VIDA DESPUES DE LA MUERTE



En mi opinión, está es una única verdad que importa en este mundo: saber si realmente tenemos trascendencia tras esta vida. Y para ello, el lector habrá adivinado que existen diversos caminos de comprensión.

Dejemos de lado las experiencias místicas (porque son personales y no valen como evidencias para todos los mortales, salvo algunos casos inquietantes, desde luego).¿Qué estudios serios hay acerca de la vida tras esta vida?. Casi ninguno.

Y sin embargo, allí se alza la Transcomunicación. Allá, las ECM (Experiencias Cercanas a la Muerte). E incluso el atrevido Efecto Delpasse, que tiempo habrá para explicarlo.

Pero, así y todo, la visión materialista de la humanidad se mantiene inalterable. No bastan estas esquivas respuestas. Aún no hay algo que demuestre a todos, sin lugar a dudas, que la vida continua tras esta.

Y aunque no es mi intención brindar una contestación definitiva a este misterio -porque si la tuviera estaría en paz conmigo mismo y no lo estoy -intentaré esbozar lo poco o mucho que he investigado al respecto.

Y para hacerlo dejaré que los propios protagonistas –y la nutrida información - guíen mis pasos a algún asidero concreto. Porque –es hora de saberlo –soy demasiado crítico. Y –cómo sabrán –siempre dudo.



BUSQUEDA EN EL TERRENO

En aquella casona pasan cosas muy raras”.
La frase, acuñada por un entrevistado en la provincia de Mendoza, no me dejaba lugar a dudas: debía personarme en el lugar.

Y como me ocurrió con tantas otras casas y mansiones que gozan de lo arcano entrometiéndose en sus vericuetos y resquicios percudidos por el tiempo, aquella casona que otrora fuera un sitio de retiro espiritual para monjas ortodoxas, hoy llenaba de miedo a José, el cuidador de la misma (véase foto adjunta).

En la breve, pero contundente plática mantenida con aquel hombre pude comprobar como una vez más, “algo” –no sé definirlo: sueños lúcidos, alucinación, falsa percepción – alocaba a las personas al mejor estilo poltergueist.

Según me confesó José, veía sombras huidizas de lado a lado de la propiedad, los muebles se corrían, y ya en la cama, algo lo sujetaba con fuerza impidiéndole levantarse.

Tan es así, que un grupo de investigadores de lo extraño, del lado chileno, se presentaron una noche a investigar los extraños sucesos ahí gestados. Y, cual sería su asombro, al toparse cara a cara con el misterio, con “aquello” que porfiaba en sujetarlos y encerrarlos en las propias habitaciones. Al menos esto nos contaba el cuidador José.

Sin embargo, historias como esta están llenas. ¿Son acaso reales? El problema surge cuando uno va a investigar con rigor crítico estos hechos: sencillamente no ocurren. O no se manifiestan como dicen que hacen. Y claro, esto no hace otra cosa que levantar sospechas.

Así y todo, ¿quien no habrá sentido en alguna noche sin luna la sensación, picante y electrizante, de “algo”, una presencia acompañándonos en la oscuridad de una habitación silenciosa?

¿Cuántos tuvieron la oportunidad de ver, sea durante milésimas de segundos, algo entrometiéndose en esta realidad, una sombra, un rostro, una silueta amorfa, a través del rabillo del ojo?

Lo digo, todos conocemos estos hechos. Todos reconocemos estas sensaciones sugestivas. Y todos sabemos de los fantasmas y sus incursiones en la soledad de las casas abandonadas o en las vacías y desoladas rutas. Muchos –no es mi caso – no tienen dudas de que existen.

Pero ¿es posible que alguien, algún médium, sea capaz de percibirlos?

Yo no lo creo, sinceramente. Y hablar sobre esta teoría - ya popular diría – de fantasmas, no me satisface.

A priori pienso en falsas percepciones, en fraudes (como ocurrió en 1920 en Buenos Aires, con un fulano que decía ver fantasmas y resultó que lo que veía era un hombre cubierto con sábanas blancas que se vestía así para ahuyentar a la gente de los juegos clandestinos de póker), o anhelos concebidos por la mente.

