LOS TORMENTOS DE LA SEMANA SANTA



“Siento dolor, pero estoy bien".

La frase podría pertenecer a algún fetichista sexual, algún masoquista con ínfulas de placer desmedido. Sin embargo, y como es natural, pertenece a un penitente que en esta semana santa decide flagelarse el cuerpo como señal de respecto y veneración a su dios.

Y es que hoy arrancaron los rituales en las Filipinas donde es sabido que se suelen agrupar creyentes para flagelarse y agolparse de sangre sus cuerpos.

Esto tiene lugar en la localidad de Mabalacat, en la provincia de Pampanga. Mientras arrastran una pesada cruz de madera, los penitentes son golpeados con fuerza.

Con el torso desnudo, ataviados con una capucha, descalzos, hacen lo que hacen porque están convencidos que lograran el favor divino y se les concederá salud, suerte y bienestar.

Y desde luego, como no podían faltar, en la comitiva hay catolicos fanáticos dispuestos al azote.

Y mientras leen la Biblia, escogen - o se ofrece voluntariamente - un penitente para flagelarlo según las escrituras. Apenas tolera unos 10 segundos hasta que termina desplomándose en el suelo.

“Yo también hago mi propia penitencia golpeando, es mi forma de sacrificio, comenta un joven que no deja de pegarle a un encapuchado sangrante.

Quizá lo peor sea que cada tanto aparece un hombre con un cuchillo para abrir en la carne pequeños cortes de manera que no se coagulen los hematomas. La sangre comienza a retoñar y la pasión de Cristo, como todo buen acto de masoquismo, se evidencia con la sangre desbordando de espaldas heridas.

Es mi forma de hacer penitencia esta Semana Santa. Ayudo a que ellos realicen su sacrificio mientras yo hago el mío, que tampoco es agradable”, explica uno de los "carniceros" encargados de reabrir las heridas con el cuchillo.

Y aunque la Iglesia Católica no recomienda estos tormentos, un 80% de los 94 millones de habitantes en Filipinas es católico.








Crédito fotos: Reuters