experiencias.
¿Acaso ésto no contradice al psicoanálisis?.
Vamos, es posible que algunas personas olviden hechos traumáticos, pero en general no es así.
Y otra corroboración la encontramos en la profesora Loftus, una investigadora prestigios de la memoria que durante años trabajó sobre los recuerdos.
Sus trabajos indican que en casos de abusos sexuales las víctimas lo recuerdan todo, y con mucha mayor fidelidad que cualquier otro hecho cotidiano.
Yo creo que el peligro es que , dando como dogmas el Complejo de Edipo y la represión sexual, si alguien niega que haya sido abusado sexualmente de niño o que haya manifestado deseos sexuales hacia su madre está reprimiendo y no es error del analista ni de la teoría de Freud, es parte del mecanismo de negación del paciente.
Freud afirmaba que no se debe sucumbir a la resistencia del paciente a aceptar este tipo de hechos. El terapeuta no debe cejar en su empeño en que la “verdad se descubra”.
Ese es el problema del psicoanálisis: dar por verdades incuestionables sus postulados.
Esto ya lo acerca a una religión.
EL COMPLEJO DE EDIPO Y EL PECADO ORIGINAL
Para Freud hubo un antepasado del género humano, un macho alfa que mantenía a su clan bajo su merced.
Ese líder mantenía el control de las mujeres y las ofrecía según su conveniencia.
Muchos jóvenes machos no podían procrear y empezaron a rebelarse.
Así fue que planearon matar al macho alfa que era el padre de todos.
De aquí a nuestros días surge, por herencia ancestral, el complejo de Edipo del que sólo Freud puede librarnos con su terapia de psicoanálisis.
¿Acaso no hay un enorme parecido con el pecado original bíblico del primer hombre que hizo que todos los descendientes pagáramos con esa falta por el resto de nuestros días?.
LACAN Y LA DEFENSA AL PSICOANALISIS
Uno de los defensores del psicoanálisis ha sido Lacan. Como otros psicoanalistas, se basa en especulaciones para llegar a una respuesta.
Según el lingüista Noam Chomsky, Lacan es un charlatán perfectamente consciente de serlo.
Y es que Lacan emplea la jerga científica para darle validez a sus postulados de apoyo al psicoanálisis.
Por ejemplo, para Lacan el falo es la clave de todo y de él proviene todo y es igual a la raíz cuadrada de menos uno.
¿Qué?, dirán.
Eso mismo.
Igual a la raíz cuadrado de menos uno.
Por eso muchos de sus libros son inentendibles: apelan a la incoherencia como base.
Y esto lo demostró Alan Sokal, profesor de física de la Universidad de Nueva York, al enviar un artículo incoherente a una revista de índole posmodernistas (cuya base se halla también en el psicoanálisis).
Su artículo fue aprobado aunque era totalmente incoherente, lo que reveló el poco escrutinio intelectual de sus editores que, enseguida identificaron la línea de publicación con algo aceptable para su revista.
EL HOMOSEXUALISMO Y EL PSICOANALISIS
Es sabido que los homosexuales, para el psicoanálisis, son personas enfermas. Considera a la homosexualidad como una enfermedad mental.
Se trata de casos en los que el famoso Complejo de Edipo no se ha resuelto convenientemente.
Un padre con poco carácter y una madre de gran carácter puede hacer desencadenar más tarde conductas homosexuales.
Según Freud, antes de la etapa de Edipo, somos bisexuales. Pero luego, nos volvemos a heteros o homosexuales según la crianza.
Claro
, ¿y donde hay espacio para nuestra herencia genética? Si todo está determinado por el psicoanálisis, ¿qué hay de la evolución biológica? ¿Y la
epigenética?
CONCLUSION
El psicoanálisis, al impedir su refutación en algunos de sus puntos, blindado para la crítica, se aproxima más a un credo religioso que a una disciplina científica.
Si negar algo, para Freud, es parte de un mecanismo de rechazo de un trauma, no podemos hacer nada para contrarrestar los desaciertos del psicoanálisis.
Al igual de la astrología, el tarot y otras pseudociencia, el psicoanálisis nos habla directo a nosotros mismos: intenta revelar intimidades para que nos conozcamos pero terminamos al fin desconociéndonos porque ¿quién acepta que en su infancia quiso matar al padre o copular con su madre?.
Afirma sin base científica. Y cuando la ciencia lo contradice, Freud apela a su sentido de infalibilidad: el trauma causó el tumor. Las demás observaciones son las equivocadas. El accidente de caballo no tuvo nada que ver, ¡es el sexo!.
La obsesión que alcanzó el padre del psicoanálisis por el sexo es digno de estudio.
¿Es el motor que ha movido esta disciplina durante tantos años?. Probablemente.
Fuentes:
¡El psicoanálisis vaya timo! de Carlos Santamaría y Ascensión Fumero
¿Tenían Ombligo Adán y Eva? de Martin Gardner