He visto innumerables veces a los investigadores del misterio adentrándose en casonas, magnetófonos en mano, y entablando conversaciones con la nada. Oyen un crujido de piso, y alerta exclaman: “¡un fantasma!”. Si la credulidad y afán de fantasmas es guía de tales aventureros, puedo dar mi firma de que siempre verán algo. Por el contrario, cuando se investiga con rigor, no sucede nada de nada. Y esto, muy por el contrario, es desconsolador para aquellos que esperamos realmente una evidencia.



VOCES DESCONOCIDAS

Y si hablamos de las evidencias que muchos consideran definitivas de la vida después de la muerte, entonces a no dudarlo, allí están las psicofonias y las psicoimagenes. Y todo comienza con las casuales voces que registró Friedrich Jurgenson - con su magnetófono portátil - inmerso en los bosques de Molnbo, el 12 de junio de 1959.
Hasta estos días, los registros han ido en aumento. Y son muchos, demasiados los apasionados por esta temática tan atractiva y misteriosa.

Aquella noche en que me encontré con Pedro Amoros, experto español de este tema denominado Transcomunicación, auguré grandes descubrimientos.

Había pasado a buscarme por el hotel donde me alojaba en Alicante. Y mientras conversábamos de los misterios que nos rodean, la futura incursión a medianoche en una mansión abandonada en la sierra, pensé que no había nadie mejor en el mundo que pudiera ponerme en antecedentes con respecto a las grabaciones del Más allá.

Pero su negativa rotunda me descolocó. No podía asegurarme que aquello - con lo que incluso entabló comunicación “in sittu”- , pudiera pertenecer al Otro Lado.

Ya instalados en su sótano –decorado con antigüedades, equipos de alta tecnología, cámaras de fotos, ordenadores y un sin fin de enseres curiosos - , y a medida que me enseñaba las miles de grabaciones de voces desconocidas, tuve un pálpito. Y pensé, con toda mi humildad, que aquellas voces que oía tenían un alto grado de incoherencia, y ello, ¿no podía significar que eran rescoldos de sonidos impregnados de alguna manera en el ambiente?

Pero Pedro lo negó rotundo. Aquello no podía impregnarse. Aun así, su origen era incierto. Más bien eran, me dijo, como si uno captara una comunicación por radio de una emisora desconocida, tal vez de otra dimensión, pero ello no significaba de las fauces de la muerte o el Más allá.

Y callé.

Pero luego haría mi propia incursión en estos empantanados terrenos del misterio. Y allí, una vez más, notaria aquel detalle. Y otros muchos, también percibidos por Pedro.

Y no quiero ni deseo refutar a nadie – ni arrojar descrédito - con este capítulo, pero en beneficio a la verdad que pretendo albergar en mi corazón, describiré mis más profundas opiniones que, lo sé, a muchos defraudarán y a otros ilustrarán. Pero, así y todo quiero saber ¿Qué es la Verdad?

Para aquellas mujeres oriundas de San Isidro, en el partido de la provincia de Buenos Aires, esa verdad eran las grabaciones del Más allá. No había razón que les quitara de las cabezas esta certeza.

Y es que, según me confesaron, fue en virtud de las grabaciones efectuadas con un magnetófono casero que pudieron comunicarse con su hijo –y hermano - fallecido, asesinado impunemente por unos malhechores en su propio domicilio.

Debo ser franco. Aquellas damas estaban destrozadas, no veían más que injusticias y tristeza, y habían decaído en su esperanza de una vida futura a raíz de la cruel masacre a su hijo.

Y pensé ¿Cómo podrían cambiar ante algo semejante? Las religiones, me decía muy lógica Natalia, la hermana del joven asesinado, caen en balde ante hechos de tal envergadura. Los gurúes de turno, también.

¿Y quien puede sosegar el mar de incertidumbres que se agita en los corazones de personas como ellas? Sólo una cosa, al parecer, pudo poner freno a las miserias.: las grabaciones psicofonicas en su domicilio.

Y mientras la madre, en una entrevista filmada que mantuvimos en su casa – a minutos de realizar yo mismo una psicofonia, y que pronto subiré a IdentidadX – me comentaba su cambio mental con las grabaciones de su hijo, yo me hacía más incrédulo. Y no voy a negarlo. Pensé que se trataban de anhelos concebidos por la mente en estados alterados o shock nerviosos. La perdida de un hijo, me dije, puede desencadenar fuerzas - y cambios fisiológicos - incontrolables. ¿Por qué había que pensar que su hijo se comunicaba con ellas?

