CRIATURAS Y GARGOLAS

Hace años atrás, cuando empezaba con esto de las investigaciones de campo sobre fenómenos sin explicación, me topé con un testimonio bastante increíble sobre nada menos que una gárgola. He visto en Internet que muchos tomaron este relato como producto de mi fértil imaginación. Y debo aclarar, en honor a la verdad, que no es invención.

Mi entrevistada, Graciela, es amiga de mi padre desde hace años, antes de que yo naciera. Siempre me juró que le sucedieron todo tipo de fenómenos. Tal es así que, cuando investigaba con Fabio Picasso, ambos tuvimos oportunidad de volver a entrevistarla para que nos narrara la naturaleza de sus experiencias. Ella vio en varias oportunidades algo que calificó como una gárgola, como la de las iglesias. Los ojos colorados, alas vertebradas como los murciélagos, y toda la actitud realmente nefasta.

Hace años atrás fui a su casa, en dos oportunidades, a recopilar sobre el terreno esta historia. Huelga decir que iba con la intención de presenciar aquel “ser”. Pero no tuve suerte. Y sin bien fue sólo un día que me quede, una noche, no pasó nada de nada. Algo típico en la vida del investigador. Al respecto de tal testimonio puedo dar fe de que es verídico. Ella jamás me mentiría dado que es prácticamente de la familia. Y sobre todo, si así fuera, le habría resultado difícil cuando la sometimos a una batería de preguntas con Picasso.

Su testimonio, completo, pasó a englobar uno de los capítulos de La Matriz de lo desconocido, pues no sólo una gárgola pudo presenciar, sino un surtido de fenómenos cual uno más extraño que el otro.

No descarto que padezca algún tipo de alucinación o sueño vivido. No obstante, no soy psiquiatra, y no puedo evaluar su mente como quisiera. Sólo me fio de lo que me contó en muchas oportunidades con absoluta certeza.

Ahora bien. Si bien esta historia es real, hay otra que no lo es. Me refiero a la nota que publiqué años atrás (1999) en el diario crónica del fenómeno ovni, referido a una criatura espeluznante que, supuestamente, me topé en Santiago del estero.

Ya lo confesé en varias oportunidades. Era un plan (y me perdonarán todos aquellos que creyeron en mi plan) con el fin de establecer un comportamiento humano. Pues cuando mencioné que vi a tal criatura, me llovieron llamados, correos, etc, afirmando que otras personas también la habían visto. Hasta, recuerdo, se ofrecieron a ir de "cacería" varias personas. No sólo la habían visto, sino que pasaron a describirme cosas que supuestamente olvidé: que tenía ojos colorados, que es más peluda, etc…

Lamentablemente esta historia tuvo un único origen: mi imaginación. Con ello, comprobé, como James Randi lo hizo cierta vez en un programa de ovnis (en la foto con quien escribe), que la gente es susceptible de seguir el juego al que miente. No sé por qué lo hace, pero lo hacen. Ello me hizo tener muchísimos recaudos a la hora de creer en los testimonios de mis entrevistados. Sencillamente he llegado a la conclusión que si no hay evidencias a favor de tal experiencia, la misma pertenece al dominio del Dragón Invisible de Carl Sagan.

Puedo creer en un testimonio más que en otro: pero si no veo lo que cuentan, ni cuento con pruebas, queda como una historia más. Pero el día que se obtenga una evidencia palpable, el mundo puede dar un giro completo.

3 comentarios:

Ixa dijo...

Hasta ahora este blog me ha parecido interesante pero además entretenido por eso me he quedado, me gusta todo lo que voy leyendo. A mi el asunto de desencantarme de la fe me deprimió bastante al principio pero sigo en ello, me impresiona la capacidad suya.

Alguien dijo...

Si inventás una historia con elementos de creencias populares, obviamente que mucha gente dirá que vio lo mismo que vos.
Sería más interesante y más productivo para tu análisis que inventaras una historia con elementos que no están en el imaginario social.
Es una sugerencia nomás.
Saludos.

S.Jarré dijo...

Alguien, el tema es que no inventé nada, me limité a describri la experiencia que me contó la persona, nada más. Si esa persona lo inventó del acervo popular, ya es harina de otro costal.
Saludos,

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