LA CORPOLATRIA ENSEÑA EL CAMINO A LA INMORTALIDAD ?



Los seres humanos estamos comenzando a percibirnos más como cuerpos que como conciencias, almas, o yoes. Así al menos – y concuerdo con él – lo afirma el sociólogo británico Nikolas Rose.

Acciones – como conservar las células madres – reflejan esta visión del hombre y su entorno cada vez más tecnológico y alejado de toda concepción de la divinidad.

Pero para la antropóloga argentina Paula Sibilia sucede lo opuesto en realidad: no hay una corpolatría, sino una aversión al cuerpo.

Para ello se lo anestesia (implantes, tatuajes), para que no sufra, no envejezca, no padezca la decrepitud típica de siempre.

Y este camino conduce a la idea que he venido mencionando en diversas oportunidades en este Weblog: la digitalización humana. Concepto que ya había esbozado el matemático Norbert Wiener en 1950:

Divierte e instruye considerar lo que ocurriría si transmitiéramos toda la estructura del cuerpo, del cerebro humano con sus recuerdos y conexiones entrelazadas, de tal modo que un aparato receptor hipotético pudiera reencarnarlo todo en materia apropiada”.

Algunos pueden ver esta corpolatría extrema (o mejor: memolatría) como algo aberrante y que es propio de gente con un arraigado temor a la muerte o la decrepitud.

Pero el filósofo alemán Peter Sloterdijk - en su artículo El hombre operable – mitiga un poco esa aprensión a lo nuevo:

Los seres humanos no se encuentran con nada nuevo cuando se exponen a sí mismos a la subsiguiente creación y manipulación, y no hacen nada perverso si se cambian a sí mismos autotecnológicamente”.

En tanto suceda esa utopía cibernética de clonarnos en un mundo digital, muchas personas seguirán buscando la mejora en sus anatomías.

Y otras, llevándolas a límites insospechados y, para algunos, desagradables.

En el fondo la idea prevalece: la idea de poder convertirnos a voluntad en otra cosa. En algo más de lo que somos.













Fotos: agencias. María José Cristerna, la mujer vampiro.

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