Entonces pusieron PLAY y me tragué momentáneamente mis palabras.

Y no sólo eso. Según me dijera Natalia, su hermano podía contestarles preguntas que ellas les hicieran. Y escuché anonadado. Pero –siempre es así –dudé.

Tras las preguntas de rigor, había llegado la hora en que uno mismo , junto al investigador Carlos Turus , Jorge Nañez y las mujeres, hiciéramos una prueba de campo con un magnetófono.

Y apagamos las luces. Y grabamos con visor nocturno.

Aquella sala comedor, silenciosa y con una mesa redonda de apoyo a nuestros equipos y nuestros codos, fue el escenario. Y uno a uno, los que participábamos de esa experiencia, preguntamos algo que nos inquietaba. Y esperamos, silenciosos, meditabundos, una respuesta...¿del Otro Lado?.

Y cuando luego reprodujimos la grabación, ante nuestra inquietud, una voz, metálica y desintonizada, dijo imperiosamente “Me llamaron”.

Y enmudecí. No podía ser.

Y pregunté –cuando llegó mi turno - con toda mi incredulidad posible y negándome en redondo a que aquello fuera cierto: ¿Cómo es el Más allá?. Y, tras la reproducción, oí el metálico: “Un Abismo”.

Y allí está el vídeo que demuestra esta experiencia. Pero, pesé a esta evidencia –y pido perdón a aquellas buenas gentes que si lo creen - algo me impide creer que aquello, en efecto, es una comunicación con el Otro Lado. Debería seguir estudiando este caso, analizando, desechando teorías y experimentando para saber si es válido o no. Ahora sólo me limito a comentarlo.

Quisiera, de paso, mencionar las estadísticas. A lo largo de los años he podido cotejar, tanto de mis propias investigaciones de campo como la de otros colegas y amigos profesionales.:

1. En aquellas oportunidades que se registraron sonidos de melodías, disparos, gritos etc, noté que tienen el mismo timbre metálico que las voces, indicándome que su origen podría ser el mismo. (ya subiré esto)

2. En algo coinciden los especialistas. Sólo con el tiempo es dable poder registrar grabaciones, luego de mucho esfuerzo y prácticas. Y eso me inquieta ¿No será que ello se debe a que el operador se está predisponiendo?, ¿O está haciendo sintonía con aquella otra dimensión desconocida?. Yo creo que su oído se prepara a oír lo que no está de forma corriente.

3. La carencia de sentido total de las grabaciones. De todas aquellas grabaciones que escuché –y que ofrezco a quien tenga curiosidad – se denota no sólo la cultura, muchas veces indocta, de las voces, sino como una monótona repetición de algo ya ocurrido.

4. Es muy raro, cuando no improbable, que el operador registre voces en otra lengua ajena a la suya. Y aunque Pedro me ha mostrado registros en latín, se mantiene un gran porcentaje de voces adecuadas a la lengua – o mejor: el país - de quien está grabando.

Por todo esto, me mantengo en mis treces: todo me lleva a la duda.

Porque al grado de incoherencia de las grabaciones, se le suman las distorsiones, la posibilidad de que algún resabio ambiental desconocido interfiera, o incluso que el magnetófono registre voces de vivos a distancia, dado que los sonidos se transmiten.

Sobre todo esto último.

Es por eso que, salvo que alguien alguna vez me presente una comunicación directa y en vídeo con un ser del Más Allá –como le ocurrió a Faruk, un curioso entrevistado mío que ya relataré en IdentidadX - , todo lo demás me parece hipotético. Y no llenan mi búsqueda de respuestas.

Eso no quita que, como digo, a otros les satisfaga y les brinde esperanzas sobre la Otra Vida.

Lamentablemente –y me cuesta reconocer que sea así – no es mi caso.

