Testimonio médico sobre las ECM



Las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM) fueron mundialmente conocidas por los trabajos de del doctor Raymond A. Moody, donde en su best-seller «Vida después de la Vida», relata un acervo de testimonios reales sobre gente que, luego de ser dada clínicamente como muerta, volvió a la vida.

No sólo eso. Aquellas personas habían visto cosas asombrosas e inquietantes, y ahora tenían algo que muchos de nosotros carecemos: convicción sobre el Otro Lado.

Entonces empezaron los archiconocidos testimonios. El túnel y la luz al final. Los familiares y amigos fallecidos acompañándonos. La hermosura y paz de aquella luz. Los seres angélicos. Etcétera.

¿Pero eran ciertos aquellos relatos? Indudablemente sí.

Lo que ya se ponía en tela de juicio –al salir más médicos a exponer sus casos – era la naturaleza de aquellas visiones. ¿Podían ser meros estados sugestivos? ¿Algún rescoldo químico del cerebro que, al decretarse la muerte, genera alucinaciones? ¿Un químico singular que no es detectado por los modernos equipos? .

Lo cierto es que volvían a la vida. Y, necesariamente - pienso - ese regreso debía efectuarse porque había quedado tal vez algún remanente energético en algún lugar indefinido del cuerpo.

¿O era milagro divino?

Pero será mejor que un médico hable por mí.

Y, en todo sentido, la Dra. Norma Incataciato tenía mucho para decirme de sus experiencias en ECM aquella tarde de Julio de hace quince años atrás en que la entrevisté.

En pleno centro de Buenos Aires, a metros del obelisco, emblema nacional de la Argentina, tiene su clínica privada una mujer muy especial. Doctora desde hace más de media vida, a sabido conservar una envidiable belleza resistente a los embates del tiempo.

Llegué inquieto y nervioso – como es mi costumbre – y esperé en su sala , mientras su secretaría de ojos celestes me miraba de hito en hito. Al fin oí su voz.

Tras presentarme, aquella dulce mujer me tendió su suave mano que estrujé apurado. Nos sentamos en su despacho, y de inmediato, sin mediar palabra, recosté pausadamente la grabadora direccionándola hacia ella.

Y:

- ¿Cómo han sido sus experiencias con personas en estados cercanos a la muerte?

- La primera experiencia que me turbó ocurrió hace alrededor de treinta años, fines del 60 aproximadamente. Ocurrió a una persona que estuvo en coma, que yo tuve cuando estudiaba medicina. Y en aquel momento no tenía ni noticias de nada al respecto, ahora, es cierto, es más vox populi, que la gente pasa por un túnel y ve una luz, pero en aquel tiempo era desconocido. Estaba en una sala de enfermos neurológicos y, como te digo, este paciente estaba en coma, en un coma muy profundo. Los propios médicos, ante el hecho inevitable, solían bromear, para alivianar la tensión, de su inminente final. Y sin embargo, a los pocos días, aquel paciente volvió de aquel coma que era irreversible. Y me dijo a mi, “doctora, yo escuchaba, yo quería decirles lo que oía; los veía desde arriba, y yo escuchaba que decían este no pasa de esta, este no puede sobrevivir, pero yo les quería decir que sí iba a vivir, que estaba acá, que no me iba a morir, que quería seguir viviendo”. Aquel fue un shock muy grande para todos, especialmente para el responsable de aquel paciente. Fue muy duro. Esta fue la primera experiencia que tuve y que me movilizó muchísimo.

- ¿Y qué ocurrió luego?

- Y digamos que sembró la semillita para que luego yo empezará a estudiar e investigar estos importantes temas. Así pasaron los años. Y por los años 80 y pico, un paciente que tenía entonces me comenta algo que nunca le había dicho a nadie. Había tenido una experiencia muy extraña. Tras un accidente que tuvo con otra persona, se vio mientras intentaba reanimar a su compañero. Pero esto, en realidad, no había sucedido. El se veía a si mismo y a la otra persona que quería reanimar, aunque su cuerpo estaba tirado, junto a su compañero. Al fin, su compañero murió. Pero él lo supo todo pese a estar inconsciente y despertar luego en el hospital.
Aquello, una vez más, me puso inquieto. ¿Era posible que un cuerpo desmayado pudiera contemplarse a si mismo?

Pero dejemos que sea la doctora Norma quien continúe.

- Yo trabajé durante muchos años en una sala oncológica, donde había enfermos terminales. Y allí había mucha aceptación del tema de la muerte. En realidad el enfermo oncológico, el enfermo canceroso sabe que se va a ir, aunque no lo quiera admitir. Y aquí hubo otro caso que me llamó muchísimo la atención. Era una chiquita de quince años, que el día mismo que iba a cumplir esos quince años sufre un paro cardiaco. Ella estaba muy, muy mal, tenía una leucemia. Y, tras el paro, la gente del hospital intentamos reanimarla y lo logramos. Días después, ella me cuenta que estaba tan contenta, porque había visto una luz muy poderosa y brillante. Además, se había encontrado con su abuelita. Y aunque ella no la había conocido nunca, su madre le había mostrado fotos en un momento y recordó que era la misma. Y estaba tan feliz en aquel lugar que ella se hubiera querido quedar ahí. Y me dijo, “Yo ya no tengo miedo, y cuando me tenga que ir, mi abuelita me va a estar esperando”.

Lo reconozco sin vergüenza. Aquellas palabras me sacudieron mi apoltronado escepticismo.

- ¿Y qué tipo de explicación científica podría darle a semejantes experiencias?

- Yo creo que al margen de la formación académica que uno tiene, que debe ser pragmático y funcionar por una sola vía, creo que lo más importante que tiene el ser humano es el espíritu. Y entonces creo en la trascendencia del espíritu. No desde el punto de vista religioso. Creo que uno trasciende esta vida, que hay otras vidas. Incluso he hecho terapia a vidas pasadas, llegando a verme en otros momentos. Es difícil, Sebastián, saber si es el deseo de la gente lo que produce las visiones. No tengo pruebas de la luz, y creo, porque creo lo que me dice la gente.

La entrevista, como el lector imaginará, se prolongo más de la cuenta. Y cada nuevo relato testimonial era como un flechazo hacia mi escepticismo. Al fin, me despedí de Norma abrazándola y prometiéndole – siempre lo hago – mantenernos en comunicación vía e-mail.

¿Y qué pienso de estas impresionantes experiencias?.

Pues primeramente deberiamos verificar con varios casos aquellas experiencia donde el paciente tiene un conocimiento superior de lo que está ocurriendo mientras está en coma o muerto.

Es muy posible que mayoría de estas historias, sean experiencia prenatales: es decir, de antes del nacimiento. Cuando uno viene el mundo también pasa por un túnel (cuello uterino), ve una luz al final (que pasa por los párpados cerrados) , y es recibido por un ser cariñoso, (el médico).

Las ECM podrían ser esto: un reseteo del cerebro que induce, como en un ordenador moderno, a volver al principio de la memoria. Y el principio registrado es aquello que más nos ha conmovido al venir al mundo: nuestro nacimiento.

Desde luego, esta explicación - que ha ganando bastantes partidarios - decae cuando se muestran evidencias muy concretas. En el caso de la Dra Norma, aquella niña que vio a su abuelita sin conocerla podría ejemplificar muchisimo.

Hay que analizar más casos basándonos en esto mismo, no descarto que las ECM sean una gran puerta hacía algun tipo de realidad desconocida.
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