Aprovecho a aclarar que no perdí contacto con Pedro Amorós. Pero tras hacerme miembro del SEIP, le pedí que me retirara de su grupo pues lo mio siempre ha sido la investigación en solitario, sin pertenencias a grupos. No obstante lo que se diga de Pedro, yo lo conocí en persona y puedo dar fe que es una persona íntegra y fiel a sus valores. Puede errar en sus conjeturas -¿quién no? - pero es un ser humano que busca respuestas. Y eso ya lo hermana a mi.



UNA TEORIA INQUIETANTE

¿Es posible capturar, mediante equipos electrónicos, el momento en que el alma o espíritu abandona el cuerpo?

Todo comienza con unos experimentos con electroencefalogramas. Y el estudio de las ondas cerebrales. Así, el neurólogo Grey Walter advirtió que antes –milésimas de segundos- de que fuera tomada una decisión –sea, por ejemplo, tomar un vaso de agua para beber – el cerebro dispara una onda singular (denominada por el doctor Walter, onda inductora.)

Tras amplificarla –y colocar los electrodos correspondientes -, notó que sus pacientes podían encender, por ejemplo, un televisor con el solo deseo de hacerlo. Era suficiente que tuvieran la voluntad de apretar el botón de encendido para que, en efecto, la pantalla cobrara vida.

Pero al cabo notó que aquello se iba difuminando a medida que la curiosidad por este hallazgo desaparecía. Y así, aunque sus pacientes intentarán encender con toda su voluntad el televisor, aquello ya no respondía a sus motivaciones. La sensación de novedad había pasado.

Sin embargo, Jean Jacques Delpasse se excitó con la idea de encender un televisor con las ondas del cerebro. Y se puso en marcha su investigación. Al poco, se dio cuenta que el cerebro poseía la capacidad de saber discernir lo que es digno de registrar y almacenar, y lo que es insignificante, tal como la orden de encender un televisor.

Pensó que, si al cerebro se le enseñaba que registrara la orden de encendido, de modo de memorizarla, podría impresionar en las moléculas de la memoria de manera importante. Y así encender siempre la televisión.

¿Pero que son las moléculas de la memoria?.

Digamos que los responsables de este descubrimiento fueron unos inocuos gusanos.

O más o menos. Vamos al mito.

A través de los experimentos de James McConnell y Robert Thompson se descubrió que aquellos platelmintos o gusanos –que viven en las aguas infectas – poseían memoria. Lo increíble del hallazgo es que aquellos organismos tan elementales se les podían enseñar.

Y lo demostraron cada vez que se los iluminaba y , acto seguido, se les daba una descarga eléctrica. Al cabo de buenas pruebas, los gusanos habían “agendado” la orden de comprimirse cada vez que la luz insidia en ellos, esto es, antes de la “picana”.

Pero eso no era todo.

Al dividirlos a la mitad, y luego de que se regeneraran, comprobaron que ambas partes habían retenido la información. Es decir, ambos gusanos seguían encogiéndose al darles la luz.

Lo curioso, lo llamativo del asunto era que se procedió a cortarlos en pequeñas porciones y, con ellas, alimentaron a otros gusanos que no habían aprendido la lección de la luz. Al cabo, los científicos no podían creerlo. Aquellos gusanos ahora también respondían al mismo comando.

Detengámonos aquí.

Esta historia, completamente absurda, fue desmitificada innumerables veces, pero así y todo sirvió para el alucinado experimento Delpasse.

Y se fue más lejos. Se repitió algo semejante con ratas de laboratorio. Como sabemos, hay un rechazo instintivo en estos animales por la luz, eligiendo siempre vivir en hábitats oscuros. Pues, el profesor Georges Ungar – farmacólogo – decidió acostumbrarlas a plena luz. Luego, las sacrificó. Y extrajo una sustancia química de los cerebros (ARN).

Pero lo más aberrante fue cuando inyectó aquel químico en ratas que no habían sido sometidas a ninguna prueba. Dando como resultado algo increíble: ahora temían a la oscuridad, en lugar de la luz.

Sí, otro mito. O timo.

Esto – a no dudarlo – igualmente generó muchas controversias. ¿Al fin era nuestra memoria parte de la carne y no de nuestro espíritu? De ser así ¿entonces qué ocurriría al morir nuestro cuerpo físico? ¿Perderíamos nuestros recuerdos?

Pero Delpasse tenía otras muchas teorías.

Si aquel descubrimiento con gusanos y ratas era acertado, nuestras experiencias quedan retenidas en la memoria, y esta, a su vez, forma sustancias químicas.

Pero, pensó Delpasse, ¿sería posible que aquella información enseñada a una persona fuera visualizada en una pantalla al momento de morir? ¿Sería capaz el espíritu, al abandonar el cuerpo, de llevar consigo los registros de la memoria en la conciencia?

Y se puso a ensayar. Quería generar unas moléculas de memoria portadoras de un simple mensaje identificatorio: encender el televisor. En efecto, de toda nuestra vasta memoria,

Delpasse se ensañó con unos solos contenidos. Y lo hizo, porque, si todo salía como pensaba, aquellos contenidos podían ser visualizados en alguna máquina.

En sencillas palabras: se propuso construir un “detector de almas”.

Y si era posible tal hazaña, como digo, al salir los contenidos de la memoria retenida, en el momento del óbito, la pantalla conectada debería encenderse justo al pasar la orden de encendido.

Aquel momento llegó con una paciente moribunda con una fatal hemorragia hipertónica. Al caer en estado de coma, incapaz de producir consciente - y voluntariamente - ondas inductoras, ya con todos los síntomas definitivos de la muerte cerebral, encendió la pantalla, tal y como lo dispusieron Walter y Delpasse.

Y es esta señal - arañando el umbral de la muerte definitiva - lo que se denomina Efecto Delpasse.

¿Prueba la supervivencia del alma?

¿Garantiza la inmortalidad del espíritu o, cuando menos, la conciencia?

¿O es posible que aquella información almacenada se pierda tras la disolución final del cuerpo, y aquella señal no sea más que un eco, semejante a cuando desconectamos la corriente eléctrica y la luz, por breves segundos, permanece encendida?

No, mis queridos lectores, no es más que un gran timo, un intento por darnos una explicación sobre la vida después de esta vida con nociones pseudocientificas sin demostrar. Parte desde un supuesto fraude de los gusanos y arrastra la alocada idea hasta convertirlo en todo un experimento. Recomiendo El mundo y sus demonios, del reputado Carl Sagan para zanjar de una vez este asunto.




TESTIMONIO MEDICO SOBRE LAS ECM (Experiencias Cercanas a la Muerte)

Aquí se pone tenso el asunto. Y mis dudas decaen un poco. Sólo un poco.

Las Experiencias Cercanas a la Muerte fueron mundialmente conocidas por los trabajos de del doctor Raymond A. Moody, donde en su best-seller “Vida después de la Vida”, relata un acervo de testimonios reales sobre gente que, luego de ser dada clínicamente como muerta, volvió a la vida.

No sólo eso. Aquellas personas habían visto cosas asombrosas e inquietantes, y ahora tenían algo que muchos de nosotros carecemos: convicción sobre el Otro Lado.

Entonces empezaron los archiconocidos testimonios. El túnel y la luz al final. Los familiares y amigos fallecidos acompañándonos. La hermosura y paz de aquella luz. Los seres angélicos. Etcétera.

¿Pero eran ciertos estos relatos? Indudablemente sí.

Lo que ya se ponía en tela de juicio –al salir más médicos a exponer sus casos – era la naturaleza de aquellas visiones. ¿Podían ser meros estados sugestivos? ¿Algún rescoldo químico del cerebro que, al decretarse la muerte, genera alucinaciones? ¿Un químico singular que no es detectado por los modernos equipos? .

Lo cierto es que volvían a la vida. Y, necesariamente - pienso - ese regreso debía efectuarse porque había quedado tal vez algún remanente energético en algún lugar indefinido del cuerpo.

¿O era milagro divino?

Pero será mejor que un médico hable por mí.

Y, en todo sentido, la Dra. Norma Incataciato tenía mucho para decirme de sus experiencias con ECM aquella tarde de Julio en que la entrevisté.

En pleno centro de Buenos Aires, a metros del obelisco, emblema nacional de la Argentina, tiene su clínica privada una mujer muy especial. Doctora desde hace más de media vida, a sabido conservar una envidiable belleza resistente a los embates del tiempo.

Llegué inquieto y nervioso – como es mi costumbre – y esperé en su sala , mientras su secretaría de ojos celestes me miraba de hito en hito. Al fin oí su voz.

Tras presentarme, aquella dulce mujer me tendió su suave mano que estruje apurado. Nos sentamos en su despacho, y de inmediato, sin mediar palabra, recosté pausadamente la grabadora direccionándola hacia ella.

Y:

- ¿Cómo han sido sus experiencias con personas en estados cercanos a la muerte?

- La primera experiencia que me turbó ocurrió hace alrededor de treinta años, fines del 60 aproximadamente. Ocurrió a una persona que estuvo en coma, que yo tuve cuando estudiaba medicina. Y en aquel momento no tenía ni noticias de nada al respecto, ahora, es cierto, es más vox populi, que la gente pasa por un túnel y ve una luz, pero en aquel tiempo era desconocido. Estaba en una sala de enfermos neurológicos y, como te digo, este paciente estaba en coma, en un coma muy profundo. Los propios médicos, ante el hecho inevitable, solían bromear, para alivianar la tensión, de su inminente final. Y sin embargo, a los pocos días, aquel paciente volvió de aquel coma que era irreversible. Y me dijo a mi, “doctora, yo escuchaba, yo quería decirles lo que oía; los veía desde arriba, y yo escuchaba que decían este no pasa de esta, este no puede sobrevivir, pero yo les quería decir que sí iba a vivir, que estaba acá, que no me iba a morir, que quería seguir viviendo”. Aquel fue un shock muy grande para todos, especialmente para el responsable de aquel paciente. Fue muy duro. Esta fue la primera experiencia que tuve y que me movilizó muchísimo.

- ¿Y qué ocurrió luego?

- Y digamos que sembró la semillita para que luego yo empezará a estudiar e investigar estos importantes temas. Así pasaron los años. Y por los años 80 y pico, un paciente que tenía entonces me comenta algo que nunca le había dicho a nadie. Había tenido una experiencia muy extraña. Tras un accidente que tuvo con otra persona, se vio mientras intentaba reanimar a su compañero. Pero esto, en realidad, no había sucedido. El se veía a si mismo y a la otra persona que quería reanimar, aunque su cuerpo estaba tirado, junto a su compañero. Al fin, su compañero murió. Pero él lo supo todo pese a estar inconsciente y despertar luego en el hospital.
Aquello, una vez más, me puso inquieto. ¿Era posible que un cuerpo desmayado pudiera contemplarse a si mismo?

Pero dejemos que sea la doctora Norma quien continúe.

- Yo trabajé durante muchos años en una sala oncológica, donde había enfermos terminales. Y allí había mucha aceptación del tema de la muerte. En realidad el enfermo oncológico, el enfermo canceroso sabe que se va a ir, aunque no lo quiera admitir. Y aquí hubo otro caso que me llamó muchísimo la atención. Era una chiquita de quince años, que el día mismo que iba a cumplir esos quince años sufre un paro cardiaco. Ella estaba muy, muy mal, tenía una leucemia. Y, tras el paro, la gente del hospital intentamos reanimarla y lo logramos. Días después, ella me cuenta que estaba tan contenta, porque había visto una luz muy poderosa y brillante. Además, se había encontrado con su abuelita. Y aunque ella no la había conocido nunca, su madre le había mostrado fotos en un momento y recordó que era la misma. Y estaba tan feliz en aquel lugar que ella se hubiera querido quedar ahí. Y me dijo, “Yo ya no tengo miedo, y cuando me tenga que ir, mi abuelita me va a estar esperando”.

Lo reconozco sin vergüenza. Aquellas palabras me sacudieron mi apoltronado escepticismo.

Pero continuemos.

- ¿Y qué tipo de explicación científica podría darle a semejantes experiencias?

- Yo creo que al margen de la formación académica que uno tiene, que debe ser pragmático y funcionar por una sola vía, creo que lo más importante que tiene el ser humano es el espíritu. Y entonces creo en la trascendencia del espíritu. No desde el punto de vista religioso. Creo que uno trasciende esta vida, que hay otras vidas. Incluso he hecho terapia a vidas pasadas, llegando a verme en otros momentos. Es difícil, Sebastián, saber si es el deseo de la gente lo que produce las visiones. No tengo pruebas de la luz, y creo, porque creo lo que me dice la gente.

La entrevista, como el lector imaginará, se prolongo más de la cuenta. Y cada nuevo relato testimonial era como un flechazo hacia mi escepticismo. Al fin, me despedí de Norma abrazándola y prometiéndole – siempre lo hago – mantenernos en comunicación vía e-mail.

¿Y qué pienso de estas impresionantes experiencias?. Pues primeramente deberiamos verificar con varios casos esas experiencia donde el paciente tiene un conocimiento superior de lo que está ocurriendo mientras está en coma o muerto.

Es muy posible que mayoría de estas historias, sean experiencia prenatales: es decir, de antes del nacimiento. Cuando uno viene el mundo también pasa por un túnel (cuello uterino), ve una luz al final (que pasa por los párpados cerrados) , y es recibido por un ser cariñoso, (el médico).

Las ECM podrían ser esto: un reseteo del cerebro que induce, como en un ordenador moderno, a volver al principio de la memoria. Y el principio registrado es aquello que más nos ha conmovido al venir al mundo, nuestro nacimiento.

Desde luego, esta explicación - que ha ganando bastantes partidarios - decae cuando se muestran evidencias muy concretas. En el caso de la Dra Norma, aquella niña que vio a su abuelita sin conocerla podría ejemplificar muchisimo.

Hay que analizar más casos basándonos en esto mismo, no descarto que las ECM sean una gran puerta hacía la Verdad. Pero todavía, -quizá porque yo no he entrevistado a los moribundos - no alcanza a satisfacerme por completo. Necesito escuchar yo los testimonios en persona, y no que me los cuenten o simplemente los lea.


REGRESIONES MISTERIOSAS

No puedo evitarlo. Cada vez que se proyecta algún film histórico en el cine – los de Mel Gibson, mis favoritos - , se apodera de mi una congoja, una sensación de desear estar en esa época. Y veo lo injusto que sería que esta y sólo esta fuera la única vida por la que transitamos. Porque, como digo, a mi me hubiera gustado estar en aquellos tiempos. Pero cuando lo pienso bien, me digo: ¿sin vacunas, sin tecnología, en un oscurantismo tan terrible viviendo en continuo miedo? Y me río de mis anhelos caprichosos y melancólicos.

Ahora bien ¿La transmigración de las almas será una realidad? ¿Es posible que el espíritu del ser humano sea eterno? ¿Será que la inmortalidad es cosa de vivir en diferentes cuerpos, envases descartables de lo que veda su interior? ¿Puede que esta vida sea una fracción de segundo en comparación con lo eterno?.

Muchos son los que se han aplicado al estudio sistemático de la reencarnación. Entre ellos, reputados científicos y doctores en medicina. Incluso psiquiatras como Brian Weiss, quien no sólo popularizó las regresiones a vidas pasadas, sino que liberó –si se puede llamarlo así – a cientos de pacientes con traumas incurables que sólo la regresión pudo sanar.

Ya, como digo, han sido sobradamente documentados los casos de personas que desde niño han reconocido un lugar, un nombre, un rostro, y que afirman invariablemente vivieron otras existencias. No obstante, salen los escépticos a decir que no hay evidencias de esto, al menos evidencias como las que pretende el método científico.

¿Será cierta, entonces, la reencarnación?

El propio escritor, Sabato, corona esta creencia tras no pocos años de intensa reflexión. Y cita a varios antiguos hombres de ciencia que no dudaban en adherirse a esta creencia. La doctora Norma no tiene dudas.

Pero yo sí tengo muchisimas. Y ojála despejara algunas.

Definitivamente es un tema para continuar investigando, y aunar esfuezos y documentarlo todo con muchos testimonios, fotografias de testigos, hechos materiales (hablar en otras lengujas, grabaciones de esto, reconocer geograficamente otros sitios) Y quién finalmente presente una información tan acabada como esta, seguramente iluminará a muchos. Yo no lo conozco a Brian Weiss, pero es una persona que me infunde mucho respecto y , pese a lo que las demás personas puedan pensar, está ayudando a vivir mejor a la gente.

Ojála me lo encuentre un día y pueda hacer yo mismo una regresión para saber la verdad del asunto. . .(1)




(1) Actualización: Me encontré con Brian Weiss. Y podrán encontrar mi experiencia
aquí mismo. No modifiqué este informe para que vean que muchas veces soy un completo ingenuo.


Para más información veáse mi informe La Ilusión de Dios. Un tema por el que debería haber comenzado antes que nada.

5 comentarios:

MeDuSa The DollMaker dijo...

Portentoso post.
A mi lo que más me acerca a Pedro es el rigor, el valor para "indagar" y el hecho de que no afirme ninguna hipótesis como bandera. La baraja todas, las estudia, las propone y tras experimentar 26 años se puede permitir el pequeño lujo de dejar algunas en el baul de lo estudiado para seguir con otras más plausibles.

Ni sabemos si es de un otro lado después de la muerte, ni de dónde se comunican.
Solo sabemos lo que nos dicen, que la voz no nos acompañaba físicamente y que aunque parecen haber muchas respuestas inteligentes, otras parecen no saber qué comunican. Y los pocos avances muy trabajados que hacen tecnológicamente los investigadores por su propia cuenta.

S.Jarré dijo...

Si, tienes toda la razón. Y está en nuestras manos seguir investigando para ver a donde se puede llegar. Ojala y este tema algun día se puede demostrar realmente. Gracias por tu comentario.!

Federico M dijo...

jarre

al ver que no tienes ninguna archivo conrespecto a el fenomeno de la Ouija, y supongo que no has vivido por ti mismo esta experiencia... e dicidido hacerlo yo mismo... Solia tener mucho miedo de esto.. pero ahora como ateo y como exeptico a muchos de estos fenomenos, supongo que podre ver esta experiencia desde una perspectiva que no este nublada por la religion.

mas tarde te contare aquello que eh descubierto y los detalles de mi pequeña "investigacion".

oi una historia de unos tios mios y mi padre... a los que supuestamente la tabla ouija les dijo la ubicacion de un carro robado a mi tio unas semanas antes ademas de los responsables del robo.. y esto me impulso a hacer este experimento...

saludos

S.Jarré dijo...

Hola Federico

Pues no llegué a probar el juego de la ouija, pero si algo parecido, el juego de la copa versión en la casa de un difunto reciente, asesinado por disparo...tengo el video, todavía no lo procesé, pero subiré la sesión ni bien pueda.

Utilicé una grabadora y cámara para filmar de noche. Se lo invocó: la madre y hermana del fallecido. Y se registró, aparentemente, algo en el magnetofono. Es el caso que relaté ahi.

Pero es lo mejor ahora probarlo sin ataduras emocionales ni religiosas, tales ataduras son las que predisponen la sugestión y, por ende , a la experiencia supuestamente sobrenatural ;)

Cuando no crees en nada, sencillamente lo que pasé podrás explicartelo sencillamente, pues no estas dentro del contexto psicologico mágico de querer ver algo extraño.

Yo aun queriendo verlo, dentro del contexto, reconocí malas percepciones y autoengaños que más tarde pude explicarme :) Y la respuesta era tan sencilla!!!



Abrazo

SuperBJ dijo...

He estado pensando en la explicación que pudieran tener las cosas que se "ven" en las regresiones y se me ocurrió que tal vez por algún medio que bien podría ser la genética, tengamos archivadas todas las memorias incluso de nuestros antepasados y por medio de las regresiones podamos tener acceso a ellas.

En el caso de las ECM me surge la duda ya que todas esas personas han regresado para contarlo, han muerto unos minutos y luego vuelto, pero ¿qué pasa cuando no hay retorno?, ¿se queda uno en ese lugar lleno de paz independientemente de que el cuerpo físico quede hecho cenizas?, ¿es una "ayuda" que nuestro propio cuerpo nos brinda para morir en paz?

Habría que ver si en realidad las personas que dicen ver desde arriba sus cuerpos y saber lo que dicen las personas que están cerca, pueden describir con lujo de detalle los hechos más allá de las palabras y sería por demás interesante que hubiera una grabación para hacer la comparación, ya que he escuchado que cuando uno muere, el último sentido que se pierde es el oído y siendo así estaría perfectamente justificado el hecho de repetir los dialogos que mantienen las personas que están cerca y entonces sólo imaginar que se les ve desde arriba, pero de ahí a verlo en realidad, hay una gran diferencia.

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